¿Una no futbolera en el mundo del Mundial? ¡Sí, y aquí te cuento cómo fue!

En la última columna, compartí lo difícil que me resulta, siendo alguien del teatro y sin mucha pasión por el fútbol, esta época del Mundial. La verdad, no soy de mirar partidos y mucho menos de gritar goles. Pero la respuesta fue sorprendente: muchas personas me criticaron, pero ningún mensaje de apoyo. Entonces, decidí hacer un experimento: llamar a mis únicas amigas futboleras para que me enseñaran a entender un poquito más de este deporte que, para ellas, es pasión de verdad.

Mi primera vez en una casa de futboleras 🏠⚽

El viernes, me animé y fui a la casa de una de ellas, con miedo de ser la intrusa o de decir alguna tontería en medio del partido. Ellas viven el fútbol con una intensidad que nunca había visto. Tienen sus cábalas, sus lugares favoritos para ver los partidos y saben quién es quién en la cancha como si fuera su propia familia. Para mí, era todo un mundo nuevo, lleno de reglas no escritas y rituales que parecía que solo ellas entendían.

¿Qué aprendí en ese día? 🚶‍♀️📚

Antes de que empezara el partido, me enteré de cosas que, si las hubiera visto solo, ni habría sospechado. Por ejemplo, que el arquero de Cabo Verde, llamado Vozinha, además de atajar, medita con la pelota para cargar energías. O que la madre del arquero todavía no pudo ver en vivo a su hijo, pero le acaban de conseguir la visa para que pueda estar con él. También me advirtieron: “No te encariñes con el arquero, tiene que atajar mal para que ganemos”. Pero la verdad, me terminé encariñando igual, y por suerte, ¡atajó muy bien!

La magia de las reglas tácitas ✨🙌

Las chicas me enseñaron algunas reglas básicas que parecen obvias, pero que solo los que viven el fútbol saben. Como no gritar un gol antes de que el árbitro lo confirme, no asustarse si parece que algo pasó y todavía no fue así, y mantenerse en silencio y en el mismo lugar si Argentina marca un gol. Esas pequeñas reglas hacen que la pasión se viva de otra forma, más respetuosa y más emocionante.

¿Y qué pasa cuando uno no es futbolero? 🤔

Confieso que, en un momento, pensé: “Basta, que termine ya este Mundial”. Pero la experiencia fue mucho más linda de lo que imaginaba. Lo que más disfruté fue estar con esas amigas que me integraron y me dejaron experimentar el fútbol sin juzgar. La paciencia que tuvieron para explicarme las jugadas, los detalles y las cábalas fue infinita. A pesar de no entender todo, me sentí parte del momento, y eso, para mí, fue lo más valioso.

¿Y ahora? ¡Seguiré mirando!

Obvio que voy a ver el próximo partido, y también el de Egipto, que todavía no lo vi. La verdad, creo que el problema del Mundial no es solo el fútbol en sí, sino esa especie de enganche que uno puede tener con la pasión, las historias y la emoción que genera. Y ahora, sé que no hay vuelta atrás: ya me enganché, y eso que ni soy fanática.

Al final, lo que aprendí es que todos podemos disfrutar del fútbol si nos dejamos llevar un poquito por las historias, las personas y las reglas del juego. Y, sobre todo, que no hace falta ser un experto para entender que, en el fondo, todos buscamos ese momento de alegría que nos une, nos emociona y nos hace sentir parte de algo más grande.