Una faceta oculta del ícono del rock argentino
Seguramente conocés al Indio Solari por su increíble carrera en la música y su impacto en la cultura popular, pero lo que quizás no sabías es que este ícono también tuvo una relación muy especial con el cine. Antes de convertirse en leyenda del rock, el Indio fue un apasionado del séptimo arte, participando en proyectos que todavía generan curiosidad y admiración.
Sus primeros pasos en el cine: películas hechas con lo que había
Todo empezó en los años 70, en plena juventud, cuando el Indio y su amigo Guillermo Beilinson —a quien apodaban el Negro Beilinson— comenzaron a filmar en Super 8. La idea era simple: jugar y aprender, sin grandes presupuestos, con amigos y con lo que tenían a mano. En ese entonces, grabaron un cortometraje llamado Ciclo de cielo sobre viento, en el que participó el propio Indio. La película, de apenas 10 minutos, quedó como un testimonio de esa etapa experimental y llena de ganas de crear.
Un proyecto inspirado en ciencia ficción y en la historia del país
El filme se ambientaba en un futuro distópico, donde la Tierra estaba contaminada y la humanidad vivía bajo tierra en ciudades llamadas «subdades». Cada una de estas ciudades era controlada por una computadora, y en esa atmósfera opresiva, los rebeldes buscaban salir a la superficie para descubrir que el mundo no estaba tan destruido como pensaban. La trama reflejaba, en cierto modo, el clima de represión y encierro que vivía Argentina en 1976, y parecía anticipar una mirada crítica hacia la tecnología y el control social.
Una película que también fue un experimento musical
Lo interesante es que en la misma época, el Indio y Skay, su compañero en Los Redonditos de Ricota, ya estaban experimentando con sonidos y ruidos, mezclando música y efectos para crear ambientes únicos. La banda sonora de Ciclo de cielo sobre viento incluía ruidos, ecos y guitarras distorsionadas, que reflejaban esa búsqueda de un folclore más universal y experimental. De hecho, en esa película se puede escuchar una de las primeras colaboraciones musicales entre ambos, que luego sería clave en su carrera.
La historia y el contexto del filme
El título fue inspirado por el I Ching, un libro chino considerado oracular. La trama, según recortes de diarios de la época, mostraba a unos rebeldes que, cansados de vivir en las ciudades subterráneas controladas por máquinas, decidían salir al exterior y descubrir un mundo que, en realidad, todavía estaba vivo. El Indio, en sus memorias, afirmó que esa historia tenía mucho que ver con la época de represión en Argentina, donde la gente estaba encerrada y sin poder expresarse libremente.
El rodaje y las dificultades
El proceso fue totalmente casero y autogestionado. La filmación se realizó en lugares como Valeria del Mar, donde el Indio vivía por temporadas, y en el Pasaje Rodrigo en La Plata, en casas familiares del equipo. La familia del propio Indio, dueña de un centro comercial, permitió que filmaran en locales y sótanos, lo que facilitó la producción. Guillermo Beilinson, además de dirigir, se puso a trabajar en una estampería de telas para financiar la película, y en ese taller también participó Rocambole, que más tarde sería el responsable del diseño visual de la banda.
Una experiencia de amistad y creatividad
Para el Indio, esa etapa fue más que un simple rodaje: fue una experiencia llena de sentido, donde amigos se unieron para crear algo propio, sin presiones ni compromisos comerciales. En sus memorias, recuerda esa época como una etapa de felicidad y libertad, donde la creatividad fluía de manera natural y sin restricciones.
¿Qué pasó con la película?
Aunque Ciclo de cielo sobre viento no se conservó completo, y hoy solo quedan fragmentos en YouTube, esa obra marcó el inicio de una relación profunda del Indio con el cine. Además, fue la base para otras experiencias audiovisuales y experimentos visuales en las que participó, como el cortometraje Celos o proyectos como Frazin cazador y El sueño de Onia. Muchas de esas producciones se proyectaban en lugares alternativos como El Club del Bucle, un centro cultural underground donde se hacían proyecciones, fiestas y encuentros literarios.
El origen de una leyenda multifacética
Todo esto demuestra que el Indio Solari fue mucho más que un cantante. Fue un artista integral que experimentó con diferentes formas de expresión y que en sus memorias dejó un testimonio de esa faceta oculta. Aunque la película completa se perdió en el tiempo, su espíritu de creador y su pasión por el cine siguen siendo parte de su legado y de la historia del rock argentino.




