Un reconocimiento para un gigante de la danza 🎖️

Este lunes 16 de marzo, en el Palacio Libertad, Mauricio Wainrot será declarado Personalidad Emérita de la Cultura Nacional. Un honor que se suma a una lista larga de reconocimientos por una carrera que lo llevó a brillar en escenarios internacionales y a dejar su huella en la danza mundial.

Wainrot, coreógrafo, director y artista multifacético, no solo es un referente en Argentina, sino también un embajador de la danza en varias partes del globo. A lo largo de su vida, montó obras en muchas compañías internacionales y dirigió el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín en dos etapas distintas: primero en los años 80, cuando empezó a dar sus primeros pasos en el exterior, y luego desde 1999 hasta 2016, en una etapa en la que consolidó su legado en su país.

De un conventillo en Villa Crespo a escenarios del mundo 🌱🌎

Pero más allá de los reconocimientos y los logros profesionales, la historia de Wainrot es una historia de superación y raíces profundas. Nació en 1940 en un conventillo de Villa Crespo, un barrio popular de Buenos Aires. Sus padres eran inmigrantes judíos que llegaron a Argentina escapando de Polonia, donde su familia enfrentó la barbarie del nazismo y el Holocausto.

En su casa, en ese entonces, la luz no se apagaba durante la noche. Su padre, un lector voraz, tenía en su mesita libros de autores como Dostoievski, Gorki y Pushkin. La familia vivía en una situación difícil, en un espacio reducido, donde la convivencia era estrecha y el miedo por lo que había ocurrido en Europa todavía pesaba en el ambiente.

Un pasado marcado por el miedo y la historia oscura 🕯️

Su familia no quiso dejar Polonia en ese momento, y muchos de sus miembros murieron en campos de exterminio nazi. La historia de Mauricio está atravesada por esa tragedia: sus padres huyeron primero a Bolivia y después a Argentina, en busca de un lugar seguro. En 1939, cuando Mauricio tenía apenas unos meses, su padre consiguió una visa en Bolivia, pero su madre, menor de sus hermanos, prefirió quedarse con su familia, enfrentando el peligro en un país en plena invasión nazi.

El recuerdo de esa época lo acompaña hasta hoy. En sus viajes, Mauricio visitó Polonia y sintió que, a pesar de todo, era un país que aún le enseñaba mucho. En ese país montó obras como «Ana Frank», en homenaje a su familia y a la historia que lo marcó desde siempre.

Primeros pasos en la danza y el arte 🎨🩰

Su infancia estuvo marcada por la música, el teatro y el fútbol. De pequeño, era hincha del club Atlanta y jugaba en su barrio. Sin embargo, su verdadera pasión emergió cuando su padre lo llevó, por primera vez, a la Escuela Nacional de Danzas. La experiencia fue un golpe de suerte, aunque también un primer fracaso: en esa época, en 1952, no había varones en esa escuela y Mauricio, tímido, no logró integrarse en ese momento.

El amor por el baile fue creciendo, y con el tiempo, la danza se convirtió en su vida. En su adolescencia, también se deslumbró con el rock and roll, incluso ganando campeonatos en Atlanta junto a su novia de entonces, Esther Polonsky.

De la actuación a la coreografía: su camino en la danza 🎭➡️💃

Con apenas 21 años, Mauricio se inscribió en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, dejando atrás su trabajo como actor. Allí, empezó a formarse en danza y a participar en grupos de danza moderna. La historia no fue fácil; en sus primeros días, no entendía muy bien los conceptos básicos, pero con esfuerzo y dedicación, pronto se convirtió en uno de los bailarines destacados del Ballet del San Martín, donde trabajó con figuras como Oscar Araiz.

Su talento y perseverancia lo llevaron a montar sus propias obras y a viajar por todo el mundo con sus coreografías. La pasión por el cine también influyó en su trabajo. Mauricio es un fanático del séptimo arte y veía varias películas al día desde su infancia, lo que, según él, enriqueció su visión artística y su forma de crear danza.

La pérdida y la fuerza para seguir adelante 💔✨

En 2008, Mauricio sufrió una pérdida muy dura: su pareja, Carlos Gallardo, murió en un accidente automovilístico. Después de ese golpe, logró seguir adelante y construir una nueva vida junto a Luis Falduti, con quien comparte su día a día desde hace más de una década. La relación con Falduti también le abrió las puertas a una familia que ama y que comparte con él momentos de alegría y apoyo mutuo.

Una mirada a su presente y su amor por Argentina 🇦🇷❤️

Hoy, a sus 82 años, Mauricio vive en un departamento en Buenos Aires que es su refugio, rodeado de plantas y naturaleza en su terraza-jardín. A pesar de su historia y sus logros internacionales, se declara un argentino fanático, enamorado de su país, de Buenos Aires y de figuras como Messi. Aunque viaja y ha vivido en ciudades como Madrid, Bruselas y Montreal, su corazón siempre está en Argentina.

De cara a su futuro, Mauricio expresa su deseo de seguir creando, aunque reconoce que en los últimos años no ha sido programado en algunos de los principales teatros del país, lo que le genera cierto malestar. Sin embargo, su historia, llena de desafíos y éxitos, demuestra que la pasión y la perseverancia pueden transformar vidas y dejar huella en el mundo entero.