Un rescate que parecía imposible
Después de más de un año en manos de un régimen que lo mantuvo secuestrado en Venezuela, Nahuel Gallo, un gendarme argentino, finalmente recuperó su libertad. La historia de su cautiverio, sus dudas y el momento en que pudo volver a casa es un relato de resistencia y esperanza que hoy moviliza a muchos.
El día de su liberación: una mezcla de incertidumbre y esperanza 🤔🎉
Era un sábado, 28 de febrero, cuando Nahuel supo que algo estaba por cambiar. Desde hacía días, había estado en huelga de hambre, una forma de resistencia que comenzó para exigir información sobre su situación. Antes, incluso, había hecho otra huelga, pero sin noticias concretas. La tensión era tanta que no se permitía ilusionarse, especialmente tras experiencias previas donde las negociaciones fallaron o se cayeron en el camino.
El día en que fue llamado por el director, Nahuel pensó que sería otra charla más, sin muchas expectativas. Pero esa tarde, le dijeron que debía prepararse, que lo iban a alistar. La duda era constante: ¿sería un traslado, una nueva amenaza o por fin, la salida definitiva?
Señales y dudas antes de la libertad 🔍🚐
Un día antes, ya había recibido algunas pistas. Le dijeron que debía cortarse el pelo, algo que en su situación generó dudas y resistencia. La noche anterior, fue llevado en una camioneta con capuchas y esposas, hacia un destino desconocido. En el camino, le informaron que su embajada posiblemente lo iría a buscar, pero los detalles eran escasos y confusos.
Al llegar al lugar, le pidieron que firmara unos papeles, aunque él mismo señala que muchos de lo que firmó no reflejaban su realidad. Le aseguraron que había tenido un trato digno, que estuvo en un hotel cinco estrellas y que recibió medicación y comida en buenas condiciones, pero él no creyó esas historias. La verdad era muy distinta.
El regreso a casa y los primeros días en Argentina 🇦🇷
Finalmente, Nahuel dejó Venezuela y fue recibido en la Casa Rosada por el presidente Javier Milei. La alegría de volver a Argentina, tras 448 días de incertidumbre y angustia, es enorme. Pero también habla de un proceso de adaptación, de cómo es su día a día ahora que está en libertad y rodeado de apoyo.
Desde su regreso, trabaja en la parte judicial del Centinela, en horarios de 8 a 16, y comparte momentos con su familia. Es papá de Víctor, un niño que cumplió tres años en enero. Mientras tanto, aún recuerda con tristeza las condiciones en las que estuvo detenido y las torturas que vio a sus compañeros.
El cautiverio: condiciones deplorables y una espera interminable 😓
Gallo fue detenido en diciembre de 2024 en San Antonio del Táchira, cuando intentaba cruzar desde Colombia a Venezuela para reunirse con su pareja y su hijo. En ese momento, no tenía idea de que su viaje terminaría en un calabozo, en condiciones terribles.
Las celdas en las que estuvo eran insalubres, llenas de cucarachas y hormigas, con agua que contenía óxido y minerales. Dormían en el piso, sin ningún tipo de comodidad, y la vigilancia era constante, con los custodios tapados y sin mostrar sus rostros. La incertidumbre fue la peor parte: no saber cuánto tiempo duraría el cautiverio, si alguna vez saldría, y la angustia de ver a otros compañeros sufrir en esas condiciones.
¿Qué le pasó? Acusaciones y amenazas
Durante su secuestro, Gallo fue tomado como espía y acusado de conspiración y financiamiento de terrorismo por las autoridades venezolanas. Tiene varias causas abiertas en ese país y asegura que fue víctima de una acusación injusta, sin pruebas concretas.
Todo esto, sumado a la soledad y al aislamiento, hizo que cada día fuera un reto. La esperanza de volver a su país y estar con su familia fue lo que le dio fuerzas para resistir y seguir luchando por su libertad.



