¿Quién fue Xul Solar? Un artista que desafía las etiquetas
El nuevo documental Xul, que se estrena este viernes 17 de abril en el BAFICI, nos invita a adentrarnos en la vida y obra de un artista único. Pero ojo: Xul Solar no es solo un pintor o escultor, sino un sistema completo. Es un creador que mezcló pintura, escritura, música, astrología y hasta inventó nuevas lenguas, todo en busca de un universo propio y sin límites.
Un retrato que no quiere serlo
El director Cristián Costantini decidió no reducir a Xul a una sola dimensión. En lugar de hacer un retrato convencional, optó por una especie de constelación de voces y fragmentos que muestran la complejidad del artista. La película funciona como una especie de mapa que rodea lo inabarcable, sin intentar atraparlo del todo.
Las voces que iluminan el universo de Xul
El documental se construye con la participación de críticos, artistas e investigadores como Patricia Artundo, Yuyo Noé, Cintia Cristiá, Rafael Cippolini, Jorge Schwartz y Daniel Nelson. Todos ellos aportan diferentes miradas, pero ninguna impone su versión. La película no busca ser un relato lineal, sino una obra coral que expone las tensiones y contradicciones del artista: entre lo místico y lo racional, lo sistemático y lo improvisado.
Archivos y objetos: una historia que vive en los signos
Uno de los puntos fuertes del film es su cuidado en el uso de archivos históricos. Fotografías, manuscritos, cartas dibujadas a mano y escenas familiares aparecen con un ritmo poético que evita la mera ilustración. La cámara no solo registra, sino que interpreta, transformando cada espacio en un texto que habla por sí mismo.
El universo musical de Xul en la pantalla 🎹
En un momento clave, la película muestra un piano intervenido por Xul Solar, restaurado y afinado por Marco Naya. Este piano, con sus teclas de colores y texturas, simboliza la idea de traducir el universo en un sistema de correspondencias. La música no es solo un acompañamiento, sino un principio que organiza toda su obra, dándole ritmo y profundidad.
La utopía de la panlengua y las invenciones de Xul
Xul no separaba disciplinas; todo formaba parte de un impulso totalizador. Creó su propia lengua, el “neocriollo”, y juegos como el “panajedrez”, más complejo y espiritual que el ajedrez clásico. Para él, el arte era una forma de buscar su propia verdad, una que no podía ser compartida ni transferida, sino experimentada en primera persona.
La historia y la recepción: un artista en la sombra
Por momentos, el documental también reflexiona sobre cómo Xul fue visto en su tiempo. Marginal y a veces eclipsado por figuras como Pettoruti, su figura fue construida también como una estrategia: un artista que parecía un astrólogo pintor, una imagen que ayudó a definir su obra. La película revela que esa construcción, en realidad, ayudó a que su obra fuera reconocida más tarde.
El archivo perdido y la presencia en las huellas
Una escena potente es la reconstrucción de la biblioteca que Xul perdió en un incendio en 1964. Sin ese archivo original, lo que vemos son sus restos, sus huellas y sus traducciones. Pero esas huellas siguen hablando y, en ellas, encontramos su presencia viva, más allá de la pérdida física.
El legado de Xul y su dimensión afectiva ❤️
La figura de Lita, su esposa, aparece como una guardiana del legado y un vínculo activo con su reconocimiento. Desde las primeras retrospectivas hasta su valoración en el mercado del arte, la película muestra cómo el artista fue pasando de la marginalidad a formar parte del canon, gracias también al trabajo de quienes creyeron en su visión.
Más que una reivindicación, una complejidad
El filme no busca simplemente reivindicar a Xul sino entender su obra como un entramado lleno de matices. La inclusión de voces como Jorge López Anaya o Mario Gradowczyk ayuda a entenderlo como un artista del espiritualismo, que consideraba al arte como una metáfora de la libertad total.
El eco de Borges y el infinito
Al final, la película vuelve a citar a Borges y su referencia a Xul Solar. La muerte del artista no cierra su universo, sino que lo intensifica, dejando en el aire la sensación de que estamos frente a algo que nunca se puede reducir por completo. Como dice George Steiner, algunos genios tienen un exceso que ninguna exégesis puede contener.
Un universo que no se puede mapear
El director ha aceptado esa limitación y, en lugar de intentar capturarlo todo, decidió dibujar las constelaciones que componen ese universo. Lo que nos queda es una experiencia, una aproximación a un infinito que, por más que no podamos entenderlo del todo, nos invita a explorarlo con intensidad.




