La realidad del empleo en Argentina: números que preocupan

En Argentina, la situación laboral no es la mejor. Según un informe reciente de Misión Productiva, entre noviembre de 2023 y mayo de 2026, se perdieron más de 241 mil puestos de trabajo en el sector formal, tanto en el sector privado como en el Estado y casas particulares. La cifra puede parecer gigante, y lo es, pero lo que llama la atención es cómo estos números se comparan con lo que se promete desde el Gobierno.

¿Qué promete el RIGI y qué se puede esperar?

El Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (RIGI) es uno de los caballos de batalla del Gobierno para impulsar el empleo. Según datos oficiales, los 21 proyectos que forman parte de este plan prometen crear unos 95.158 nuevos empleos. Sin embargo, si solo contamos los empleos permanentes y directos —los que realmente aportan estabilidad a los trabajadores— esa cifra se reduce a apenas 13.400 puestos. Es decir, solo el 4% de los empleos perdidos en el país en ese período podrían ser recuperados con estos proyectos, si todos se cumplen y cumplen con las expectativas.

¿Son suficientes estos proyectos?

Para poner en perspectiva, la organización Misión Productiva explica que, por cada 100 empleos que se perdieron, el RIGI solo generaría 28 en total, y apenas 4 de esos serían empleos permanentes. La diferencia es clara: estos megaproyectos, que están muy enfocados en sectores como energía y minería, no alcanzan a cubrir toda la caída laboral que hubo en otros rubros más tradicionales como la industria y el comercio. Además, no hay una política activa para desarrollar proveedores o fortalecer el empleo en otros sectores clave.

¿Y qué pasa con el empleo informal?

El Gobierno también destaca que en Argentina hay mucha informalidad, y que esa forma de trabajar responde a una transición económica. Desde Casa Rosada aseguran que esta transformación en el mercado laboral puede ser buena a largo plazo, porque permitirá crear empleos más adecuados a los tiempos modernos. Sin embargo, para muchos, la realidad es que todavía no se ven los frutos de estos cambios y, por ahora, la informalidad sigue creciendo.

El debate político y económico en torno al empleo

Mientras tanto, las declaraciones de los funcionarios del Gobierno y los análisis de los economistas muestran posturas diferentes. Algunos defienden que hubo una creación neta de empleos durante su gestión, incluso resaltando que en los últimos tiempos se crearon más de medio millón de nuevos puestos de trabajo, pero estos son en su mayoría trabajos cuentapropistas y en la informalidad, lo que no garantiza estabilidad ni derechos laborales.

Por otro lado, algunos expertos advierten que la recuperación del empleo requiere más que solo megaproyectos y beneficios fiscales. La economía argentina necesita que se dinamice y que se impulse la producción en sectores que realmente generen empleos de calidad y duraderos.

¿Qué se necesita para mejorar la situación?

Desde diferentes ámbitos, coinciden en que es fundamental reconstruir un diálogo entre sindicatos y empresarios, y apostar por políticas que impulsen la producción y el empleo formal. La idea es que los proyectos de inversión sean más inclusivos y que tengan un impacto real en la generación de trabajos estables y bien remunerados.

¿Qué podemos esperar del futuro?

Por ahora, el panorama muestra que los esfuerzos del Gobierno, como el RIGI y la Ley de Modernización Laboral, no alcanzan a revertir la caída del empleo en el corto plazo. La clave será que estas medidas se complementen con políticas que fomenten la inversión en sectores estratégicos y que desarrollen programas para formalizar el trabajo y mejorar las condiciones laborales.

Resumen: ¿Es suficiente el plan?

Los números dejan en claro que, aunque el RIGI promete crear casi 100 mil empleos, en realidad solo recuperaría una pequeña parte de los puestos perdidos. La economía argentina necesita más que megaproyectos: requiere una estrategia integral que genere empleo de calidad, que incluya a todos los sectores y que propicie un diálogo real entre quienes producen y quienes generan políticas públicas.