Un recorrido por la vida de una luchadora contra la opresión
La historia de Lila Pastoriza es un ejemplo potente de resistencia y compromiso con la memoria. Esta periodista y defensora de los derechos humanos falleció en las últimas horas, justo cuando se conmemoraba medio siglo del golpe militar en Argentina que marcó la historia del país. Su vida estuvo marcada por el dolor, pero también por la fuerza para luchar y recordar.
Secuestrada en la ESMA y su historia de resistencia
Nacida en Mar del Plata, Pastoriza fue secuestrada en 1977, en plena dictadura, cuando todavía era joven y militaba en la agrupación Montoneros. La capturaron y la mantuvieron en cautiverio en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), uno de los lugares más oscuros de ese período. Allí, permaneció quince meses y, en ese tiempo, tuvo que armar un archivo con información periodística, en medio de un entorno de represión y miedo.
Su testimonio y experiencia en la ESMA no solo reflejan el horror vivido, sino también su enorme valentía. La misma mujer que reconoció el miedo que le generaba ese lugar, más adelante trabajó en el mismo espacio cuando el gobierno kirchnerista trasladó allí el archivo del Centro de la Memoria. Su relación con ese sitio fue una mezcla de temor y compromiso con la memoria.
De la cárcel al exilio y su lucha en el mundo
Una vez liberada en 1978, Pastoriza no quedó callada. Se exilió primero en España, donde presentó un informe ante la ONU acerca de su cautiverio en la ESMA. Luego, en México, participó activamente en la Casa Argentina de Solidaridad, un espacio que luchaba por los derechos y la libertad de personas detenidas ilegalmente durante la dictadura. Allí, también defendió a su esposo, Eduardo Jozami, quien fue diputado y con quien contrajo matrimonio en ese país.
Su compromiso no se detuvo en la distancia. En 1984, cuando Argentina recuperó la democracia, volvió al país y empezó a colaborar con distintas instituciones y medios periodísticos. Participó en el proyecto Parque de la Memoria y en el Espacio de la Memoria en la ex ESMA, donde continuó con su labor de memoria y justicia.
Su testimonio en la historia judicial y su legado
Uno de los momentos más destacados de su vida fue su participación en el Juicio a las Juntas Militares en 1985. Allí, Pastoriza fue testigo clave, recordando hechos y detalles que ayudaron a esclarecer las atrocidades del período. En ese juicio, contó cómo recuperó una carta que Rodolfo Walsh le había escrito a su hija. La carta fue un símbolo de la resistencia de los periodistas y de la lucha por la verdad.
«Yo lo conocía y lo había visto bastante en toda la etapa a partir de la detención de mi marido. Era amigo de mi marido y una de las primeras cosas que pregunté es qué pasó con Rodolfo Walsh y me dijeron que lo mataron cuando fueron a detenerlo», relató. Luego, agregó que logró sacar la carta a máquina y entregarla a la esposa de Walsh, en un acto de resistencia y memoria.
Un legado que trasciende el tiempo
La historia de Lila Pastoriza no solo refleja su coraje, sino también la importancia de mantener viva la memoria de quienes sufrieron y resistieron en tiempos de represión. Su trabajo en el Espacio de la Memoria, sus testimonios en juicios y su lucha constante por justicia dejan una huella imborrable.
Hoy, su memoria sigue inspirando a quienes creen en la importancia de no olvidar y en la necesidad de justicia para construir un futuro más justo y consciente. La historia de Pastoriza nos recuerda que la lucha por los derechos humanos no termina nunca y que cada acto de resistencia cuenta en la construcción de la memoria colectiva.




