Un referente que dejó huella en Rumanía y Europa

El mundo del fútbol está de luto. Mircea Lucescu, uno de los entrenadores y jugadores más destacados de Rumanía, falleció este martes a los 80 años en Bucarest. La causa, problemas cardíacos que lo habían llevado a renunciar hace apenas unos días, marcó el fin de una carrera llena de logros y reconocimiento internacional.

Una carrera que empezó en la cancha y llegó a la dirección técnica

Lucescu, nacido en Bucarest el 29 de julio de 1945, empezó en el fútbol desde muy joven. A los 16 años ingresó en una escuela de deportes y, dos años después, se sumó al Dinamo de Bucarest, donde se convirtió en un delantero destacado. A lo largo de su trayectoria, disputó 64 partidos con la selección rumana y fue capitán en el Mundial de México 1970, dejando una marca importante en el fútbol de su país.

Como jugador, marcó 81 goles en 377 partidos, conquistando siete campeonatos de liga y tres copas nacionales. Su última temporada como futbolista fue en 1989/90, cuando con 44 años volvió a salir a jugar en un partido con el Dinamo. Pero su verdadera huella la dejó como entrenador.

Un técnico que rompió esquemas y llevó a Rumanía a la historia

En 1981, Lucescu asumió por primera vez la dirección de la selección rumana, logrando en 1984 la clasificación a la Eurocopa en Francia, un logro histórico para su país. Luego, su carrera lo llevó a clubes y países como Italia, Turquía, Ucrania y Rusia, donde dejó su marca en equipos como Brescia, Inter de Milán, Galatasaray, Shakhtar Donetsk y Zenit San Petersburgo.

Su etapa más exitosa fue en el Shakhtar Donetsk, donde estuvo 12 temporadas y conquistó ocho ligas, seis copas y siete supercopas. Además, en 2009, lograron la Copa de la UEFA, un título que destacó a su equipo en Europa. En Rusia, con el Zenit, ganó la Supercopa en 2016, aunque fue despedido en 2017 tras terminar en tercer lugar en la liga local.

Regreso a Rumanía y el adiós final

En agosto de 2024, Lucescu volvió a su país para dirigir otra vez a la selección rumana, más de 38 años después de su primer período. Su objetivo era clasificar al equipo para el Mundial de 2026. Aunque logró 11 victorias, un empate y seis derrotas, Rumanía no consiguió su pase, tras perder contra Turquía en el repechaje a fines de marzo. La derrota le causó un gran disgusto y, días después, fue hospitalizado por problemas cardíacos, falleciendo en la clínica de Bucarest.

Un legado que trasciende fronteras

La Federación Rumana de Fútbol expresó su tristeza en las redes sociales, destacando que Lucescu no solo fue un estratega brillante, sino también un mentor y símbolo nacional. En su honor, los partidos de las próximas jornadas en todas las categorías del fútbol local tendrán un minuto de silencio. La historia del fútbol rumano se despide de uno de sus mayores ídolos, que dejó una huella imborrable en cada rincón donde dirigió.

El mundo del deporte se despide de un ícono que hizo del fútbol su vida y que, con su trabajo y dedicación, elevó la bandera de Rumanía a lo más alto. Que descanse en paz, Mircea Lucescu.