El corazón del plan: un presupuesto que busca estabilidad y reformas

El Presupuesto 2026 se presenta como la pieza clave en la estrategia del gobierno de Javier Milei. No solo es un documento con números y proyecciones económicas, sino que también marca el camino para reformas estructurales que intentan estabilizar la economía y potenciar el crecimiento. La meta oficial es un crecimiento del PBI del 5%, inflación del 10,1% y un superávit primario del 1,5% del PBI. Pero, ¿es todo tan simple como suena?

¿De qué depende que funcione?

El ministro de Economía, Luis Caputo, ha tenido un papel importante en las negociaciones con gobernadores provinciales. Él busca que todos respalden el objetivo de mantener un «déficit cero» en las cuentas públicas. Sin embargo, el verdadero desafío para alcanzar esas metas está en depender mucho de lo que pase afuera, especialmente en EE.UU. y con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

El respaldo de Estados Unidos, en particular, es clave. En septiembre, el Tesoro estadounidense anunció un swap de u$s20.000 millones para ayudar a Argentina a afrontar vencimientos de intereses en 2026. Este dinero es como un salvavidas que llega en momentos críticos, pero su ayuda vino con condiciones: Trump, presidente de EE.UU. en ese momento, advirtió que si Milei no ganaba las elecciones legislativas de octubre, esa generosidad podría terminar.

¿Qué pasa con el acuerdo con el FMI?

El acuerdo firmado en abril de 2025 obliga a Argentina a mantener un superávit primario del 2,2% en 2026, un poco más alto que el 1,5% que proyecta el presupuesto. Además, exige que el país acumule reservas y cierre fondos fiduciarios. De no cumplir con estas metas, el país podría tener que pedir waivers (exenciones) que, si no se logran, complicarían aún más la situación.

Los vencimientos de deuda también son un problema. En 2026, Argentina debe pagar u$s4.700 millones y, en los años siguientes, la cifra se dispara hasta u$s15.200 millones en 2029. Sin un acuerdo sólido con el FMI, estos pagos y las metas fiscales pueden complicarse, afectando la estabilidad macroeconómica.

El impacto en la economía real: ¿qué está pasando en las calles?

El plan también tiene efectos directos en la economía del día a día. La industria manufacturera, por ejemplo, sufrió una caída del 9,3% en Buenos Aires, con sectores como textiles, calzado y metalmecánica en picada por el aumento de importaciones y la falta de apoyo del Estado. Desde diciembre de 2023, más de 15.000 empresas cerraron, y unos 225.000 empleos formales se perdieron hasta agosto de 2025, la mayoría en pequeñas y medianas empresas.

Por otro lado, la construcción también sufrió un golpe fuerte, con una caída del 16%, y en algunas provincias como Formosa, San Juan y La Rioja, los despidos y suspensiones se volvieron comunes, afectando a las comunidades y al comercio local. Mientras tanto, sectores como el agro y la energía siguen creciendo, pero no alcanzan a compensar la pérdida en otros ámbitos.

¿Y qué puede pasar en el futuro?

El presupuesto 2026 no es una garantía de éxito. La relación con los gobernadores, que reclaman más recursos, y las negociaciones en el Congreso serán clave. Si el gobierno logra esos acuerdos, podría aprobar el presupuesto antes de febrero, en medio de sesiones extraordinarias que comenzarían en diciembre. Pero si no, la aprobación será difícil y el gasto real podría terminar siendo menor al proyectado, dificultando la reactivación económica.

Por ahora, todo depende de que EE.UU. y el FMI sigan apoyando a Argentina. Sin ese respaldo, las metas fiscales y las reformas prometidas podrían quedar en el camino, y la economía podría enfrentarse a un escenario más complicado, con recesión y pérdida de empleo en múltiples sectores.

¿Qué esperar?

El gobierno confía en que las reformas laborales y tributarias, que prometen para fines de 2026, puedan ayudar a mitigar la recesión y estimular la inversión privada. Pero hay escepticismo. Sin un blindaje real para los sectores productivos y con una economía tan dependiente de ayuda externa, el camino se presenta lleno de incertidumbre. La historia reciente muestra que confiar solo en números y acuerdos internacionales puede ser un riesgo si no hay un respaldo fuerte en la economía real.