¿Qué pasa en las redes con Milei? 🚨

Desde que Javier Milei asumió como presidente, las redes sociales se convirtieron en un campo de batalla. Un informe del Foro de Periodismo Argentino (FOPEA) reveló que, en ese período, el mandatario usó aproximadamente el 15% de sus publicaciones en Twitter (ahora X) para insultar, ofender o estigmatizar a personas, empresas y medios. ¡Sí, leíste bien! Más de 16.800 mensajes en menos de dos años y medio que muestran un estilo de comunicación bastante agresivo y confrontativo.

¿Qué tipo de insultos? 💥

El informe, titulado “El insulto como estrategia”, analizó 113.000 tuits y encontró que más de la mitad de estos contenían adjetivos despectivos como “inútil”, “mogólico”, o expresiones como “mentiroso” o “chorro”. Además, se detectó contenido que busca estigmatizar: términos como “ensobrado”, “violento”, “corrupto”, “terrorista” y “degenerado” fueron utilizados para marcar a quienes piensan diferente.

Las palabras más frecuentes en los tuits del presidente fueron “Kuka” (más de 2.200 menciones, un término despectivo hacia el kirchnerismo), “casta” (en referencia a la clase política o a quienes se oponen a sus ideas) y otros calificativos como “delincuente”, “mandril”, “mentiroso”, “corrupto”, “violento” y “terrorista”.

Un lenguaje cada vez más agresivo 🐒🔥

El informe señala que Milei ha comenzado a usar un lenguaje que no se había visto antes en la política argentina. En sus tuits se detectaron patrones como la animalización, con palabras como “mandril”, “gorilas”, “parásitos” y “plaga”. También se notó la sexualización, con términos como “vaselina” y “culo”, y expresiones que generan rechazo, como “basura” o “inmundicia”.

Este tipo de lenguaje no solo busca ofender, sino también marginar y deslegitimar a quienes no piensan igual. Es una estrategia que, según FOPEA, fomenta la discriminación y la exclusión social.

¿Y qué pasa con los periodistas? 📰🚫

Otra de las caras más duras de esta comunicación agresiva es el ataque constante a periodistas y medios. Desde diciembre de 2023 hasta septiembre de 2025, el informe documentó hostigamientos y descalificaciones a 62 periodistas, entre ellos nombres como Jorge Lanata, Carlos Pagni, Jorge Fontevecchia, Marcelo Bonelli y otras figuras del periodismo argentino.

Los ataques van desde calificativos despectivos como “idiota” o “basura”, hasta acusaciones de corrupción y amenazas veladas. El término “ensobrado”, que también fue usado contra periodistas, hace referencia a una expresión despectiva y estigmatizante que Milei y algunos de sus seguidores repetían en redes.

¿Hay un patrón en la viralización? 🔍

El informe también revela que la amplificación de estos mensajes agresivos no es casual. Un grupo de 171 usuarios, que representan el 85% del total, se encargó de viralizar y sostener la difusión de estos insultos, en un intento de que no se apaguen las voces críticas. Entre estos perfiles, algunos ligados a la derecha y al ecosistema libertario, destacaron por usar términos como “mandril” de forma constante, logrando multiplicar el impacto y la exposición de las agresiones.

Este fenómeno evidencia cómo ciertos patrones de odio en redes sociales se refuerzan y se expanden a través de una red coordinada, que busca mantener la confrontación y el desprecio en la conversación pública.

¿Qué implicancias tiene esto? 🤔

El informe concluye que esta forma de comunicación tiene un impacto real en la libertad de expresión. La constante censura y el temor a ser insultado llevan a que muchas voces se autocensuren, lo que genera un silenciamiento progresivo de diferentes opiniones. La pregunta que surge es: ¿hasta dónde puede llegar el límite del respeto en la política digital?

Lo cierto es que este estilo agresivo y descalificador no solo refleja una estrategia discursiva, sino que también contribuye a dividir aún más a la sociedad y a generar un clima de hostilidad que afecta a todos, especialmente a quienes trabajan en medios y buscan informar con objetividad.

¿Qué sigue? 🕵️‍♂️

La investigación de FOPEA deja en evidencia que las redes sociales son un espacio donde las palabras pueden tener un peso muy fuerte y que, en manos equivocadas, pueden convertirse en armas de ataque masivo. La reflexión está abierta: ¿cómo podemos construir una comunicación más respetuosa y constructiva en la era digital?