¿Aumentos en el Senado? Lo que hay que saber
La polémica por los sueldos en el Congreso no es nueva, pero en estos días volvió a estar en el centro de la escena. La discusión empezó cuando se supo que, en 2024, los senadores aprobaron un aumento de sus dietas, que los llevó a cobrar más de 11 millones de pesos. Sin embargo, muchos de ellos decidieron no aceptar ese incremento, y eso generó un debate sobre qué significa realmente eso y qué está pasando con los salarios de los legisladores.
¿Qué pasó con los aumentos?
Todo comenzó cuando las autoridades de ambas cámaras del Congreso firmaron un acuerdo con los gremios de los trabajadores legislativos para otorgar un aumento escalonado de salarios. La suba sería de un 12,5% en total, repartida desde diciembre de 2025 hasta mayo de 2026. Pero ese mismo día, los bloques políticos en el Congreso empezaron a aclarar que no iban a percibir ese aumento. La bancada de La Libertad Avanza, liderada por Patricia Bullrich, fue la primera en anunciar que no aceptarían el incremento, argumentando que sus sueldos ya estaban por encima del ingreso promedio y que la decisión debía reflejar principios de austeridad y coherencia con la situación del país.
¿Y qué dijeron otros bloques?
El bloque de la UCR también expresó que no aceptaría el aumento, aunque reconoció que la paritaria era necesaria para acompañar el esfuerzo de los trabajadores del Congreso. La idea, dijeron, es ser coherentes con los cambios profundos que atraviesa el país y evitar gestos que puedan parecer contradictorios con la austeridad que pregonan. Otros legisladores, como Luis Juez y algunos representantes del peronismo, también presentaron cartas de renuncia a los incrementos, incluyendo a los senadores santiagueños liderados por Gerardo Zamora.
¿De quién se habla cuando se habla de aumentos?
Desde hace tiempo, los aumentos en el Senado generan mucho ruido, principalmente porque la vicepresidenta, Victoria Villarruel, ha sido señalada como responsable de estos cambios. Sin embargo, ella misma aclaró en redes sociales que no tiene poder para decidir cuánto cobran los senadores ni la cantidad de asesores. Solo puede ofrecer que, en lugar de aceptar el aumento, los legisladores donen esa plata a una fundación, en este caso, la del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez. La vicepresidenta insistió en que ella no tiene injerencia en esas decisiones y que esas cuestiones corresponden a los propios senadores.
¿Qué dice la ley sobre los aumentos?
El tema de los sueldos en el Congreso quedó en evidencia cuando, en 2024, los senadores votaron a mano alzada y sin debate un aumento que más que duplicó sus remuneraciones. Esto generó una gran polémica y una reacción de indignación en la opinión pública. Desde entonces, cada vez que hay un aumento, los senadores sacan comunicados diciendo que renuncian a ese incremento, aunque siguen en la paritaria y con la posibilidad de recibir futuras subas.
¿Cómo son realmente los números?
Para entender el impacto, hay que tener en cuenta que la dieta de un senador equivale a unos 2.500 módulos, además de otros gastos de representación y desarraigo. Hasta hace poco, cada módulo valía aproximadamente 2.554 pesos, lo que hacía que un senador cobrara en bruto más de 10 millones de pesos. Tras descuentos, ese número bajaba a unos 8 millones en mano. Sin embargo, los senadores que decidieron no aceptar el aumento siguen cobrando cerca de 9 millones en bruto, todavía una cifra muy por encima de lo que gana un diputado, que en bruto percibe unos 6 millones.
¿Y los diputados?
La diferencia entre senadores y diputados también es clara: los diputados no están ligados a las paritarias del Congreso y, por lo tanto, no reciben los mismos aumentos. Actualmente, un diputado nacional cobra unos 6 millones de pesos en bruto y le quedan alrededor de 4,3 millones netos. Esto genera más distancia entre ambas cámaras y aviva las críticas sobre cómo se manejan los salarios en el Congreso.
¿Qué sigue?
La discusión sobre los sueldos en el Congreso está lejos de cerrarse. La opinión pública y muchos actores políticos siguen atentos a cada movimiento, especialmente a los gestos de austeridad y las decisiones que toman los legisladores. Mientras tanto, los números y las declaraciones muestran un escenario donde la transparencia y el sentido común parecen estar en juego.




