¿Qué está pasando en los municipios? La situación es más complicada de lo que parece
En las últimas semanas, los intendentes del peronismo y otros partidos comenzaron a expresar su preocupación por la situación económica y social que atraviesan sus municipios. La palabra clave en estos reclamos es “asfixia financiera”: una realidad que se refleja en una caída fuerte en los recursos que reciben y en el aumento de la demanda social en sus comunidades.
La caída en la recaudación y el impacto en las ciudades
Desde fines de 2023, la provincia de Buenos Aires, la más grande y poblada del país, viene experimentando una disminución del 4,4% en su actividad económica, sin contar algunos sectores específicos como la agroindustria o la intermediación financiera. La crisis golpea fuerte en industrias clave: la construcción, el comercio y la industria en general están en baja, y en enero, la utilización de las fábricas alcanzó su peor nivel en diez años, con solo un 53,6% de capacidad utilizada. Además, cerraron más de 5.800 empresas y se sumaron más de 164.000 nuevos desempleados, siendo la mayoría en el conurbano bonaerense.
¿Y la plata? Menos recursos para todos 💸
El dinero que llega a los municipios y provincias se redujo en un 11% en los primeros tres meses de 2024. Para ponerlo en perspectiva, según datos del gobernador Axel Kicillof, la pérdida total de recursos en la provincia desde diciembre del año pasado supera los 22 billones de pesos, y en los 135 municipios, la caída llega a un billón. Esto significa menos fondos para obras, servicios y ayuda social, mientras la demanda por asistencia crece sin parar.
Protestas y advertencias: los intendentes alzaron la voz 🚶♂️🚶♀️
En marzo, Kicillof convocó a unos 60 intendentes para que compartieran su diagnóstico y, en ese encuentro, muchos expresaron su preocupación. La Federación Argentina de Municipios (FAM) y otros líderes locales entregaron un documento en el Ministerio de Economía en el que criticaron a Luis Caputo, responsable de administrar los fondos recaudados por impuestos a los combustibles, por no haber destinado esos recursos a obras viales ni a ayudar a reducir el precio del combustible.
La protesta fue respaldada por cerca de 150 intendentes de diferentes provincias, quienes señalaron que la demanda de ayuda social se duplicó y que en muchas ciudades volvió el trueque en las plazas. En el municipio de La Matanza, por ejemplo, la asistencia alimentaria a familias pasó de 80 mil a 160 mil. La crisis no solo afecta a la provincia de Buenos Aires, sino que tiene un carácter más federal, con problemas en localidades desde La Quiaca hasta Río Grande.
El efecto en la vida cotidiana y en el empleo 🏚️
El deterioro económico se refleja claramente en el día a día de la gente. La desocupación en el Gran Buenos Aires alcanzó un 9,5% en el último trimestre, una cifra que comparten otras ciudades como La Plata, Mar del Plata y Río Gallegos. La pobreza en los distritos que rodean la capital es del 32,6%, y la indigencia llega al 8%.
La construcción cayó un 22% respecto a noviembre de 2023, y la industria bajó un 7%. El comercio también está en dificultades, sobre todo aquellos sectores que dependen del mercado interno, como el textil y los insumos para la construcción. Además, el índice de consumo de los bancos provinciales muestra una retracción del 9,5% en febrero, y las consultas y transacciones con tarjetas también bajaron.
¿Se viene un estallido? La mirada de los expertos y los intendentes
Aunque todo indica que la situación es muy complicada, los intendentes y analistas coinciden en que todavía no hay un estallido social como en 2001. La diferencia es que ahora la crisis se descarga en las casas y las familias, en forma de violencia, problemas de salud mental y aumento en las adicciones. La clase media también empieza a sentir el golpe fuerte, y muchos se ven obligados a tener dos, tres trabajos o endeudarse con familiares para sobrevivir.
Por ahora, los líderes locales no ven una predisposición clara a salir a las calles a protestar, pero sí advierten que la situación puede seguir empeorando. La sensación es que estamos ante una especie de “implosión”: una crisis interna que se va acumulando y que, si no se toman medidas, podría terminar en un desborde mucho más grave.
¿Qué sigue? La incertidumbre en medio de la tormenta
Mientras tanto, las voces de los intendentes piden ayuda y denuncian la mala gestión de fondos. La crisis social y económica avanza silenciosamente, y en muchos lugares, las familias están llegando al límite. La pregunta que todos se hacen es cuánto tiempo podrán resistir sin que la situación explote en forma visible. Por ahora, la “implosión” parece ser el signo de los tiempos en muchos municipios del país.




