Un mensaje que llega al corazón en medio de la división

En un momento en que la política y la religión se cruzan en la Argentina, el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, hizo un llamado a la unidad y a la fraternidad durante una misa en la Basílica de Luján, conmemorando el primer aniversario de la muerte del Papa Francisco.

La ceremonia, que reunió a diferentes dirigentes políticos y religiosos, sirvió como escenario para que García Cuerva recordara que, incluso en un acto dedicado a una figura que promovió la cultura del encuentro, los líderes políticos todavía tienen dificultades para sentarse juntos y dialogar.

¿Por qué el mensaje fue tan fuerte?

El arzobispo no se quedó solo en las palabras. En su homilía, expresó que Argentina necesita más que nunca la cultura del encuentro y la fraternidad que tanto promovió el Papa Francisco. ¿La idea? Dejar de mirarnos como enemigos solo por pensar distinto y empezar a entender que, en realidad, todos somos hermanos.

El mensaje, además, pareció dirigido a quienes participaron en la misa en la provincia de Buenos Aires, donde asistieron figuras importantes del gobierno nacional y bonaerense, aunque no estuvo Victoria Villarruel, quien justificó su ausencia diciendo que prefirió no politizar el acto y que, en su opinión, allí se concentraba lo peor de la casta política.

¿Qué dijo el arzobispo sobre el respeto y el compromiso?

García Cuerva hizo énfasis en que quienes tienen responsabilidades institucionales deben aprender a no ver al otro como enemigo, sino como hermano. Y agregó que, cuando nos agredimos o nos insultamos, estamos habilitando un clima de división que no ayuda a la sociedad.

En ese sentido, remarcó la importancia de alejarse de cualquier bandera política cuando la causa es cuidar a los más vulnerables. Para él, la verdadera motivación para ayudar a los pobres y a los que necesitan ayuda no debería ser ideológica, sino un acto de fe y amor, porque en los más frágiles también está presente Jesús.

Victoria Villarruel y su visión sobre la politización

La presidenta de la Asociación Argentina de Abogados, Victoria Villarruel, fue una de las figuras que justificó su no participación en la misa. Argumentó que eligió no asistir porque en ese lugar se había politizado todo y prefirió estar entre la gente, en un lugar donde el Papa Francisco fue bautizado, en la iglesia de María Auxiliadora, en el barrio de Almagro.

Para Villarruel, la política no debería mezclarse con las figuras religiosas o con homenajes a personajes que promovieron valores de paz y fraternidad. Su postura refleja una visión de que la política y la acto religioso deben mantenerse separados para evitar que se pierdan los verdaderos mensajes.

¿Cómo podemos hacer la diferencia?

Antes de finalizar la misa, García Cuerva propuso una acción concreta: que en los saludos de paz, en lugar de solo estrechar manos con quienes piensan igual, se incluya a aquellos con quienes no se comparte la misma visión. La idea es que ese acto simple sea un símbolo de la verdadera cultura del encuentro que el Papa tanto promovió.

Además, el arzobispo instó a pasar de las palabras a los hechos. La conmemoración por el Papa Francisco no debe quedar en simples gestos o declaraciones, sino en acciones concretas que ayuden a construir una sociedad más inclusiva, respetuosa y fraterna.

¿El desafío está en nosotros?

La misa en Luján dejó un mensaje claro: la verdadera homenaje a Francisco y a su legado pasa por aprender a convivir con las diferencias, dejar atrás las peleas y construir puentes. La invitación es a que cada uno, en su día a día, actúe con más empatía y menos confrontación, porque todos somos parte de una misma familia humana.

Es hora de que la cultura del encuentro deje de ser solo una palabra y se convierta en una práctica cotidiana. La paz, la fraternidad y la solidaridad están en nuestras manos. Solo así podremos honrar la memoria del Papa y avanzar hacia un país más unido y respetuoso.