Un joven en la guerra y un cantante por la soberanía

Fabio Santana no necesita que le expliquen qué son las Malvinas. Su historia es un recorrido desde la trinchera hasta los escenarios, y su voz hoy es un símbolo de resistencia y amor por la patria. A los 20 años, fue enviado a las islas para participar en la guerra de 1982, y más de 40 años después, su historia se conecta con la música y la lucha por la soberanía argentina.

De las minas a la música: un regreso inesperado 🎸

En 1981, Santana hizo el servicio militar en la Compañía de Ingenieros Mecanizada 10 en Pablo Podestá. Cuando la guerra comenzó en abril de 1982, recibió el telegrama que lo convocaba para pelear contra los ingleses. Sin saberlo, en ese momento, se convirtió en un soldado que tenía que plantar minas antitanques y antipersonales en las islas. La tarea era peligrosa, pero en sus palabras, estaban preparados, gracias a la instrucción y los simulacros realizados en su entrenamiento.

Su rol en la guerra lo llevó a una zona llamada Moody Brook, al este de la Isla Soledad, donde estuvo en contacto con la tierra y el peligro. La guerra, que parecía un estado latente, se volvió realidad en los primeros días de mayo, cuando los ataques con aviones Sea Harrier y el hundimiento del Crucero General Belgrano marcaron un antes y un después. Para Santana, esos días fueron los más trágicos y decisivos del conflicto.

El regreso a la vida y la música 🎤

Después de la guerra, pasaron 15 años hasta que Santana volvió a cantar. En 1996, su papá le sugirió que retomara la música y empezó a hacerlo en el ámbito del tango, un género que le gusta mucho. Ganó un festival en La Matanza, cantó con una orquesta importante y mantuvo en secreto su pasado en la guerra. La decisión era simple: no quería que su historia de veterano opacara su talento o que la gente lo viera solo por esa experiencia.

Pero en 2012, todo cambió. Participó en el programa «Soñando por Cantar» en Canal 13 y fue allí cuando descubrió que podía usar su música para mantener viva la memoria y la causa de Malvinas. Empezó a cantar en eventos públicos, como la Copa Davis y los 75 años del Turismo Carretera, y en cada presentación, su mensaje de soberanía y amor por la patria se hacía más fuerte.

Sentimientos y reflexiones desde el escenario ❤️

Para Santana, cada vez que canta, siente una gran responsabilidad. No experimenta nervios, sino una profunda emoción por representar a sus compañeros y a todos los que defendieron la Argentina en esas islas. Cuando canta, lo hace pensando en los héroes que quedaron allí, en los que lucharon y en los que todavía esperan justicia. Su mensaje es claro: busca transmitir resiliencia, paz y amor, en un intento de transformar el odio en comprensión y unión.

La paz, su mayor deseo ✌️

Pero no todo es alegría. Santana también reflexiona sobre la realidad política y la postura del gobierno respecto a las Malvinas. La siente como una profunda decepción, porque cree que sin una acción decidida y un plan firme, las islas no volverán a Argentina. Para él, la clave está en llevar el reclamo a la ONU y en mantener la soberanía de manera constante y unificada, sin negociados que favorezcan a Inglaterra.

Su visión es que, más allá de los gobiernos, Argentina debería tener un plan de Estado para recuperar las Malvinas. La idea es que todos los países latinoamericanos se unan en una especie de frente común, desde México hasta la Antártida, en defensa de nuestro territorio. Aunque reconoce que puede parecer utópico, sueña con un país fuerte y unido en esa causa.

El sueño de un país soberano

Para Santana, la historia y la geopolítica en las Malvinas son claras: la región es argentina, y la presencia inglesa en el archipiélago responde a intereses económicos y estratégicos. La depredación de recursos y la proyección hacia la Antártida son motivos que refuerzan su postura. La única vía para recuperar esas tierras, dice, es mantener la lucha constante y la unión de todos los argentinos y latinoamericanos en esa causa.

Su historia, su música y sus pensamientos muestran a un veterano que, a pesar del paso del tiempo y las heridas, sigue creyendo en la paz, en la soberanía y en el poder de la unión para lograr un cambio. Porque, al final, su mayor deseo es que nunca más haya guerras y que la justicia vuelva a prevalecer en las Malvinas.