Una historia detrás del escenario

Desde que era una nena, Soledad Silveyra encontró refugio en la música, tapando el ruido de su familia con una canción de Palito Ortega. Ese apodo, «solita», quedó marcado en su vida y en su carrera, convirtiéndose en una marca que la acompaña hasta hoy, con 74 años y una historia llena de desafíos y logros.

En su visita al Teatro San Martín, la actriz se mostró con una sonrisa, a pesar de las heridas recientes. Hace poco sufrió una caída en su casa, que le provocó una fractura en una vértebra lumbar. Aunque el dolor la acompaña al caminar, ella no se detiene: maquillada, coqueta y con un humor que contagia, se quedó toda la tarde charlando con periodistas.

El documental que va más allá del recuerdo 🎬

El motivo oficial de su visita es el estreno de El último viaje a China, un documental que protagoniza y que llega al teatro el 20 de abril. Pero más allá de eso, la película es una excusa para reencontrarse con China Zorrilla, su amiga y figura fundamental en su vida. El film combina material de archivo, testimonios y escenas que conectan pasado y presente, buscando mostrar quién fue la actriz uruguaya y qué dejó en quienes la amaron y trabajaron con ella.

Silveyra describe a China como una figura materna, una maestra que le enseñó a vivir y a actuar. Para ella, esa amistad trasciende la muerte, que ocurrió en 2014. La actriz admite tenerla presente en cada salida al escenario, con fotos en su mesita y en el teatro, como un símbolo de inspiración y memoria.

Además, invita a los jóvenes a ver la película, asegurando que entenderán y sentirán lo que fue China Zorrilla: una mujer con una fuerza de vivir enormes. Para Silveyra, ese ejemplo es un mensaje importante en un momento en que la vida misma la invita a reflexionar sobre su propia existencia.

La vejez y el paso del tiempo, sin filtros 🚶‍♀️

La actriz no esquiva las palabras cuando habla de la vejez. Confiesa que volvió a terapia para reconectar con las cosas simples: disfrutar, reír y estar con quienes quiere. La experiencia de la pérdida de energía, el dolor físico y la irritabilidad la llevó a un proceso de autoconocimiento y aceptación.

El cuerpo le juega malas pasadas, y ella misma reconoce que todo le emociona más que antes. En medio de esas sensaciones, el trabajo sigue siendo su motor. “Si no trabajo, me muero”, repite con firmeza. La obra ¿Quién es quién?, en la que comparte escenario con Luis Brandoni, tuvo que suspenderse por los problemas de salud del actor, algo que la afectó profundamente. La admiración que siente por él es enorme, y la vulnerabilidad que ve en su amigo la hace pensar en lo frágil que puede ser la vida.

La muerte, una decisión pensada y sin miedo ⚰️

Silveyra tiene una visión clara sobre el final: no le teme a la muerte. Para ella, cuando llega, simplemente llega. La experiencia de un ACV en 2021 y una neuralgia en 2024 la llevaron a pensar en la eutanasia, un tema que empezó a conversar con sus hijos. Uno de ellos está de acuerdo, el otro no, pero ella ya sabe cómo sería el proceso: tendría que viajar a Ginebra y pagar alrededor de 15 mil libras para acceder a ese derecho.

Su decisión surge de su deseo de evitarle sufrimiento a sus seres queridos, especialmente tras la historia de su mamá, que se suicidó. Ella prefiere pensar en una salida digna, sin cargar a nadie con su dolor. “No quiero que mis hijos tengan que pasar por eso”, dice, dejando claro que no busca un final romántico, sino una forma práctica de cerrar su historia.

Un momento de cansancio, pero con ganas de seguir 🔥

Reconoce que está en un momento complicado, con dolores que la han golpeado duro, pero no piensa en rendirse. Tiene proyectos en marcha, como una novela biográfica que quiere escribir para dejar su legado y ordenar su historia. Esa misma nena que ponía música para aislarse del ruido, hoy sigue buscando su lugar en un mundo que cambia rápidamente.

Aunque sus días están marcados por el cansancio y los desafíos físicos, su espíritu sigue intacto. La fuerza de seguir adelante, con decisiones que a veces incomodan, con momentos críticamente difíciles, la mantienen en movimiento. Porque, al fin y al cabo, su mantra es simple: seguir, a su manera, con garra, con amor y con la certeza de que todavía tiene mucho para dar.