¡Una banda en prisión hacía llamadas que parecían oficiales y lograba estafar a muchas personas!

Una historia que parece sacada de una serie, pero que ocurrió en realidad en Jujuy. Un grupo de presos en una cárcel local logró montar un esquema de estafas a nivel nacional, usando teléfonos escondidos en sus celdas y fingiendo ser el propio presidente de la Corte Suprema, Horacio Rosatti. La Justicia tomó cartas en el asunto y los procesó, revelando cómo operaban y cuánto dinero lograron conseguir con sus engaños.

¿Cómo funcionaba el engaño? 🕵️‍♂️

Los presos utilizaban celulares para hacer llamadas a diferentes dependencias policiales, penitenciarias y de seguridad en todo el país. En esas llamadas, decían ser el mismo Rosatti, usando su nombre, imágenes y hasta perfiles en WhatsApp con fotos del edificio de Tribunales y la denominación «Corte Suprema de Justicia». La idea era que las víctimas confiaran en ellos y, sin sospechar, proporcionaran datos sobre personas detenidas.

Luego, con esa información, contactaban a familiares o allegados de los presos, siempre con la misma estrategia: fingir que estaban hablando en nombre de la justicia y que podían conseguir la libertad de los detenidos si pagaban una «fianza» o gastos ficticios. En algunos casos, incluso simulaban representar a empresas privadas, prometiendo premios como autos, dinero o electrodomésticos, y pedían transferencias para «gastos de trámite».

¿Qué tan peligrosos eran? ⚠️

Los involucrados en estas maniobras tenían antecedentes penales y estaban en prisión por delitos graves. Uno, por ejemplo, tiene una condena de más de cinco años por robo agravado con armas, y otros cumplen penas por homicidio, tentativa de homicidio y robos en distintas circunstancias. Pero eso no los detenía, ya que usaban su tiempo en la cárcel para planear y ejecutar estos fraudes.

El operativo que llevó a la captura de la banda comenzó a fines de noviembre de 2024, después de que la Policía Federal recibiera un llamado en el que un supuesto «doctor Horacio Rosatti» solicitaba información sobre personas detenidas, diciendo que era por temas de derechos humanos. Desde ese momento, las investigaciones mostraron que los presos estaban detrás de esas llamadas, y que la estrategia era sofisticada y bien organizada.

El método, paso por paso 🔎

  • Usaban teléfonos con SIMs y cuentas bancarias virtuales para comunicarse y coordinarse.
  • Se hacían pasar por autoridades judiciales, en especial por Rosatti, usando su nombre, imagen y el logo de la Corte para dar mayor credibilidad.
  • Solicitaban listados de detenidos y datos personales a las fuerzas de seguridad, diciendo que eran parte de un relevamiento oficial.
  • Contactaban a familiares y les pedían dinero en concepto de «fianzas» o «trámites» para liberar a los presos, mostrando supuestos documentos y cargos oficiales falsos.
  • También enviaban llamadas y mensajes a dependencias policiales, con el objetivo de obtener más información y seguir estafando.
  • Cuando las requisas en la cárcel detectaron los teléfonos usados por los presos, estos comenzaron a borrar pruebas y a mover el dinero a nuevas billeteras virtuales para evitar ser descubiertos.

¿Y qué pasa ahora? 🚓

El juez federal Julián Ercolini procesó a cuatro de los presos involucrados y ordenó que permanezcan en prisión preventiva. Entre ellos están Cristian Acho, Sebastián López, Walter Vargas y Ramón Ríos. Todos tienen antecedentes y están en prisión por delitos graves, pero eso no los detuvo en su plan fraudulento.

La causa todavía está en marcha, pero ya se sabe que los presos actuaban de manera coordinada y con pleno conocimiento de que estaban haciendo algo ilegal. La utilización del nombre y la imagen de Rosatti, así como la referencia a la Corte, fue clave para que las víctimas confiaran y cayeran en la trampa.

¿Qué se puede aprender de esto? 🤔

Es una muestra de cómo los delitos tecnológicos y las estafas pueden venir de lugares insospechados. También pone en evidencia la importancia de verificar la información y no dejarse engañar por llamadas o mensajes sospechosos, aunque parezcan oficiales. La justicia está trabajando para que estos fraudes no vuelvan a suceder y para que los responsables respondan por sus acciones.