Una medalla que emociona y una historia que inspira 🥇💥
El pasado fin de semana, el equipo femenino argentino de sable logró algo que quedará en la memoria: conquistaron la medalla de oro en los Juegos Suramericanos frente a Brasil. La alegría explotó en el Club Atlético Provincial de Rosario, donde miles celebraban a gritos. Pero en medio de ese festejo, Caterina Correa, una joven de 21 años, observaba con lágrimas en los ojos, a unos centímetros de la escena, sin poder estar en el lugar que tanto soñó.
Un amor que nunca se apaga, aunque las circunstancias cambien ❤️🤺
Caterina también es esgrimista, aunque en ese momento no llevaba su arma ni su uniforme. La joven, que ocupa el puesto 4,8 en el ranking nacional, fue excluida en el último minuto de la lista de atletas que representaron a Argentina en los Juegos, después de una actualización de resultados. Sin embargo, a pesar del golpe duro, decidió seguir cerca, apoyando desde adentro y formando parte del evento como voluntaria.
«No sé vivir sin la esgrima, a pesar de los altibajos siempre vuelvo a ella», confesó en una charla con Clarín. Para Caterina, la pasión por este deporte empezó en 2011 en su club de Rosario, Gimnasia y Esgrima. En apenas seis meses, ya competía en torneos provinciales y, en 2012, dio el salto a los nacionales de menores. Este 2026 marca su debut en la categoría Mayores, un paso gigante para una deportista que sueña en grande.
El camino lleno de obstáculos y sueños por cumplir 🚧✨
Para integrar la selección nacional, Caterina necesitaba posicionarse entre las cuatro mejores del país en el ranking, sumando puntos en torneos en Argentina. Los resultados parecían acompañarla: en la primera fecha, quedó segunda; en la segunda, tercera; y en la última, alcanzó los cuartos de final. Con esos resultados, había asegurado su lugar en el equipo y la clasificación a los Juegos. Pero la vida le jugó en contra en el último momento.
Un cambio de última hora la dejó fuera, y aunque intentó mantener la motivación, fue un golpe duro. «Me desmoroné cuando me dijeron que no podía ir», contó. Sin embargo, lejos de rendirse, decidió apoyar desde otro lugar. Cuando faltaba personal en la delegación, aceptó el rol de voluntaria, ayudando con la indumentaria, operando cámaras y explicando las reglas a los espectadores.
Una tristeza que no logra apagar su pasión 🔥🤍
Ver a sus compañeras en la pista, en su ciudad, fue muy difícil para ella. Pero, al mismo tiempo, sentía una enorme alegría por el logro del equipo. «Cuando gritaban ‘¡Argentina!’ y los nombres de las chicas, se me llenaron los ojos de lágrimas. Quería estar ahí, que griten mi nombre también», dice con emoción. La relación con esas deportistas está muy presente en su corazón, ya que compartieron delegación en los Panamericanos Junior y forjaron lazos con ellas.
El sacrificio diario y la lucha por seguir soñando 🌟🎯
Además de la esgrima, Caterina estudia Diseño Industrial y ajusta su rutina para no dejar de entrenar. Hace fisico tres veces por semana y entrena en la pista varias veces más, siempre buscando compatibilizar sus estudios y su pasión. Todo esto, con el apoyo de sus papás, quienes financian sus torneos y acompañan cada paso.
Por ahora, la joven no pierde de vista su próximo objetivo: participar en el Campeonato Nacional en noviembre, sumando puntos para mejorar su ranking y acercarse a su sueño de competir en unos Juegos Olímpicos.
Un ejemplo de perseverancia y amor por el deporte 💪❤️
Para Caterina, lo importante es seguir luchando y no dejar que los obstáculos la detengan. Aunque no pudo estar en la pista en estos Juegos, su historia demuestra que el amor por la esgrima va más allá de las medallas. La pasión, el esfuerzo y la esperanza la mantienen con la mira puesta en un futuro donde espera estar en la cima, en el lugar que siempre soñó.




