Inflación, guerra y mercados en vilo: la tormenta perfecta

El mes de agosto dejó una noticia que cambió las reglas del juego en Estados Unidos y, por ende, en todo el mundo: la inflación subió más de lo esperado. Aunque la cifra general se mantuvo en un +0,4%, lo que realmente llamó la atención fue el aumento en la inflación núcleo, que se elevó a 0,3% y la super-núcleo, que trepó a 0,5%. Esto implica que los precios subieron incluso en los bienes y servicios que no suelen variar tanto, y que la inflación está más persistente de lo que parecía.

¿Qué significa esto? La Reserva Federal (Fed), que es como el banco central de EE.UU., tiene en sus manos la última excusa para no subir las tasas de interés. La próxima reunión de la Fed será el martes y miércoles, y la expectativa general es que podrían aumentar las tasas en un cuarto de punto, algo que los mercados ya descuentan con casi un 90% de probabilidad. Sin embargo, no todos están convencidos. Los economistas y los inversores quieren ver para creer, y esa incertidumbre generó un rally de alivio en los mercados el viernes, tras una semana difícil.

El desafío de Scott Bessent y los bonos del Tesoro 💸

El secretario del Tesoro, Scott Bessent, intentó sostener los bonos del gobierno estadounidense con una recompra de deuda a largo plazo, pero la jugada no salió como esperaba. La oferta fue pequeña y no logró calmar las ganas del mercado: la tasa de los bonos a diez años, que mide el costo de la deuda a largo plazo, subió a casi 5%, su nivel más alto en años, y la de los bonos a 30 años también aumentó.

¿Por qué pasa esto? La causa principal está en el contexto internacional, especialmente en el Golfo Pérsico. El petróleo, que había bajado a unos 105 dólares el barril, subió un 9% en una semana, alcanzando los 110 dólares. La causa de este aumento tiene que ver con las tensiones en la región, donde ataques a oleoductos y la ocupación de puertos por parte de rebeldes hutíes en Yemen complican la situación. Además, las sanciones de Estados Unidos contra Irán y la ofensiva para aislarlo economicamente han tenido efectos colaterales, como el encarecimiento del petróleo.

El aumento del precio del petróleo, en definitiva, empuja al alza las tasas de interés a largo plazo y complica aún más la situación de los bonos del Tesoro. A pesar de ello, la demanda de bonos sigue siendo fuerte: en las subastas de la semana, se vendieron bonos a 10 años por 39 mil millones de dólares y a 30 años por 22 mil millones, con una participación extranjera récord en los bonos más largos. La demanda supera la oferta, lo que indica que los mercados todavía confían en la deuda estadounidense, aunque el contexto internacional genera incertidumbre.

¿Y qué pasa en la guerra económica y en el Golfo? 🌐🔥

La estrategia de Estados Unidos para presionar a Irán sigue en marcha, con ataques y sanciones que buscan ahogar la economía iraní. Sin embargo, los resultados no son del todo claros. La ofensiva, llamada «Operación Paria Económico», buscaba aislar a Irán, pero en la práctica, Irán ha logrado avanzar en su control de rutas marítimas clave, como Bab el Mandeb, tras ataques en el Mar Rojo y la ocupación de puertos por parte de los rebeldes hutíes, aliados de Teherán. Además, Arabia Saudita y sus aliados se vieron obligados a convocar una reunión de urgencia con Irán, algo que no pasaba desde 2024, ante la escalada de tensiones.

Mientras tanto, China ofreció mediar entre EE.UU. e Irán, en un intento por evitar una crisis aún mayor. La situación en Oriente Medio sigue siendo un polvorín, y el aumento del petróleo refleja esa tensión. Trump afirmó que la situación se resolverá después de las elecciones presidenciales en EE.UU., que serán en noviembre, pero en la región la prisa por resolver las cosas es mucho mayor.

Un juego de fuerzas: ¿quién gana y quién pierde? 🎯

La jugada de Bessent y la Fed en medio de toda esta confusión internacional tiene sus propios desafíos. La política monetaria no puede mantenerse quieta mucho tiempo cuando las tensiones geopolíticas y el mercado petrolero están en ebullición. La tensión entre mantener la independencia del banco central y atender las presiones políticas se hace cada vez más evidente.

En julio, la reunión de la Fed fue clave: algunos disidentes propusieron subir las tasas, pero la mayoría decidió mantenerlas sin cambios. Sin embargo, esa decisión dejó en evidencia las dudas internas y la vulnerabilidad ante lo que pase con Irán y el petróleo. La curva de tasas, que mide la diferencia entre las tasas cortas y largas, se ha empinado, y la brecha entre las tasas a dos años y las tasas de fondos federales se amplió, reflejando las expectativas de que la economía podría verse afectada en el futuro.

¿Qué puede pasar ahora? La expectativa es que la Fed, ante estos datos y tensiones, pueda decidir un aumento en las tasas para frenar la inflación y evitar que se descontrole, aunque eso signifique poner más presión sobre la economía y los mercados. La próxima semana será clave para ver si los líderes del banco central están dispuestos a tomar esa decisión o prefieren seguir esperando.

En resumen: ¿Qué nos deja esta tormenta?

La economía global está atravesando por una situación muy delicada, con inflación persistente, tensiones en Oriente Medio, y una política monetaria que todavía no logra encontrar el equilibrio. Los mercados, en medio de la incertidumbre, muestran signos de nerviosismo, pero también de confianza en que, a pesar de todo, la demanda de bonos sigue siendo fuerte. La gran pregunta ahora es si la Fed dará un paso más para controlar la inflación o si preferirá esperar a ver cómo evolucionan las tensiones internacionales y los precios del petróleo.

Lo que está claro es que, en este escenario, nada está garantizado, y las próximas semanas serán decisivas para entender qué rumbo tomará la economía mundial en medio de este torbellino.