El boom de las apps y su impacto en el trabajo local 🚀
Desde hace unos años, las aplicaciones de delivery como Rappi, PedidosYa y Glovo transformaron la forma en que los argentinos hacen sus compras y pedidos en general. Pero detrás de la comodidad y rapidez, hay una realidad laboral que muchos no ven a simple vista: la precarización y la informalidad que enfrentan miles de repartidores.
¿Quiénes trabajan en las apps y cuánto ganan? 💰
Según un informe del BID, WorkerTech y Civic House de 2024, la mayoría de los repartidores trabaja en forma part-time: casi el 90% de los trabajadores de aplicaciones realiza menos de 80 pedidos mensuales, y solo un 10% trabaja a tiempo completo. Sin embargo, esas cifras no reflejan toda la historia.
Por ejemplo, un repartidor que hace hasta 40 pedidos al mes representa más de la mitad de los trabajadores en este sector. Además, muchos de ellos reciben ingresos similares a los empleados en relación de dependencia, pero sin tener acceso a derechos laborales, licencias o cobertura ante accidentes.
¿Qué pasa con la formalidad y los derechos? ⚖️
El caso de PedidosYa es un ejemplo claro: la empresa dejó de tener empleados en relación de dependencia tras la llegada de nuevas apps en 2018. Antes, esta compañía contaba con 2.500 trabajadores con derechos, bajo un convenio colectivo. Hoy, solo quedan unos 50 empleados con esa protección, y el resto trabaja en la informalidad.
En términos de salarios, los trabajadores en relación formal ganan en promedio unos 1,2 millones de pesos por mes en jornadas de 8 horas, más los gastos de combustible. Los que no tienen derechos, por su parte, reciben un pago similar, pero sin ninguna protección.
¿Y la regulación? 🤔
Argentina todavía está muy atrasada en comparación con otros países en cuanto a leyes que regulen el trabajo en plataformas digitales. En México, por ejemplo, ya hay una legislación que obliga a las plataformas a inscribir a los repartidores en el Seguro Social y a brindarles protecciones básicas. Acá, todavía no hay una regulación clara, y las empresas hacen lo que quieren.
Reclamos y demandas de los repartidores 🚧
Los trabajadores en apps tienen varias quejas. La más frecuente: la baja demanda en ciertos horarios, el aumento de repartidores compitiendo por menos pedidos y la falta de espacios para descansar. Muchas veces, los repartidores deben realizar horas extras para poder cubrir sus gastos básicos, ya que la tarifa por pedido no siempre alcanza para sostener un hogar.
Además, reclaman una actualización salarial que tenga en cuenta la inflación y el aumento de costos. También denuncian que no hay lugares adecuados para descansar, y en algunos casos, sufren amenazas por parte de empleadores o personal de locales, como ocurrió en una cadena de comidas rápidas, donde un gerente pidió que se retiraran del lugar y amenazó con bloquearlos.
¿Cuántos pedidos necesita hacer un repartidor para vivir? 📊
Un análisis reciente revela que, en promedio, un repartidor que quiere mantener un hogar de cuatro personas debe completar unas 461 entregas al mes, considerando un monto de alrededor de 2.550 pesos por pedido. Para cubrir solo su alimentación, necesita hacer unos 67 pedidos mensuales; si busca pagar el alquiler en CABA, la cifra sube a 271 pedidos. Para llegar a un salario equivalente al mínimo vital y móvil, tendría que realizar unos 126 pedidos mensuales.
En otras palabras, hacer más de 300 pedidos al mes no solo es una meta difícil, sino que en muchos casos, es casi una obligación para sobrevivir. La realidad muestra que, aunque las apps ofrecen una opción rápida para ganar dinero, la precarización, la falta de derechos y la carga de trabajo excesiva están a la orden del día.
¿Qué sigue? 💡
El debate sobre cómo regular estas nuevas modalidades laborales está abierto. La legislación en otros países muestra que es posible implementar reglas que protejan a los trabajadores sin eliminar las opciones de ingreso que ofrecen estas plataformas. Mientras tanto, los repartidores siguen luchando por condiciones más justas y por el reconocimiento de sus derechos básicos, en un mercado laboral que todavía necesita adaptarse a las nuevas formas de trabajo digital.




