¿Hasta qué punto puede un dirigente meterse en las decisiones del fútbol?
En Boca Juniors, uno de los clubes más grandes y populares de Argentina, la figura de Juan Román Riquelme va mucho más allá del campo. Como ídolo y actual vicepresidente, su influencia en las decisiones del equipo y en la elección del cuerpo técnico es cada vez más evidente, y eso genera un debate sobre los límites del poder en el fútbol.
El poder que no se va
Desde que Riquelme se convirtió en uno de los líderes del club, no ha dudado en involucrarse en temas que, tradicionalmente, corresponden a la dirigencia o al cuerpo técnico. En varias ocasiones, ha dado instrucciones directas a los entrenadores y ha ejercido presión sobre los jugadores, incluso en momentos críticos.
Un ejemplo claro fue cuando, tras la derrota contra Vélez, Riquelme expresó su descontento con el rendimiento del equipo y, según fuentes del entorno del club, tomó decisiones que afectaron la estrategia del plantel, incluso imponiendo qué jugadores debían estar en cancha y cuáles no. La situación generó tensión y puso en evidencia que su influencia va más allá de lo que suele permitirse en un club de fútbol.
¿Un técnico en la cuerda floja?
El entrenador Claudio Úbeda, que asumió el cargo en Boca, sabe que su puesto no está asegurado. Aunque todavía tiene respaldo, la realidad es que la presión de Riquelme y la directiva lo mantienen en una posición delicada. La decisión de cancelar el día libre tras un entrenamiento, por ejemplo, fue atribuida a Riquelme, en un claro ejemplo de cómo él puede modificar decisiones que corresponden al cuerpo técnico.
El entorno del club admite que, si bien Úbeda tiene la confianza de la dirigencia, su continuidad dependerá de los resultados y de la cantidad de apoyo que pueda mantener frente a las presiones externas. La presencia de Riquelme en el día a día del equipo hace que la línea entre el rol de dirigente y técnico sea cada vez más difusa.
El impacto en los jugadores y en la estrategia
La influencia de Riquelme también se nota en las decisiones sobre quién juega y quién no. Algunos futbolistas, como Juan Barinaga, Lautaro Di Lollo, Milton Delgado y Kevin Zenón, han sido marcados por Riquelme como prescindibles, y en más de una oportunidad se ha mencionado que podrían salir del club en futuras negociaciones.
Riquelme también ha señalado que ciertos jugadores, como Leandro Paredes, incomodan al equipo y que algunos, como el juvenil de la Selección Sub 20, pueden ser considerados para ser reemplazados si no cumplen con sus expectativas. La gestión de los futbolistas parece estar cada vez más en sus manos, lo que genera una dinámica diferente en la relación entre cuerpo técnico y plantel.
Una historia de intervenciones en el vestuario
Este no es un fenómeno nuevo en Boca. Riquelme ya había demostrado su carácter interviniendo en momentos clave. En 2021, antes del Superclásico contra River, tuvo una charla motivacional con el plantel, acompañada por Raúl Cascini, en la que intentó motivar a los jugadores. Ese día, el empate 1-1 dejó en evidencia su influencia en el grupo.
En 2022, tras una serie de malos resultados y derrotas, Riquelme también se metió en el vestuario, criticando públicamente la actuación del equipo y generando tensiones con los entrenadores. En julio de ese año, en una reunión con jugadores, les insistió en mantener la unión para sacar adelante al equipo, en medio de un contexto complicado tras la salida del capitán, Carlos Izquierdoz.
¿Hasta dónde llegará su poder?
La historia reciente de Boca muestra que la presencia de Riquelme en decisiones clave no solo afecta a los entrenadores, sino también a los resultados del equipo. En 2023, sus declaraciones sobre el rendimiento del equipo y las decisiones sobre cómo jugar en casa y fuera de ella evidencian su influencia directa en la estrategia.
Tras varias derrotas, el club despidió a Jorge Almirón y, más tarde, a Hugo Ibarra, en buena parte por las presiones de Riquelme. La línea entre jugador, dirigente y técnico se ha ido borrando, y eso genera dudas sobre el rumbo que tomará Boca en los próximos meses.
¿Un club en manos de sus ídolos?
Con contrato hasta junio, Úbeda sabe que su continuidad dependerá de los resultados y de la confianza que pueda mantener en medio de este escenario. La presión es enorme y cada movimiento puede ser decisivo para su futuro en el club.
Lo que está claro es que Riquelme, como figura clave, sigue marcando el pulso del equipo y del club, dejando en claro que su influencia no solo se limita a las palabras, sino que también se extiende a las decisiones diarias.
¿Qué pasará en Boca? Solo el tiempo dirá si este modelo basado en la influencia de su ídolo seguirá funcionando o si llegará el momento en que el club vuelva a tomar decisiones sin tanto peso de un solo dirigente.




