¿Por qué el Gobierno necesita hacer malabares con sus cuentas? 🤔
Los primeros tres meses de 2026 revelan que, si el Gobierno quiere mantener el superávit fiscal —ese saldo positivo que indica que ingresa más de lo que gasta—, tendrá que apelar a una gestión mucho más cuidadosa y precisa. La clave está en que, a diferencia de años anteriores, las cosas se ponen más difíciles: la recaudación de impuestos se redujo, y la inflación, que antes ayudaba a aliviar las cuentas, ahora está en baja.
El superávit en jaque y las pequeñas presiones que lo amenazan ⚠️
Según explica Isidro Guardarucci, un economista de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), aunque todavía no hay un riesgo de que el superávit se pierda de forma inmediata, sí está en peligro por varias pequeñas presiones acumuladas en diferentes áreas. Entre ellas, la caída en los ingresos tributarios, la reducción de subsidios, el ajuste en universidades, las provincias con menos margen de maniobra y el aumento en algunas prestaciones sociales.
Todo esto hace que mantener los números en verde en 2026 sea mucho más complicado y requiera de una gestión fiscal más fina y estratégica, en lugar de simplemente recortar gastos por la fuerza.
La inflación ya no ayuda como antes 🧊
En 2024, el Gobierno logró mantener el superávit gracias a un efecto llamado «licuación» de partidas del gasto. Esto significa que, en medio de una inflación elevada, algunas partidas de gastos se redujeron en términos reales, ayudando a equilibrar las cuentas. Pero en 2025, el panorama cambió. Aunque todavía se lograron recortes importantes —sobre todo en subsidios y en inversión pública—, la situación ya no era tan fácil.
Para 2026, si la recaudación de impuestos sigue bajando, sostener ese superávit será mucho más difícil. Guardarucci advierte que será necesario administrar cada peso con más precisión y no dejarse llevar por tendencias fáciles. La clave será una gestión más sofisticada y menos dependiente de recortes masivos.
¿Cómo están las cifras de recaudación en 2026? 💰
Los datos del primer trimestre muestran una caída significativa en la recaudación tributaria. En realidad, la recaudación cayó un 8% en términos reales respecto del mismo período en 2025. Esto representa unos 3 billones de pesos menos si se compara con el año pasado, ajustado por inflación.
¿El responsable? La baja en la recaudación del IVA, que es uno de los principales impuestos del país. Solo esta caída explica casi un billón de pesos menos en ingresos fiscales en estos primeros meses. La reducción en ingresos no solo afecta a un impuesto, sino que está repartida en toda la estructura tributaria.
El gasto público también se ajusta 🏛️
Por otro lado, el gasto del Estado en este período también bajó. En total, un 5,1% en términos reales respecto a 2025. Pero no todas las áreas redujeron sus gastos por igual. Las partidas que más bajaron fueron los gastos de funcionamiento no salarial, con una caída de casi 30%, y la inversión en capital nacional, que retrocedió en similar proporción.
Las transferencias a provincias —que representan fondos que el Estado envía a las regiones— también cayeron un 27%. Otros gastos sociales, como prestaciones y programas de asistencia, bajaron un 17,2%. Sin embargo, las universidades mostraron una recuperación importante, con un aumento de más del 30% en sus gastos en comparación con el año pasado.
Finalmente, los subsidios económicos subieron un 15% en estos primeros meses, lo que puede ser una señal de que el Estado busca mantener ciertos apoyos en un contexto complicado.
Lo que viene: más desafíos para las finanzas públicas 🚧
La situación de las finanzas del país en 2026 requiere de una gestión muy cuidadosa. La caída en la recaudación y la disminución del gasto en algunos rubros ayudan, pero también complican la tarea de mantener un equilibrio. La clave será administrar cada partida con precisión, sin depender solo de recortes fáciles o de una inflación que ya no ayuda a aliviar las cuentas como antes.
Es un desafío para los responsables políticos, que deberán demostrar habilidad para gestionar una economía que cada vez presenta menos margen de maniobra. Solo así podrán evitar que las finanzas públicas vuelvan a complicarse y poner en riesgo el equilibrio fiscal que tanto costó mantener en años anteriores.




