¿Qué pasaba detrás de escena en los tiempos oscuros de Argentina? 🤔

Un documento secreto, ahora desclasificado por el Gobierno, revela detalles impactantes sobre las operaciones de inteligencia durante la dictadura militar en Argentina. En esa época, la SIDE (la Secretaría de Inteligencia) llevaba a cabo un control exhaustivo y secreto sobre libros, películas, medios de comunicación y hasta las cartas que ingresaban desde el exterior.

Una estrategia de guerra psicológica 🧠🎯

Para luchar contra la supuesta subversión, la SIDE creó una división especializada en asesoramiento literario y contenido ideológico. La idea era clasificar todo lo que llegaba del exterior según si contenía ideas marxistas o contrarias a los principios de la Constitución. Esto incluía desde revistas y libros hasta películas y diarios.

El objetivo era frenar cualquier influencia que pudiera poner en riesgo el control del régimen. Por eso, en un documento secreto, la SIDE estableció que debía analizarse el contenido ideológico de cada publicación para determinar si era permitida o prohibida para su ingreso y circulación en el país.

Operaciones encubiertas y censura 👀🚫

El control no solo afectaba las importaciones. La SIDE también realizaba operaciones psicológicas a través de medios de comunicación y agencias de noticias, como Saporiti, una empresa que funcionaba en el pasaje Barolo y que en 1983 fue cerrada por orden del gobierno de Raúl Alfonsín.

Este interés por controlar y censurar a los medios era tan fuerte que en los primeros documentos desclasificados se menciona que 62 veces se consideraba a los medios como “objetivos” a investigar. La lista incluía periodistas y medios que, según se sospechaba, tenían alguna vinculación con ideas comunistas o subversivas. Muchas de esas personas terminaron desaparecidas o asesinadas, con un total de al menos 223 víctimas en el Registro Unificado de Víctimas del Terrorismo de Estado.

¿Cómo funcionaba el control ideológico? 📝🕵️‍♂️

El proceso incluía un análisis profundo del contenido de libros, revistas, películas y cartas, donde se buscaba determinar si su ideología era compatible con los intereses del régimen. La división Literaria de la SIDE era responsable de este análisis, que debía ser realizado por profesionales especializados, aunque sus nombres no aparecen en los documentos, y los agentes estaban encubiertos con nombres de guerra.

Libros como “Las Venas Abiertas de América Latina” de Eduardo Galeano, entre otros, fueron censurados y prohibidos en librerías, escuelas y universidades. La política de control también abarcaba las instituciones y la educación, buscando limitar cualquier influencia que pudiera desafiar la narrativa oficial.

Una estructura para la censura y el control 📊🔒

Este sistema de vigilancia y censura se formalizó a través de diversas resoluciones secretas, como la N247/79, que buscaba mejorar los procedimientos existentes. La división Literaria tenía varias funciones, desde analizar y clasificar publicaciones hasta controlar las existencias de la Biblioteca Ideológica de la Dirección, y adoptar medidas de contrainteligencia para protegerse de amenazas internas y externas.

Por su parte, la Dirección de Comunicación Social de la SIDE monitoreaba los mensajes de los medios, identificaba temas y motivaciones, y mantenía un registro actualizado de los principales medios nacionales y provinciales. También elaboraba informes sobre la influencia y efectos de las acciones psicológicas emprendidas.

¿Qué nos deja esta historia? 🤔

Más allá de los hechos, estas revelaciones muestran cómo un Estado controlaba la información, la cultura y hasta las ideas. La censura y la vigilancia no solo afectaron a quienes estaban en el ojo público, sino también a quienes pensaban diferente. La lista de víctimas y la censura de libros y medios son pruebas de un período en el que la libertad de expresión estuvo severamente restringida.

Hoy, la desclasificación de estos documentos nos invita a reflexionar sobre la importancia de la libertad y la necesidad de mantener la vigilancia para que nunca se repitan estas prácticas autoritarias.