Un campeón en la cancha y en la vida

En la Villa Suramericana, el sol empieza a calentar el día y la energía de los atletas que participan en los Juegos Suramericanos ya se siente en el aire. Entre ellos, destaca Santiago Ferrari, un joven de 22 años que, con una sonrisa que contagia, camina con tranquilidad. Es un referente en la gimnasia de trampolín, especialmente en la modalidad doble mini tramp, en la que se convirtió en el primer argentino en coronarse campeón mundial en Santarém 2023.

Su historia no es solo de logros deportivos, sino también de esfuerzo y dedicación. Santiago, originario de San Salvador de Jujuy, no solo vive para saltar y entrenar. Cada mañana, aprovecha las horas libres para compartir con sus compañeros, desayunar juntos y disfrutar del día. La rutina empieza muy temprano, y eso para él es parte de la clave para mantenerse enfocado y feliz.

El doble rol: deportista y estudiante

Su día a día es un verdadero rompecabezas: trabaja en atención y ventas en una empresa desde las 8 de la mañana, entrena desde las 4 de la tarde hasta las 6 y media, y además, da clases de gimnasia hasta las 8 de la noche. Pero eso no es todo. Después, se dedica a estudiar Administración Agraria en modalidad virtual. Antes, intentó estudiar Ingeniería Agrónoma de manera presencial, pero le resultó imposible compatibilizar ambas cosas. Ahora, con esfuerzo, espera recibirse el próximo año.

Para Santiago, cada sacrificio tiene sentido. “Siento que descanso cuando subo a la plataforma. Vivo el día a día, porque en nuestro deporte todo puede cambiar en segundos”, explica con madurez. La presión de ser campeón del mundo también le trajo desafíos emocionales. Reconoce que al principio fue un peso muy grande, pero ahora trabaja con un psicólogo deportivo para mantener la cabeza en orden y seguir adelante.

Los sacrificios que marcaron su camino

Desde chico, Santiago tuvo que dejar atrás momentos importantes de su adolescencia para centrarse en su sueño de estar en la cima. No participó en la Cena Blanca ni en el viaje de egresados; mientras sus amigos se divertían en fiestas, él prefería entrenar o estudiar. Y aunque esos sacrificios no fueron fáciles, no tiene dudas de que valieron la pena.

Su familia fue fundamental en su recorrido. Su papá, kinesiólogo, siempre estuvo apoyándolo, al igual que su mamá. En varias oportunidades, vieron cómo su familia invirtió recursos y esfuerzo para que él pudiera competir en el exterior, como en el Mundial de Dinamarca en 2015. Santiago lo recuerda con gratitud y asegura que sin ese respaldo, no estaría donde está ahora.

El apoyo y la visión del futuro

En su vida también aparece alguien muy importante: su pareja, Mercedes. Él la define como su mano derecha, aunque con humor aclara que la molesta mucho, sobre todo para que se vuelva influencer y se promocione en redes sociales. Santiago, más tranquilo, reconoce que las redes son una herramienta poderosa para abrir puertas y crecer profesionalmente.

Y en esa misma línea, no olvida el apoyo de las instituciones. Para la gira que realizará en Alemania, España y China, el ENARD (Entidad Nacional de Alto Rendimiento Deportivo) cubrió todos los gastos, menos las inscripciones, que son mínimas comparadas con lo que implica competir en el extranjero. Santiago valora mucho esa ayuda, porque sabe que no todos sus compañeros tienen esa suerte. De hecho, comenta que muchos atletas en Argentina deben hacer esfuerzos enormes para juntar dinero e incluso pagan de su bolsillo para competir.

Mirando más allá del presente

Para Santiago, el deporte argentino tiene una diferencia importante: la garra. “El argentino pone mucho huevo, quiere salir adelante a toda costa”, opina. Sin embargo, también reconoce que la falta de competencia internacional constante es un problema. La experiencia en torneos en Europa, por ejemplo, ayuda a los deportistas a sentir la presión y el nerviosismo de una competencia de alto nivel, algo que en Argentina todavía cuesta conseguir.

¿Qué significa para él saltar? La respuesta es simple y apasionada: sentir esa cosquillita en la panza, esa sensación de desafiar a la gravedad y tener la oportunidad de ver todo desde arriba. Es un momento que le llena de alegría y que sueña repetir en los Juegos Olímpicos de Los Angeles 2028.

El ritual que lo prepara para saltar al éxito 🧘‍♂️

Antes de subir al trampolín, Santiago tiene un ritual muy especial. Acaricia el aparato y le dice: “Dale, ayudame en esta”. Es una costumbre que empezó cuando era chico y que ahora le da la motivación que necesita para dar lo mejor de sí en cada salto.

Mientras tanto, sigue soñando y trabajando duro, con la esperanza de que ese esfuerzo lo acerque cada vez más a su gran meta: los Juegos Olímpicos. Porque, como él mismo dice, todavía tiene mucho por recorrer y varios sueños por cumplir.