El radicalismo en su momento más delicado 🥺

El partido radical, uno de los históricos en Argentina, atraviesa un momento complicado. Por primera vez en mucho tiempo, tiene una representación legislativa muy reducida: solo 10 senadores y 12 diputados, además de estar divididos entre diferentes frentes y posturas. Aunque aún mantienen cinco gobernaciones y alrededor de 500 intendencias, la fragmentación interna y las derrotas recientes los ponen en jaque.

¿Qué está pasando con la UCR? 🤔

La Unión Cívica Radical (UCR) nunca tuvo tan pocos legisladores en la historia reciente. En las elecciones pasadas, arriesgaron el 70% de sus bancas y, por primera vez en años, no contaron con el respaldo de Juntos por el Cambio, el principal frente electoral que los agrupaba con otros partidos desde 2015. La irrupción de Javier Milei y la decisión de sus antiguos aliados, como el PRO y la Coalición Cívica, de separarse, fragmentaron aún más a la fuerza.

En los últimos dos años, la UCR cambió de postura según el contexto. Algunos apoyaron leyes que pedía Milei, otros se mantuvieron neutrales y unos pocos se oponían claramente. La división se reflejó también en la cantidad de legisladores: en Diputados, de un bloque de 33 radicales, quedaron solo 14, y de esos, algunos tuvieron que renovar sus mandatos. La situación en el Senado es similar, con solo 10 senadores, todos más alineados con la línea del oficialismo.

¿Quién manda dentro del partido? 💼

Las internas son evidentes y reflejan las distintas líneas que conviven en la UCR. Por un lado, están los que siguen a Alfredo Cornejo, gobernador de Mendoza, quien busca mantener una postura de diálogo con el Gobierno pero con ideas que apuntan a reducir gastos y buscar el equilibrio fiscal. Por otro, hay otros dirigentes más independientes o alineados con diferentes sectores, como los gobernadores de Santa Fe y Corrientes, que a veces muestran posturas distintas, incluso enfrentadas.

El actual presidente del partido, Leonel Chiarella, de 36 años, intenta unir esas diferencias. Desde su llegada, en diciembre pasado, ha recorrido el país con un plan de gestión y diálogo, intentando mostrar que el radicalismo puede gobernar y gestionar en distintos niveles. Además, busca que la UCR no quede solo en las peleas internas, sino que tenga un proyecto en conjunto para el futuro.

Gobernaciones y alianzas 🏛️

El radicalismo hoy tiene cinco gobernaciones en todo el país: Santa Fe, Jujuy, Mendoza, Corrientes y Chaco. Sin embargo, estas cifras están lejos de las logradas en 1983, cuando Raúl Alfonsín asumió la presidencia. Algunos gobernadores, como Zdero en Chaco, actúan con cierta independencia y tienen acuerdos con diferentes espacios, incluso con los libertarios de Milei.

Mientras tanto, figuras como Pullaro en Santa Fe empiezan a destacar como potenciales liderazgos fuertes. Se reconoce que su gestión en una de las provincias más importantes puede ser clave para el futuro del radicalismo, especialmente si logra revalidar su mandato y consolidar su liderazgo.

¿Hay puntos de encuentro? 🤝

Por más que las diferencias internas sean evidentes, tanto dirigentes como gobernadores coinciden en que hay aspectos en los que se puede trabajar juntos. Por ejemplo, en mejorar la gestión pública, administrar mejor los recursos y mantener cierta presencia en los servicios básicos. Muchos consideran que el radicalismo está en un proceso de recuperación, aunque todavía necesita definir un rumbo claro y un proyecto común.

Un dirigente que conoce bien la realidad del partido describe el momento como «un paciente dormido con signos vitales». La idea es que, a pesar de las dificultades, todavía hay potencial y liderazgo local para construir un camino hacia las próximas elecciones.

¿Qué sigue para el radicalismo? 🚧

El partido tiene tiempo para reorganizarse, pero también límites claros. La relación con el Gobierno, el apoyo a Milei y las alianzas internas serán claves en los próximos años. Por ahora, no parece que haya un liderazgo definido que pueda encabezar una candidatura propia en 2027, ni mucho menos un frente unificado.

Lo que sí quedó en evidencia es que, sin la fuerza de antes, el radicalismo debe reinventarse y buscar caminos para volver a ser un actor relevante en la política argentina. La unidad, por ahora, parece un objetivo lejano, pero no imposible si logran dejar atrás las peleas internas y enfocarse en un proyecto compartido.