Un nuevo capítulo en la relación entre fútbol, justicia y poder en Argentina

El pasado 4 de noviembre, en la presentación oficial de la Universidad de la Asociación del Fútbol Argentino (UnAFA), se dio a conocer un movimiento que generó suspicacias y preguntas sobre cómo se entrelazan los mundos del fútbol, la justicia y la política en el país.

Claudio «Chiqui» Tapia, presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), anunció que Alberto Barbieri, un contador público que fue rector de la Universidad de Buenos Aires (UBA), sería quien lideraría la nueva universidad del fútbol. Además, se presentó a Juan Bautista Mahiques como su vicerrector, una figura que llamó la atención por su pasado y sus vínculos con el poder.

La salida y la continuidad de Mahiques 🧐

Lo curioso es que, según Mahiques, apenas después de aceptar el cargo, pidió que su nombre fuera eliminado del sitio web oficial de la UnAFA, alegando que renunciaba a ese puesto. Sin embargo, su nombre permaneció visible en la página de la AFA durante meses, hasta marzo de 2026, lo que llevó a pensar que quizás quiso mostrar distancia de la organización o simplemente fue un error. Pero lo cierto es que sus vínculos con instituciones poderosas no se limitan a esto.

¿Un jugador más en la cancha de la política? 🎲

El ministro de Justicia de Argentina ocupa además un cargo importante en la Conmebol, la confederación sudamericana de fútbol. Allí, trabaja sin cobrar salario ni viáticos, en un puesto que le fue propuesto y aprobado por Tapia, quien mantiene una relación cercana con Alejandro Domínguez, el presidente de esa organización. Además, Mahiques forma parte del Tribunal de Resolución de Disputas de la FIFA, que funciona como una instancia previa al Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS).

Este vínculo con el fútbol internacional no es casual. La familia Mahiques tiene una historia fuerte en el ámbito judicial, con su padre, Carlos Mahiques, que es magistrado de la Cámara Federal de Casación Penal, y con el propio ministro, que fue ratificado en su cargo por otros cinco años tras la aprobación del Senado. Los lazos familiares y profesionales parecen reforzar una red de poder donde la justicia y el deporte se cruzan y se potencian mutuamente.

¿Qué hay detrás de los movimientos judiciales? ⚖️

Hace unas semanas, el mismo Carlos Mahiques estuvo involucrado en decisiones judiciales relacionadas con casos que involucran a la AFA. En particular, dejó un caso importante sobre una mansión en Pilar, que sería del tesorero de la AFA, Pablo Toviggino. La razón oficial fue que dejó la causa por motivos de competencia, pero fuentes cercanas indican que su decisión estuvo influida por una publicación que reveló que el camarista había festejado su cumpleaños en esa misma propiedad.

Este tipo de conexiones, en donde jueces, fiscales y dirigentes del fútbol se cruzan en encuentros en lugares como la mansión de Pilar, alimentan las sospechas de que en Argentina la justicia y el deporte no siempre funcionan de forma independiente. En algunas ocasiones, los encuentros parecen más una reunión de amigos en un club privado que una sesión judicial.

¿Qué significa todo esto?

La presencia de familiares y figuras judiciales en cargos relacionados con el fútbol no parece ser una simple coincidencia. La relación entre la familia Mahiques y la AFA, a través de figuras como Esteban Mahiques, jefe de Gabinete del Ministerio de Justicia, sugiere que en Argentina hay una especie de red de intereses donde la justicia y el deporte se entrelazan en formas que no siempre son transparentes.

Así, la salida de Juan Bautista Mahiques de la UnAFA —que algunos interpretaron como un simple movimiento técnico— parece en realidad ser solo una pieza en un tablero mucho más grande, donde la lealtad y los intereses cruzados marcan el ritmo de esta partida.

En definitiva, estos movimientos dejan en evidencia cómo en Argentina los límites entre fútbol, justicia y política a veces se difuminan, y las decisiones en uno de estos ámbitos pueden tener repercusiones en los otros. La pregunta que queda en el aire es: ¿hasta cuándo podremos confiar en que estas instituciones funcionan de manera independiente y transparente?