Un momento que marcó un antes y un después en la historia militar argentina

El 25 de abril de 1995, en plena noche, la televisión argentina fue testigo de un hecho que aún resuena en la memoria de muchos: Martín Balza, entonces Jefe del Estado Mayor del Ejército, decidió romper el silencio y hablar claro en el programa Tiempo Nuevo, conducido por el famoso periodista Bernardo Neustadt. Lo que empezó como una aparición más, se convirtió en un acto de valentía que cambió la manera en que las Fuerzas Armadas argentinas veían su pasado y su rol en la historia del país.

El discurso que sacudió los cimientos del Ejército

Durante casi diez minutos, Balza hizo un repaso histórico y sincero sobre la dictadura militar que empezó en 1976. Reconoció que la reconciliación con ese pasado llevaría generaciones y, por primera vez, afirmó que no tenían listas oficiales de desaparecidos, pero que si se pudieran reconstruir, él se haría responsable de difundir esa información. La declaración fue un paso gigante, porque mostraba una voluntad de transparencia y autocrítica que muy pocos esperaban de las Fuerzas Armadas en esa época.

Para entender la magnitud de ese momento, hay que imaginar la tensión en el estudio: periodistas, cámaras, y un general que, en vivo y en directo, reconocía errores y se comprometía a buscar verdad y justicia. Balza también relató cómo, en esa época, le llegaban denuncias de cuerpos enterrados en Campo de Mayo, una de las principales guarniciones militares del país, pero que nunca lograron encontrar pruebas concretas. Él mismo había pensado en hablar del tema el 29 de mayo, Día del Ejército, pero la situación lo llevó a tomar la decisión de hacerlo antes.

¿Qué pasó después? Reacciones y cuestionamientos

La reacción no se hizo esperar. Balza contó que recibió llamadas del entonces ministro del Interior, Carlos Corach, quien le pidió detalles de lo que iba a decir. Pero el general decidió no enviarle nada, porque consideraba que no tenía por qué justificar su discurso a nadie más que a su conciencia y a la historia. También habló con Oscar Camilión, ministro de Defensa, pero no pudo verlo antes de la transmisión, porque ya era muy tarde. “Muchas de las cosas que iba a decir, ya las había mencionado en otros momentos”, explicó Balza.

Su sensación, según relató, fue de tranquilidad. Sabía que estaba defendiendo a quienes, como él, nunca se apartaron de las leyes, los reglamentos y la ética militar. Incluso, el ex fiscal Julio César Strassera elogió su postura, diciendo que Balza dijo todo lo que podía decir en ese momento.

El contexto del 24 de marzo de 1976

Balza también rememoró ese día fatídico, cuando todavía estaba en Perú haciendo un curso militar. Para él, ese golpe de Estado fue uno de los más anunciados de la historia argentina, incluso por medios internacionales como The New York Times. Conocía a algunos de los protagonistas del golpe, pero no a todos en detalle. Lo que sí tenía claro era que el general Jorge Rafael Videla, uno de los líderes de la junta militar, no poseía las cualidades necesarias para gobernar, y que Massera, otro de los jefes, representaba la ilegalidad y la corrupción en su máxima expresión.

¿La dictadura fue solo para luchar contra la subversión?

Para Balza, esa fue una idea equivocada. Afirmó que la subversión en ese momento ya estaba debilitada, y que el golpe no fue solo para combatirla. Más bien, explicó, el objetivo era cambiar el sistema político y económico del país. La realidad es que durante la dictadura, miles de personas fueron víctimas de desapariciones, torturas y asesinatos. Balza remarcó que muchas de esas personas, soldados y civiles, fueron desaparecidas por órdenes de quienes estaban en el poder, y que esas acciones fueron ilegales, clandestinas y deleznables.

¿Qué pensaba el liderazgo militar?

El discurso de Videla cuando asumió en la dictadura es revelador. Habló de valores cristianos y del respeto por los derechos humanos, pero en la práctica, esas palabras no se tradujeron en acciones. Massera, en cambio, afirmó que todos actuaban desde el amor y la religión, una postura que para muchos resulta similar a discursos peligrosos, como el de Hitler en 1933, cuando asumió como canciller en Alemania.

Reflexión final: el peso de la historia y la búsqueda de justicia

Balza concluyó que, a 50 años del golpe, Argentina aún no aprendió a reconciliarse con su pasado. La historia muestra que en ese período se usaron métodos ilegales y cruentos, y que el Estado mismo se convirtió en criminal. Reconocer estos hechos y enfrentarlos, fue y sigue siendo un paso clave para que el país pueda avanzar hacia una verdadera reconciliación.