Una noche para recordar en Cosquín

La historia de Soledad Pastorutti en el Festival de Cosquín fue, una vez más, un espectáculo que quedó en la memoria de todos. Después de 30 años desde su primera aparición en el escenario más famoso del folklore argentino, La Sole volvió a pisar ese lugar con un recital que duró más de tres horas, en medio de una lluvia constante y un público que no se movió ni un segundo.

El regreso con historia y emoción 💫

En 1996, siendo solo una adolescente de 15 años, Soledad irrumpió en Cosquín por primera vez. Ese día, tocó un solo tema en el escenario que lleva el nombre de Atahualpa Yupanqui, pero el público pidió más y ella, desafiando las indicaciones de los organizadores, empezó a revolear su poncho, dejando claro que su espíritu rebelde y su pasión por el folklore estaban intactos. Esa noche marcó el comienzo de una carrera que la convertiría en una de las artistas más queridas del país.

Treinta años después, la artista volvió a aquella misma plaza con entradas agotadas desde días antes, y con una expectativa que crecía aún más ante la incesante lluvia que comenzó a caer pasada la noche. Pero lejos de ser un impedimento, la lluvia se convirtió en parte del ritual, en un símbolo de la entrega y la pasión que caracteriza a su público y a ella misma.

Un show que desafió la tormenta 🌧️🎶

La noche empezó con un momento espectacular: Soledad descendió desde el cielo, suspendida en una luna que fue cargada por una grúa, mientras la multitud la ovacionaba de pie. Desde lo alto, interpretó temas como «Sigo siendo yo» y «Vivir es hoy», marcando el inicio de una presentación dividida en tres partes: un comienzo eléctrico, la participación de invitados y los clásicos del folklore.

Luego, la artista cambió de vestuario y continuó el show con un estilo más tradicional, interpretando temas como «La copla» e «Hispano». La lista de invitados fue extensa y variada. Entre ellos estuvo Pedro Capó, desde Puerto Rico, quien se sumó para cantar «Piel» y «Canela». También pasaron por el escenario Teresa Parodi, Nahuel Pennisi y Cazzu, quien se sumó para interpretar «Cómo será».

Un festival de géneros y emociones 🎤🎉

La noche estuvo llena de sorpresas y momentos emotivos. La Delio Valdez llevó la fiesta a otro nivel con canciones como «Nada tengo de ti» y «Que nadie sepa mi sufrir» en clave cumbiera, mientras la lluvia seguía empapando todo a su paso. La energía del público no decayó, y muchos improvisaron pilotos de colores y bailaron sin parar, en una postal llena de alegría y color.

Un momento especial fue cuando la hermana de Soledad, Natalia, tomó el escenario para cantar «Sapo cancionero» y luego, juntas, interpretaron temas como «Amor en vuelo» y «De mi madre», fortaleciendo ese vínculo familiar que tanto emociona a todos.

Cierre con historia y mucha emoción 🌟

Ya pasada la madrugada, la artista volvió a sorprender con su selección de clásicos que marcaron generaciones: «Bahiano», «Tren del cielo», «Entre a mi pago» y una despedida en la que no pudo faltar la emblemática «Salteñita de los Valles». Antes del final, presentó a su banda y llamó al escenario a sus hijas y esposo, quienes le regalaron un bombo y le colocaron un poncho que ella no se sacó más.

El momento más emotivo llegó cuando, en medio de la lluvia, cantó «Brindis» mientras sostenía en brazos a Bautista, un bebé de siete meses, en una escena que quedó grabada en la memoria de todos. La multitud acompañó cada nota, y en ese instante, la conexión entre la artista y su gente fue más fuerte que nunca.

La noche que quedó en la historia 🎉

Tras terminar el recital, Soledad se tomó un momento para agradecer y reflexionar sobre su recorrido. En una conferencia con la prensa, expresó que agradecía a esa adolescente que fue, porque fue quien le dio la fortaleza para llegar hasta acá. Recordó que en su carrera enfrentó momentos difíciles y que, sin redes sociales en sus comienzos, recorrió el país buscando cumplir sus sueños.

Ya cerca de las cinco de la mañana, la artista se despidió en una caravana que la llevó en autobomba desde la plaza hasta la plaza San Martín, acompañada por una multitud que no quería que se vaya. Sin duda, fue una noche que reafirmó su vínculo con Cosquín y su público, y que sirvió para celebrar su historia y su pasión por el folklore, que sigue vivo y en plena forma.