Una obra que desafía historias conocidas 🎬✨
En un bar de Palermo, bajo la lluvia que no deja de caer, Romina Richi y Margarita Páez charlan sobre su próximo estreno: «Es teatro, es deseo: Julieta y Romeo». La obra se estrenará el jueves 3 de septiembre en el Polo Cultural Saldías, y promete ser mucho más que una simple adaptación del clásico de Shakespeare. Es una mirada renovada a una historia que todos conocemos, pero desde una perspectiva distinta.
¿Por qué Julieta y Romeo, y no Romeo y Julieta? 🤔
Romina, que además de dirigir es la autora del guion, explica que quiso darle la vuelta al clásico. “No es Romeo y Julieta, sino Julieta y Romeo”, aclara. La idea surgió de su interés por contar una historia que todos conocen, pero desde otro ángulo, poniendo en foco el deseo, ese motor invisible que mueve a los personajes y a las historias humanas en general.
La obra incorpora personajes como Hamlet, Lady Macbeth, Ofelia, Ricardo III, Calibán y Cleopatra. La presencia de estos personajes no es casual: todos ellos, dice Romina, representan distintas facetas del deseo. La puesta busca explorar cómo el deseo influye en cada historia y en cada personaje, en un recorrido que también invita al público a reflexionar sobre sus propios anhelos.
¿Y qué tiene que ver la pasión familiar en todo esto? 💖
Lo que hace aún más especial este proyecto es la relación entre madre e hija que lo lleva adelante. Romina y Margarita, con personalidades opuestas pero complementarias, se enfrentan a esta experiencia con intensidad. La pasión por el arte las une, pero también las desafía en diferentes roles y situaciones.
Para Margarita, que desde pequeña supo que quería ser actriz, trabajar con su mamá en un escenario es un sueño hecho realidad, aunque también un desafío. “Nunca me rebelé contra el arte en mi casa; siempre estuvo presente en todos lados”, confiesa. La historia familiar y el arte parecen estar entrelazados desde siempre, y en esta obra la conexión se profundiza aún más.
El arte, un lenguaje que atraviesa generaciones 🎶🎨
El vínculo con el arte en la familia Páez-Richi es tan fuerte que Margarita incluso lleva el nombre de su abuela, una pianista. La pasión por la actuación también la heredó de sus padres, en especial de su padre, Fito Páez, aunque Romina explica que en música no se mete mucho. Sin embargo, le envió algunos tracks para la obra y planea que su padre la vea en noviembre, para sorprenderlo.
Romina, por su parte, estudió Dirección de Ópera y eso le sumó una mirada más amplia sobre la escena. La curiosidad y ganas de aprender la llevaron a terminar su carrera en solo tres años, y a experimentar en diferentes formatos, incluso creando una película en casa que se estrenó en el BAFICI.
¿Qué significa esto para su relación? ❤️
Trabajar juntas en un proyecto tan grande cambió la dinámica entre madre e hija. Romina intenta mantener la distancia entre el rol de directora y madre, aunque reconoce que a veces es difícil. Margarita, por su parte, siente que en esta obra el vínculo se vuelve aún más fuerte, ya que el grupo completo, con bailarines, músicos y actores, hacen que el peso de la historia sea colectivo y no solo personal.
Ambas coinciden en que esta experiencia las marcará para siempre. La emoción y los nervios están a flor de piel, y aunque a veces las lágrimas aparecen, saben que están viviendo algo único.
Un escenario que trasciende los límites 💥
La puesta en escena es grande y ambiciosa: quintetos de cuerdas en vivo, piano, bailarines y una puesta en escena que busca impactar. Margarita confiesa que en algunos momentos no entiende todo lo que pasa en el escenario, pero confía en su mamá. Romina, por su parte, siente que cada día es una aventura, una oportunidad para seguir aprendiendo y creando.
¿El sueño? Que su familia, en especial su papá, pueda verla en acción y disfrutar del resultado. “Que venga y se sorprenda”, dice Romina con una sonrisa.
La pasión que trasciende el escenario 🔥
Más allá de la obra, lo que queda en evidencia es la fuerza del vínculo artístico y familiar que une a Romina y Margarita. La obra no solo es un producto cultural, sino también una experiencia de vida que ambas compartirán y que, con el tiempo, seguramente se convertirá en un recuerdo imborrable.
En un mundo donde las historias a veces parecen lejanas, esta dupla demuestra que el arte puede ser un puente poderoso entre generaciones, sentimientos y sueños. Y que, en el escenario, todo es posible cuando hay pasión, compromiso y mucho amor por lo que se hace.




