Un concierto que revive la historia musical argentina

El pasado 25 de febrero, el Palacio Libertad se convirtió en el escenario de una noche especial que celebró la riqueza del folclore y el tango, con dos figuras que marcaron un antes y un después en la música argentina: Hilda Herrera y Saúl Cosentino. La Orquesta Nacional de Música Argentina Juan de Dios Filiberto, dirigida por Lucía Zicos, fue la encargada de dar vida a un homenaje que combinó tradición y creatividad en un solo lugar.

Hilda Herrera: una pasión por el folclore y el piano 🎶

Con 93 años, la pianista Hilda Herrera demostró que la edad no es un obstáculo para seguir inspirando. En su presentación, explicó que su preferencia por interpretar músicas de otros compositores no es una falta de originalidad, sino una muestra de su profunda admiración por quienes le enseñaron y marcaron su camino. En su repertorio, eligió obras de Eduardo Falú, el Polo Giménez, José Dames y Atahualpa Yupanqui, en un acto lleno de humildad y respeto por la tradición.

Sus interpretaciones no solo fueron notas, sino una especie de memoria activa que reactivaba historias, emociones y raíces. La forma en que tocaba el piano era intensa y rítmica, cargada de pulso y sencillez, que remite a los maestros de la historia del folclore argentino. Herrera piensa en el piano como si fuera una orquesta comprimida: con bajos pesados, un registro grave lleno de sentido y una mano izquierda que dialoga con la melodía como si fuera otro personaje. Cada versión abierta y respirada, dejando espacio para la improvisación, hacía que el público sintiera que la música estaba viva, en movimiento.

La tradición como motor de creación 🔥

Antes de tocar, Herrera presentó sus propias composiciones: «Al calor de la Tierra», «Amanece despacito» y «La huesuda». En ellas, el folclore se expandió sin perder la intimidad, demostrando que la escala sinfónica no se trata solo de volumen, sino de profundidad. Sus arreglos, realizados por discípulos suyos como Andrés Pilar y Sebastián Gangi, fueron interpretados por ellos mismos, acompañados por la orquesta. La voz de Manuela Argüello en «La huesuda» aportó todavía más hondura poética a la noche.

Saúl Cosentino y el tango en tensión 🎼

En la segunda parte, la escena cambió de paisaje, pero la idea de seguir conectando pasado y presente permaneció. Saúl Cosentino llevó el tango a otro nivel, mezclando lo popular con lo académico. Su relación con Piazzolla quedó claramente reflejada en «Tango barroco», que abrió su parte del homenaje. La propuesta fue pensar el tango desde el piano, sin perder calle, con un estilo que cruza fronteras y estilos, como lo indica la historia de su composición.

El trabajo del violín de Rafael Gíntoli en «La depre» fue clave para destacar la fuerza y expresividad de la obra. También se interpretaron piezas a cuatro manos, como «El nuevo tango» y «Tango barroco», con la participación de Diana Lopszyc y Daniel Goldstein, que lograron transmitir esa mezcla de rigor y swing que caracteriza el estilo de Cosentino. La noche cerró con «Zamba de chaguanco», que unió diferentes territorios culturales con charango, percusión, guitarra y bandoneón, demostrando que la tradición sigue vigente y en constante movimiento.

Un homenaje que demuestra que el pasado impulsa hacia adelante 🚀

Lo que quedó claro en esa noche es que la historia musical argentina no pesa, sino que empuja y sigue vivo. Herrera y Cosentino, aunque con estéticas distintas, mostraron que la tradición no es solo memoria, sino una fuente de inspiración que sigue alimentando nuevas creaciones. La noche en el Palacio Libertad fue un recordatorio de que la música, cuando se la respeta y se la interpreta con pasión, nunca deja de ser actual.

Una jornada para disfrutar, aprender y sentir en cada nota. Porque, al final, la música argentina sigue latiendo en cada rincón, en cada interpretación y en cada corazón que la escucha.