Una noche que quedó en la memoria
Imagina estar en un estadio cubierto, rodeado de amigos, cantando a todo pulmón y viviendo una fiesta que parecía no tener fin. Eso fue exactamente lo que le pasó a Virginia Messi aquella noche del sábado 9 de junio de 1990, en un recital de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota en el Estadio Cubierto de Parque Sarmiento.
Un concierto que marcaría la historia
Para Virginia, esa noche fue pura felicidad. La recuerda como si fuera ayer: el frío del invierno no existía, y ella, con apenas 19 años, disfrutaba de su primera experiencia en un recital de Los Redondos. La banda, conocida por su energía y letras que atravesaban la cultura rock argentina, era un fenómeno que generaba una verdadera fiesta en cada presentación.
En esa época, los seguidores del grupo odiaban a Soda Stereo, y la escena musical tenía un espíritu mucho más rebelde y auténtico. Sin celulares ni fotos, la gente se concentraba en el momento, viviendo cada canción y cada pogo como si fuera único. La banda presentaba temas que se convertirían en clásicos, como Susanita, que fue interpretada por El Indio Solari, el frontman que todavía hoy es recordado por su estilo único y su presencia en el escenario.
Recuerdos de juventud y rebeldía
Virginia rememora cómo en esa noche, la alegría y la libertad estaban a flor de piel. Los recitales ricoteros en la Capital tenían algo especial: un ambiente de hermandad, de desconexión del mundo cotidiano, donde todo parecía posible. La policía, por aquel entonces, no había llegado a la violencia que años después marcaría a la historia del rock argentino, como en el caso del fallecimiento de Walter Bulacio en 1991.
Con apenas 19 años, ella llegó con lo justo para abordar un colectivo y con la libretita de su DNI en el bolsillo, sin saber mucho de cerveza ni de esas otras cosas que ahora parecen tan comunes. Pero la pasión por la música y la emoción del momento la hacían sentir viva, en un universo propio donde la música era el idioma universal.
La magia de los Redonditos y su legado
En esa época, los Redonditos eran aún una banda en plena gestación, no la maquinaria masiva que sería en años posteriores. La letra de temas como El infierno está encantador resonaba en sus oídos, con frases que aún hoy siguen vigentes en la memoria de quienes los vivieron en vivo.
La historia de Los Redonditos de Ricota, con su estilo único y letras que mezclaban poesía y rebeldía, quedó impresa en la memoria de muchos. La noche de junio de 1990 fue solo una muestra de ese fenómeno que lograba unir a miles en una misma pasión, en un momento en que la música era la forma más pura de expresión.
Un capítulo de la historia del rock argentino
Con el paso del tiempo, esas noches se convirtieron en relatos que se transmiten de generación en generación. La energía, la alegría y la ingenuidad de aquella juventud que cantaba sin miedo siguen siendo un símbolo de una época que muchos recuerdan con nostalgia y orgullo.
Hoy, quienes vivieron esa noche saben que fue mucho más que un simple concierto: fue una celebración de la música, la amistad y la libertad. Y aunque pasaron casi 36 años, esa memoria sigue intacta en el corazón de quienes formaron parte de ella.




