¡Buenas noticias… pero no tanto! El IPC de agosto bajó, pero todavía hay mucho por recorrer 🚶‍♂️🚶‍♀️

El Gobierno de Javier Milei celebró que el índice de precios al consumidor (IPC) de agosto fue del 1,7%, el nivel más bajo en 14 meses. Sin embargo, esa cifra aún está lejos de las expectativas que tenía el propio presidente, quien en algún momento afirmó que la inflación empezaría a bajar a «cero coma algo» en ese mes. La realidad muestra que todavía hay un largo camino por delante. Además, si se mira la inflación núcleo —que excluye algunos efectos estacionales y transitorios— la cifra fue aún mayor, alcanzando el 1,8%. Esto indica que la tendencia general todavía tiene resistencia y que la inflación no cede tan rápido como algunos esperan.

¿Por qué la inflación sigue siendo un problema? 🔥

Uno de los puntos clave es que, aunque los precios en general parecen desacelerarse, hay una tendencia persistente en los gastos que están vinculados a la inflación pasada. Aproximadamente el 45% del gasto primario del Estado está indexado, es decir, ajustado automáticamente según la inflación pasada. ¿Qué significa esto? Que, aunque los precios de hoy bajan, los gastos del Gobierno en áreas como las jubilaciones, transferencias y otros servicios suben en términos reales, porque se ajustan con retraso.

Impacto en las jubilaciones 💰

Este ajuste tiene un efecto directo en las jubilaciones. Desde octubre, el monto de las jubilaciones mínimas aumentará a casi $436.000, y con el bono de $70.000, esa cifra llegará a más de $505.000. La jubilación máxima, por su parte, subirá a casi $2.933.000. Sin embargo, el aumento en los gastos previsionales no solo se debe a la inflación, sino también a un bono de $70.000 que el Gobierno mantiene congelado desde marzo y que ayuda a controlar el gasto en jubilaciones. Esto, en realidad, ayuda a que el Estado no gaste más de lo esperado, pero también retrasa el ajuste automático que debería hacer la inflación.

¿Qué pasa con otros gastos del Estado? 📊

Según datos del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), en los primeros ocho meses del año, solo dos tipos de gastos aumentaron en términos reales: las transferencias al sector privado, como subsidios, que subieron un 31,48%, y las jubilaciones y pensiones, que crecieron un 0,84%. En contraste, otros gastos como las transferencias a provincias y municipios cayeron un 63,74%, y los gastos en servicios no personales bajaron un 14,49%. Además, en agosto, el gasto en prestaciones de seguridad social bajó un 10%, principalmente por un ajuste en la Asignación Universal por Hijo (AUH).

¿Y qué pasa con el gasto total? 🚀

El famoso «efecto licuadora», que en su momento hizo que el gasto público pareciera explotar por la inflación, empieza a perder fuerza. La caída en el poder adquisitivo de las jubilaciones y pensiones ayudó a reducir el gasto total en el primer semestre del año. En concreto, esa reducción representó aproximadamente el 35% del ahorro fiscal total, y en conjunto con otros gastos sociales, la pérdida de valor de las prestaciones significó entre el 30% y el 40% del ajuste fiscal acumulado en 2024.

¿Qué desafíos trae la indexación? ⚠️

Expertos como Lucas Bernabá, de la Fundación Libertad, advierten que, aunque mantener el superávit fiscal y el control de la inflación son clave, la indexación de gastos complica la situación. Esto porque las jubilaciones, las tarifas del dólar y otros precios regulados se ajustan con retraso, usando datos de meses atrás. A medida que la inflación baja, estos mecanismos empiezan a tener más peso y dificultan que la inflación mensual se reduzca por debajo del 1%. Para fin de año, el pronóstico es que la inflación ronde el 1,5%, según el REM (Relevamiento de Expectativas de Mercado).

¿Qué significa todo esto? 🤔

En resumen, Argentina aún enfrenta un escenario complejo. La inflación bajó, sí, pero todavía no es suficiente para cambiar la tendencia y reducir el gasto público de manera significativa. La indexación automática de muchas erogaciones hace que, mientras los precios desaceleran, los gastos sigan subiendo en términos reales. Esto obliga al Gobierno a ajustar partidas y a buscar formas de administrar mejor los recursos en medio de una economía que todavía lucha con la inflación y sus efectos.