La confianza en el gobierno bajó en julio y genera preocupación

¿Alguna vez te preguntaste qué tan confiable ves a quienes manejan el país? Bueno, la respuesta tiene que ver con un índice llamado Índice de Confianza en el Gobierno (ICG), que mide cómo la gente percibe la gestión del poder en Argentina. Y la noticia para este mes es que ese índice bajó un 6,5% respecto a junio, situándose en 1,94 puntos en una escala de 0 a 5.

Este dato, que encuestó a diversos grupos de la sociedad, tiene implicaciones importantes. La caída refleja que menos personas confían en la gestión actual, y eso puede influir en las próximas elecciones y en cómo se percibe la política en general.

¿Por qué importa este número?

Desde que comenzó a medirse en 2001, el ICG ha sido un termómetro de la confianza ciudadana. En noviembre pasado, por ejemplo, el nivel de confianza era diferente, y en los últimos años se ha visto una tendencia a la baja, con algunas subas temporales, pero sin poder revertir la tendencia. En este julio, por ejemplo, cuatro de los cinco aspectos que evalúa el índice mostraron una disminución respecto al mes anterior.

Estos aspectos son la capacidad del gobierno, su eficiencia, la evaluación general y la preocupación por el interés general. Solo la percepción de honestidad se mantuvo casi igual. La caída más fuerte fue en la percepción de eficiencia, que bajó un 15,4%. La confianza en la capacidad del gobierno cayó un 7,3%, y la evaluación general y la preocupación por el interés general también mostraron números negativos.

¿Qué significa esto para los políticos?

El dato más preocupante es que el nivel de confianza actual se ubica igual que en septiembre del año pasado, justo después de una derrota electoral importante para el oficialismo. Además, el promedio de confianza en la gestión del actual presidente, Javier Milei, bajó a 2,37 puntos, el más bajo desde que asumió.

¿Y qué pasa con los otros gobiernos? Aunque el índice actual no es el mejor, se mantiene en niveles similares a los de la gestión de Mauricio Macri y por debajo de lo que había conseguido Néstor Kirchner en sus primeros años de mandato. Esto muestra que, aunque la situación no es óptima, tampoco es un escenario completamente nuevo en la historia política reciente del país.

¿Qué puede influir en estos números?

Una de las cosas que llamó la atención del estudio fue que la brecha de confianza entre hombres y mujeres se achicó en julio. La confianza en los hombres bajó notablemente, mientras que en las mujeres subió un poquito. Además, la caída fue más fuerte en los jóvenes de 18 a 29 años, con una disminución del 23%, y también en las personas mayores de 50 años.

Por zonas, la caída fue más pronunciada en el Gran Buenos Aires, seguido por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el interior del país. En todas partes, el nivel de confianza se redujo, pero en el Gran Buenos Aires fue donde más se sintió esa pérdida.

¿Qué sigue? 🗳️

El gobierno sabe que estos datos no son para tomar a la ligera. La caída en la confianza llega en un momento clave, cuando se lanzan planes para la reelección de Milei. El oficialismo tiene en mente que, si logra aprovechar las internas y fragmentación en la oposición, podría aspirar a ganar en primera vuelta, con más del 45% de los votos, o al menos vencer por una diferencia de más de 10 puntos en un eventual balotaje.

Pero si la confianza sigue bajando, esa estrategia podría complicarse. La percepción de que el gobierno no logra convencer a la mayoría puede influir en las decisiones de los votantes y en cómo se desarrollan las próximas elecciones.

¿Qué opinan los números?

En definitiva, la caída en el índice no solo refleja un bajón en la percepción pública sobre la gestión, sino que también puede ser una señal de alerta para quienes están en el poder. La confianza es clave para que los gobiernos puedan seguir adelante y para que la ciudadanía sienta que sus líderes están haciendo lo necesario.

Por ahora, los números marcan que hay un desafío grande por delante. La confianza en el gobierno puede recuperarse, pero para eso, los responsables deben escuchar y responder a las inquietudes de la gente. La pregunta es si podrán revertir esta tendencia antes de que afecte aún más su futuro político.