Un nacimiento con historia y un destino lleno de altibajos

El 23 de abril de 1936, en un pequeño pueblo de Texas, nació Roy Orbison, un niño que desde el principio estuvo marcado por una vida difícil. Su familia era modesta: su madre, enfermera, y su padre, perforador de pozos petroleros. Desde pequeño, la música estuvo presente en su entorno, con su padre cantando canciones de artistas como Jimmie Rodgers y Hank Williams. A los seis años, Roy ya tocaba la guitarra y conocía su primer acorde, un Mi menor.

De Texas a la escena musical mundial 🎶

En sus primeros años, Roy se inclinó por el country, el gospel y el blues. En 1956, empezó a vivir de la música, formando parte del grupo Wink Westeners y estudiando Geología en paralelo. Pero su verdadera pasión era el rockabilly, y con su primer éxito, «Ooby Dooby», vendió más de 200 mil copias en todo el mundo. Sin embargo, fue en los años 60 cuando alcanzó su mayor fama con canciones como «Oh Pretty Woman», «Crying», «Running Scared», «In Dreams» y «Only The Lonely».

Un ícono en la sombra 🌟

Una anécdota que quedó en la historia es cuando Roy, en una gira por Escocia, fue telonero de Los Beatles y la gente pedía por él en lugar de los Fab Four. La imagen de Orbison, con su uniforme oscuro y anteojos gruesos, era la de un artista tímido, casi tímido al extremo, que parecía temer el escenario. Se habla incluso de que fue uno de los primeros casos de «pánico escénico» en la historia de la música popular. A pesar de su timidez, su impacto fue enorme: conquistó a millones con su voz profunda y su estilo único.

El amor y las tragedias que marcaron su vida 💔

Pero la vida de Roy no fue solo éxitos. En 1966, su esposa Claudette, con la que había formado un vínculo muy fuerte y quien inspiró la famosa canción «Pretty Woman», falleció en un accidente de moto. Dos años después, en una gira, su rancho en Tennessee se incendió y murieron sus dos hijos mayores. Solo uno de sus hijos, el menor, logró sobrevivir y fue criado por los abuelos del artista.

Tras estas pérdidas, Roy intentó rehacer su vida. Se casó con Barbara Jakobs, una joven productora musical alemana, con quien tuvo otros dos hijos. Pero sus problemas no terminaron allí. La industria empezó a olvidarlo en medio del auge de la invasión británica y otros movimientos musicales. Además, en 1977 sufrió un grave cuadro cardíaco que requirió un triple bypass.

Un renacer en la década del 80 ✨

El paso del tiempo y las dificultades no lograron apagar su talento. En los años 80, alguien en la industria musical vio de nuevo en él un potencial. Sus viejos temas fueron regrabados por otros artistas como Linda Ronstadt, y su música empezó a sonar en producciones como la película «Blue Velvet» de David Lynch. Esto le permitió volver a los escenarios y a la atención del público.

En 1987, Roy ganó un Grammy por una versión de «Crying» que hizo junto a K.D. Lang. También formó parte de los Traveling Wilburys, un supergrupo con figuras como Bob Dylan, George Harrison y Tom Petty. En esa misma época, preparaba un nuevo disco: «Mystery Girl». El hit «You Got It», escrito por Jeff Lynne y Tom Petty, fue una de sus canciones más importantes en esa etapa final.

El final abrupto y su legado 🎤

En noviembre de 1988, durante una visita a Ohio para un concierto, Roy comenzó a sentir dolores en el pecho. A pesar de sus problemas de salud, decidió seguir trabajando. El 6 de diciembre, tras cenar, se fue a dormir y nunca despertó. Tenía solo 52 años.

La muerte de Roy Orbison fue un golpe para el mundo de la música. Sin embargo, su legado vive en sus canciones, en su voz inconfundible y en la historia de un artista que, a pesar de las tragedias, logró dejar una huella imborrable en la historia del rock y la balada.