El mercado de la carne en crisis: importaciones que cambian las reglas del juego
En Argentina, la carne ya no es solo una cuestión de tradición y consumo local. Hoy, el mercado está atravesando cambios profundos, impulsados por un aumento masivo en la importación de carne de Brasil. ¿El objetivo? mantener los precios en góndola y evitar que suban demasiado, especialmente en un contexto donde el poder adquisitivo de la gente se estresa cada vez más.
¿Por qué se importa tanta carne? ¡Y cómo afecta esto a los precios!
Hasta hace unos años, importar carne era algo casi marginal, con solo unas 500 toneladas al año, especialmente en fechas clave como Navidad. Pero ahora, esa cifra se multiplicó por más de 60, alcanzando las 65.000 toneladas proyectadas para este año, con Brasil siendo el principal proveedor (el 80% de esas importaciones). También llegan cortes desde Paraguay y Uruguay, pero Brasil domina claramente.
¿Y qué impacto tiene esto? Que los cortes económicos —como el lomo, la nalga y el vacío— que suelen consumir los argentinos, están llegando a precios mucho más bajos que los nacionales. Por ejemplo, un kilo de lomo que en Argentina se vende entre 20.000 y 23.000 pesos, puede llegar a costar en las góndolas solo 9.000 pesos si es importado de Brasil. Esto permite que los supermercados tengan una estrategia ganadora: vender carne más barata y, a la vez, obtener mayores márgenes de ganancia.
El cambio en la matriz productiva y de consumo
Argentina está viviendo un cambio en su forma de producir y consumir carne. Mientras exporta cortes premium —como el bife de chorizo— a países donde se pagan precios altos, en el mercado interno se apuestan por cortes más económicos importados. Esto ayuda a mantener los precios en las góndolas estables, incluso en un escenario donde el consumo total de carne vacuna cayó a niveles históricos.
Para entender mejor, en 2026, cada argentino consumiría entre 42 y 45 kilos de carne vacuna por año. Es una reducción significativa respecto a los 55-60 kilos de años anteriores e incluso los 70 kilos de comienzos de la década pasada.
¿Qué opción tiene el consumidor? ¡Pollo, cerdo y huevos para todos!
Con la carne vacuna en baja, muchas personas optan por otras proteínas más económicas. El pollo se convirtió en la opción número uno, con un consumo promedio de 51 kilos anuales por persona. Además, el cerdo y los huevos también ganaron terreno, en parte por precios más accesibles y su alto contenido de proteínas.
El pollo, en particular, se convirtió en la principal alternativa. Es más barato y se consiguió en las góndolas a precios muy competitivos, incluso más bajos que la carne vacuna importada. Los huevos, con precios en torno a los 5.000 pesos por docena en el área metropolitana, también se consolidaron como un recurso barato y nutritivo.
¿Qué pasa con el asado argentino? La excepción que confirma la regla
A pesar de toda esta ola de importaciones, hay un corte que se mantiene estable en el mercado interno: el asado argentino. Este corte, que no suele exportarse y se reserva para el consumo local, mantiene precios más accesibles en comparación con otros cortes premium. Desde el sector aseguran que no esperan subas bruscas en los precios de este corte, salvo los ajustes habituales por temporada.
¿Qué significa todo esto para el futuro de la carne en Argentina?
El panorama muestra que la importación de carne está jugando un papel fundamental en mantener los precios estables y evitar que se disparen. Pero también plantea un cambio en la manera en que Argentina produce, exporta e importa carne. La tendencia apunta a que el país siga siendo un productor de cortes de alta calidad para el mercado internacional, mientras que en el mercado interno se apuesta por cortes más económicos y importados.
En definitiva, la carne en Argentina ya no es solo un símbolo de tradición. Se convirtió en un mercado en plena transformación, donde las decisiones de importación, exportación y consumo están redefiniendo quién come qué y a qué precio.




