¿Qué pasó exactamente? Una norma clave fue derogada

El Gobierno decidió eliminar una regulación que llevaba 14 años vigente en la industria de medicamentos. La resolución conjunta 118, que en 2012 buscaba proteger solo las verdaderas innovaciones y limitar las patentes secundarias, quedó sin efecto. ¿Qué significa esto? Que ahora, la forma en que se otorgan y protegen las patentes en Argentina cambiará, y eso tiene repercusiones importantes para el mercado y la salud pública.

¿Qué son las patentes secundarias y por qué importan?

Una patente secundaria, también conocida como «evergreening», es una estrategia que algunos laboratorios usan para extender la protección de un medicamento sin que haya una mejora real. Consiste en solicitar pequeñas modificaciones a un principio activo ya conocido, con el objetivo de obtener nuevos años de monopolio. Según Sonia Tarragona, experta en farmacopolíticas, estas modificaciones muchas veces no aportan beneficios terapéuticos y solo sirven para mantener a las empresas en posición de privilegio por más tiempo.

¿Por qué los laboratorios nacionales están en contra?

La Cámara Industrial de Laboratorios Farmacéuticos Argentinos (CILFA), que representa a las empresas locales, advierte que estas patentes de «evergreening» retrasan la llegada de medicamentos genéricos y biosimilares al mercado. ¿El problema? Que no ofrecen mejoras en salud, solo mantienen monopolios que dificultan la competencia y encarecen los tratamientos. Para ellos, esto limita la innovación real y perjudica a los pacientes.

El argumento del Gobierno y las críticas

Desde el lado oficial, Federico Sturzenegger, que ahora es Ministro de Desregulación y Transformación del Estado, defendió la decisión. Aseguró que la norma de 2012 complicaba obtener patentes, lo que frenaba la llegada de terapias innovadoras a Argentina. Además, afirmó que ahora el INPI (el organismo que otorga patentes) analizará cada solicitud con más precisión y sin restricciones adicionales, siguiendo estándares internacionales.

Sturzenegger también señaló que esta medida alinea a Argentina con las reglas del resto del mundo, especialmente con Estados Unidos, uno de sus principales socios comerciales. Sin embargo, Tarragona advierte que la derogación podría ser inconstitucional, ya que solo afecta a las guías y no puede cambiar la protección de patentes que ya están en trámite o en el mercado. Es decir, si alguien ya tiene una patente, la protección sigue vigente desde que fue solicitada.

¿Qué dicen las voces a favor?

Desde la Cámara Argentina de Especialidades Medicinales (CAEMe), que agrupa a las farmacéuticas extranjeras, celebraron el cambio. Consideran que actualiza el marco normativo y crea un entorno más predecible para la inversión y el desarrollo en salud. Aseguran que esto facilitará la innovación y el acceso a nuevos medicamentos, beneficiando a la población.

¿Cuánto dinero podría ahorrar Argentina?

Un estudio de FIEL, una fundación de investigaciones económicas, estimó que si las patentes secundarias no hubiesen sido aceptadas en los últimos años, los precios de los medicamentos en Argentina habrían sido un 139% más altos entre 2021 y 2023. Esto significaría un gasto adicional de unos u$s2.214 millones solo en ese período. Además, CILFA proyecta que, con los ahorros de los medicamentos que no fueron patentados gracias a estas políticas, el país se podría haber ahorrado unos u$s3.321 millones para 2025.

¿Qué implica esto para la salud y el bolsillo?

Menos monopolios y patentes secundarias significan precios más bajos, más medicamentos genéricos y una mayor cobertura para la población. Esto también alivia la carga de gastos para el Estado, las obras sociales y las empresas de medicina prepaga. En definitiva, más acceso a tratamientos y menos obstáculos para quienes necesitan medicinas de calidad a buen precio.

¿Qué sigue ahora?

La decisión del Gobierno genera debate. Por un lado, algunos ven en esto un paso hacia un mercado más justo y competitivo. Por otro, otros advierten que puede abrir la puerta a monopolios y afectar la innovación real en medicamentos. Lo cierto es que la regulación y el control seguirán siendo clave para que estos cambios beneficien a todos.