De niño en el cine y detective de la vida real

Alejandro Hartmann descubrió desde muy chico que quería contar historias. Con solo 13 años, ya tenía una cámara Súper 8 en mano, soñando con filmar, aunque todavía no tuviera rollo. Inspirado por clásicos como El Ciudadano Kane y películas de Werner Herzog, su pasión por el cine fue creciendo. Lo que empezó como un hobby, lo llevó a estudiar en el Centro de Experimentación y Realización Cinematográfica (actual ENERC) y a dirigir videoclips para bandas como Los Piojos e Illya Kuryaki & The Valderramas, incluso ganadores del MTV Latino.

De la ficción a los crímenes reales: su especialidad

Con una carrera que combina ficción y documentales, Hartmann se convirtió en un especialista en el género True Crime, que combina investigación policial con narrativas cinematográficas. Entre sus trabajos más destacados están documentales sobre casos como Nahir Galarza, María Marta García Belsunce y el crimen de Cabezas. Para él, estos temas tienen un fuerte componente social y político, y exige rigurosidad en la investigación.

¿Qué tiene que ver Lady Gaga con Yiya Murano? 🎤💀

Hartmann explica que, aunque parezca raro, la influencia del cine y los videoclips en su trabajo es clave. De Herzog, aprendió que el cine puede ser muy documental, y de los videoclips, que la libertad estética puede potenciar la creatividad. En su nuevo documental, Yiya Murano: Muerte a la hora del té, que está en Netflix, hay un guiño a esos videoclips. Por ejemplo, en una escena, la propia Murano prepara un sándwich envenenado, inspirado en el videoclip de Lady Gaga, Telephone, donde la artista aparece en una especie de fuga tipo Kill Bill.

¿Quién fue Yiya Murano? La envenenadora que conquistó a la Argentina

Yiya Murano, conocida como la «asesina pop» por su fama mediática, fue una mujer que, más allá de los crímenes, se convirtió en un ícono cultural. En los años 70, su historia tomó un giro que la hizo famosa en todo el país. La película de Hartmann se enfoca en la historia de Yiya no solo como criminal, sino también en su periplo por programas de televisión en los 90, tras salir en libertad. La diva Mirtha Legrand, por ejemplo, bromeó en vivo sobre ella y hasta probó masas que Murano le llevó como obsequio, en un acto que terminó siendo parte del espectáculo.

La fascinación con personajes complejos y contradictorios

Hartmann señala que personajes como Yiya Murano generan una especie de atracción por su dualidad. La idea de que alguien pueda ser un criminal y, al mismo tiempo, una figura mediática y hasta divertida, despierta interés y cierta fascinación. La historia de Murano refleja cómo en Argentina nos gustan los personajes con múltiples caras, como Maradona, que tenían aspectos oscuros y luminosos a la vez.

Más que un caso policial: un reflejo social y político

Para Hartmann, el enfoque del documental no solo está en los crímenes, sino en entender el contexto social y político en el que ocurrió todo. La historia de Yiya Murano se desarrolla en un país atravesado por la dictadura y sus secuelas, y su regreso a la televisión en los años 90 refleja un país que todavía busca entenderse a sí mismo. La película invita a reflexionar sobre cómo ciertos personajes y fenómenos culturales revelan aspectos profundos de la sociedad argentina.

¿Por qué ver este documental? 🤔

Porque más allá de la historia de un crimen, el documental ofrece una mirada sobre cómo los personajes complejos, incluso los criminales, terminan siendo ídolos o figuras públicas en nuestro país. Además, revela detalles sorprendentes y dudas que quedarán en el aire, dejando al espectador con ganas de profundizar en una historia que, en realidad, refleja mucho de lo que somos.

En definitiva, Yiya Murano: Muerte a la hora del té no es solo sobre una envenenadora, sino sobre la cultura, los medios y la historia argentina, que a veces parecen tener una relación más cercana de lo que pensamos. Y, claro, una buena excusa para disfrutar de un excelente documental en Netflix y reflexionar sobre los lados oscuros y luminosos de nuestra historia.