¿Un campeón internacional con una vida cotidiana simple?

Agustín Destribats, el mejor luchador argentino del siglo XXI, tiene una historia que parece sacada de una película. Por un lado, en su día a día, es un joven que trabaja vendiendo ropa en Córdoba para llegar a fin de mes. Pero cuando pisa el ring en competencias internacionales, se transforma en un gladiador de élite, reconocido y admirado en países donde la lucha libre es casi una religión.

Un doble mundo lleno de logros y sacrificios 🥋✨

Con solo 28 años, Destribats ya tiene en su haber cinco medallas de oro en los Juegos Panamericanos, una marca que ningún otro luchador argentino logró antes. Además, en los Juegos Suramericanos Rosario 2026, volvió a coronarse campeón en la categoría de hasta 65 kilos, ganando la final en apenas 30 segundos y sin esfuerzo aparente. Su victoria fue tan contundente que venció por 10-0 a su rival ecuatoriano, repitiendo el oro que logró en Asunción en 2022.

Su historia no solo es de triunfos, sino también de lucha constante. Viajar por el mundo desde muy joven, entrenando en países como Cuba, Estados Unidos, Alemania y especialmente en Rusia, donde vivió en Majachkalá por tres años, fue clave para su crecimiento. En el Cáucaso, la lucha es casi una religión. Allí, los niños en las calles ya practican el deporte en lugar de jugar fútbol, y su figura es reconocida y respetada como si fuera una celebridad local.

La doble vida de un atleta y un trabajador común 💼🤼‍♂️

Pero no todo es glamour. Tras sus triunfos, Agustín vuelve a su realidad en Córdoba, donde trabaja en un local de ropa. Necesita complementar su entrenamiento con trabajos para pagar sus viajes y alimentación. Las becas del ENARD y la Agencia Córdoba Deportes ayudan, pero no alcanzan para cubrir todos los gastos. Por eso, además de entrenar varias horas al día, se las arregla con ayuda de conocidos, familiares y pequeños sponsors. La lucha por llegar a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028 es su próxima meta, y la carrera para conseguir apoyo económico no es sencilla.

El camino hacia París 2028 y más allá 🚀🌍

Agustín ya tiene asegurada la participación en el Mundial de Kazajistán y en competencias en Canadá, donde fue invitado por otros deportistas de alto nivel. Los contactos internacionales le abren puertas que en Argentina todavía parecen cerradas, y eso le da esperanza de seguir creciendo. Sin embargo, su corazón sigue en Córdoba y en Argentina, donde ama su tierra y su gente. Aunque en el exterior lo tratan como un rey, siempre lleva en el pecho la bandera argentina con orgullo.

Su reconocimiento internacional le permite también hacer contactos para mejorar su entrenamiento y recuperación, elementos clave para un deporte tan exigente. Desde Rusia y Estados Unidos, donde hay más recursos, nota las diferencias en la calidad de los cuidados y los suplementos. Para él, cada pequeño avance en infraestructura y apoyo puede marcar la diferencia entre una medalla y una derrota.

El sueño olímpico y la gratitud 🙌🏅

El objetivo final es claro: llegar a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en 2028. Y aunque el camino es duro, su espíritu no se rinde. Está en busca de sponsors y alianzas que le permitan seguir entrenando y viajando sin tantas preocupaciones. La invitación a Canadá y Kazajistán son muestras de que su esfuerzo empieza a dar frutos, y que su nombre empieza a sonar fuerte en el mundo de la lucha.

De todo esto, Agustín se lleva aprendizajes importantes. La lucha le regaló amigos, experiencias y una visión del mundo mucho más amplia. Pero también le costó tiempo con su familia y momentos de frustración al no ver resultados inmediatos. Sin embargo, su motivación sigue intacta. En una charla con Clarín, confesó que si pudiera hablarle a aquel niño de 11 años que empezó en un gimnasio de barrio, simplemente le diría que siga soñando y creyendo en sí mismo. Porque, al final, esa es la verdadera victoria.