Un clásico con sorpresas y polémicas
El Superclásico de este domingo en el Monumental estuvo lejos de ser predecible. River y Boca, dos gigantes del fútbol argentino, se enfrentaron en un partido cargado de intensidad, errores y decisiones polémicas. La diferencia clave estuvo en el mediocampo, donde Leandro Paredes, con su talento y visión, marcó la cancha y terminó siendo la figura del encuentro.
El mediocampo y la libertad para Paredes 🎯
Desde el inicio, quedó claro que la estrategia de River para frenar a Paredes sería clave. Sin embargo, la realidad fue otra: el mediocampista de Boca tuvo todo el espacio para desplegarse. En la primera parte, le regalaron muchas libertades —una defensa desordenada y un medio campo sin control— y Paredes no dejó pasar la oportunidad. Con solo unos pases precisos, asistió a sus compañeros y metió el gol del triunfo desde el penal, tras una mano de Lautaro Rivero en el área.
Para Paredes, esa libertad fue como un regalo del rival. En la cancha, parecía que River le entregaba cada espacio, permitiéndole hacer lo que mejor sabe: distribuir y crear juego. Y así lo hizo, con un par de asistencias a Miguel Merentiel y pases que rompieron líneas. La jugada que quedó en la memoria fue un hermoso toque con tres dedos, que puso a todos a aplaudir.
La fragilidad en River y las lesiones 💔
El equipo de Eduardo Coudet mostró algunas fallas claras. Su mediocampo, con Tomás Galván, Kendry Páez y Juan Cruz Meza, no pudo controlar a Paredes ni generar juego. Además, la lesión de Driussi a los 15 minutos complicó aún más las cosas para River, que lució sin ideas y con un ataque que no logró sostenerse.
Por su parte, Boca supo mantener la calma y confiar en sus armas. La estrategia fue simple: dejar que el tiempo pasara, jugar con paciencia y aprovechar los espacios que River dejaba. La figura de Paredes fue fundamental en ese plan. Con solo unos toques, controló los ritmos y manejó el partido desde el medio, sin necesidad de excesiva participación física.
Un River sin respuestas y la defensa en crisis ⚠️
El rendimiento de River fue débil. La defensa y los volantes no lograron presionar ni bloquear a Paredes, cuya libertad terminó siendo un problema para el local. La última línea se asemejaba a una escalera: muy fácil de desarmar con solo algunos movimientos. La ausencia de control en el mediocampo dejó a los defensores en una posición comprometida, y la defensa quedó expuesta.
En el segundo tiempo, Boca decidió retroceder aún más, confiando en su ventaja y en su orden defensivo. Aunque River intentó reaccionar, no encontró soluciones claras. La mejor oportunidad quedó en las manos de Zeballos, que tuvo algunas contras peligrosas, pero no pudo concretar.
La polémica y el final incierto 🔍
Como en todo clásico, la polémica no estuvo ausente. En la última jugada del partido, Lautaro Blanco empujó a Lucas Martínez Quarta en el área. La jugada fue revisada por el VAR, pero el árbitro Darío Herrera decidió seguir, pese a las protestas. La jugada, discutible, pudo haber sido penal, pero la decisión quedó en manos del juez.
Al final, la victoria fue para Boca, que lleva diez partidos sin perder en el torneo local. La estrategia paciente y el manejo inteligente de Paredes fueron decisivos. River, por su parte, sufrió su primera derrota desde que Coudet asumió como entrenador y ahora deberá replantearse varias cosas para los próximos encuentros.
Lo que dejó el clásico
Un Superclásico con pocas sorpresas en cuanto a resultados, pero con muchas enseñanzas. La figura de Paredes quedó en evidencia, mostrando cómo un jugador de clase puede marcar diferencias en los momentos clave. River, en cambio, debe mejorar su mediocampo y su defensa si quiere competir de verdad. Y Boca, con paciencia y estrategia, se sigue consolidando como uno de los equipos más sólidos del torneo.
¿Qué sigue? Ambos equipos tendrán que analizar qué les dejó este partido y cómo ajustar sus planteles. Lo que quedó claro es que en el fútbol argentino, nada está escrito y cada clásico trae su propia historia.




