Un técnico en dos Mundiales sin continuidad 🤔

Juan Carlos Lorenzo fue el primer entrenador argentino que dirigió en dos Mundiales: en Chile 1962 y en Inglaterra 1966. Lo llamativo es que en ninguno de los dos torneos logró mantener un equipo estable; en ambos casos, fue designado solo unos meses antes del inicio de cada competencia, y con decisiones que generaron muchas críticas.

Amistosos polémicos y ensayos confusos ⚽

Antes de cada Mundial, Lorenzo apostó a jugar muchos partidos amistosos, algunos contra otras selecciones y otros contra clubes, tanto nacionales como extranjeros. Sin embargo, estos encuentros no ayudaron mucho a convencer a la gente, ya que el nivel de los rivales y las estrategias del técnico generaban dudas y críticas.

Por ejemplo, en la previa a Inglaterra 1966, apenas 42 días antes del debut mundialista, la selección argentina jugó un amistoso en el Gasómetro, la cancha de San Lorenzo, contra el Cagliari de Italia, que estaba de gira por el país. Hasta ese momento, solo habían enfrentado a clubes, y no a selecciones nacionales, lo que mostraba cierta desconexión con lo que sería la competencia oficial.

El experimento táctico y los silbidos en la cancha 😬

El partido contra el Cagliari fue un ensayo de lo que sería el equipo en el Mundial. Lorenzo armó un once inicial con algunos nombres conocidos, pero la estrategia no funcionó. Apenas a los 15 minutos, cambió a Nelson López, que jugaba de lateral izquierdo, por José Ramos Delgado, ubicando a otros jugadores en diferentes puestos. La idea parecía confusa y, a los 20 minutos, la tribuna empezó a silbar al equipo, señal de su malestar.

El diario Crónica describió esa parte del partido diciendo que la selección no lograba encontrarse, que todos jugaban distinto y que el equipo italiano dominaba. La falta de coordinación se hizo evidente, y los hinchas comenzaron a perder la paciencia.

El gol y los cambios que no alcanzaron para salvar la noche ⚽

La primera parte terminó con un gol de Tarabini, tras un pase de Daniel Onega, y parecía que la selección argentina podía mejorar en el segundo tiempo. Pero no fue así. A los 33 minutos, Sarnari anotó el segundo gol tras un centro de Tarabini, y la derrota parecía sellada.

Durante el segundo tiempo, Lorenzo hizo algunos cambios, incluyendo la entrada de Maschio y Gatti, pero la actuación del equipo siguió siendo pobre. Solo 9 de los 14 jugadores utilizados en ese partido serían los que finalmente jugarían en Inglaterra, dejando a cinco en el camino en medio de la polémica.

Críticas duras y decisiones controvertidas 🗣️

La prensa no perdonó. Clarín criticó duramente la falta de espíritu de equipo y el bajo nivel mostrado en cancha, asegurando que con esa forma de jugar, era imposible competir en un Mundial. Otros medios, como Crónica, apuntaron directamente a la decisión de Lorenzo de incluir a Maschio, a quien consideraban un jugador de calidad, pero que tenía un problema legal: ya había jugado con Italia y tenía una sanción de la FIFA que impedía su participación en el torneo con Argentina.

Es que, en esa época, las reglas internacionales eran claras y las decisiones del entrenador generaron una gran polémica. Los dirigentes argentinos estaban jugando una carta arriesgada, confiando en la experiencia y en que la FIFA no impediría la participación de Maschio. Sin embargo, la situación no era sencilla, y el tema se volvió uno de los grandes debates en los días previos al Mundial.

¿Un camino sin rumbo? 🔎

Lo cierto es que el proceso de Lorenzo en esos dos Mundiales estuvo marcado por decisiones impulsivas y una falta de continuidad que, en muchos aspectos, afectó el rendimiento del equipo. La historia de ese amistoso y las críticas posteriores dejan en claro que todavía había mucho por mejorar en la forma en que Argentina preparaba sus participaciones mundialistas.

Al final, el torneo en Inglaterra fue un capítulo difícil para Argentina, con un equipo que no logró brillar y que dejó muchas dudas. La historia de Lorenzo como técnico en esos Mundiales quedó marcada por esas decisiones polémicas y por un proceso que, a pesar de su importancia, no logró consolidar un estilo claro ni resultados que convencieran a todos.