Un barrio de duelo y recuerdos 🎗️
El gimnasio de Locomotora Castro en Temperley amaneció cerrado y cubierto de homenajes. Sin necesidad de explicaciones, los vecinos dejaron mensajes escritos a mano en cartulinas y cartones, recordando a un vecino que dejó huella más allá del deporte. La tristeza invadía el barrio, que lloraba a Jorge Castro, conocido como el Roña, un ex boxeador que, en sus últimos años, se convirtió en un ejemplo de solidaridad y compromiso social.
La muerte que sorprendió a todos 💔
Jorge Castro falleció tras sentir una molestia y experimentar un dolor en el pecho. Aunque intentaron asistirlo rápidamente, el ex campeón caminó hasta una sala y fue atendido en el lugar. La situación empeoró y sufrió un paro cardiorrespiratorio. Durante unos 20 minutos, intentaron reanimarlo, pero no pudieron salvar su vida. La noticia cayó como un baldazo de agua fría en su barrio y en toda la comunidad que lo admiraba.
Un ídolo que no solo peleaba en el ring 🥊
Pero Castro no era solo un ex boxeador. La gente que lo conoció recuerda a un hombre humilde, solidario y preocupado por los demás. Guillermo, un vecino que vive en un departamento sobre el gimnasio, compartió que el Roña era un vecino que daba comida a mucha gente, especialmente a jubilados. Siempre estaba dispuesto a ayudar, entregando bolsas con alimentos y números para colaborar con quienes más lo necesitaban.
Su compromiso con la comunidad no se limitó a su barrio. Durante la pandemia, cuando la cuarentena dejó a muchas personas sin recursos, Castro transformó su gimnasio en un espacio de ayuda. Allí organizó ollas populares para alimentar a quienes no tenían qué comer. En una ocasión, preparó comida para 30 personas, pero terminaron siendo 60. Hervían arroz, hacían tuco y repartían la comida con amor y compromiso.
Un corazón gigante en tiempos difíciles ❤️
El esfuerzo de Castro fue creciendo con el tiempo. Tenía 14 comedores y 9 merenderos en diferentes barrios del conurbano bonaerense, como Villa Fiorito y Temperley. Además, colaboraba con otros comedores y atendía pedidos de ayuda de municipios como Almirante Brown y Ezeiza. Hace un año, anunció que quería abrir un nuevo comedor en Morón, su ciudad de residencia, con capacidad para ayudar a unas 500 personas.
Guillermo, que conoció a Jorge hace tres años y medio, recuerda con cariño la cercanía del ex boxeador. En alguna oportunidad, incluso ayudó en la parrilla del gimnasio, donde Castro preparaba choripanes para repartir. La última vez que se vieron fue la semana pasada, cuando Jorge viajó desde Morón a Temperley para repartir bolsas de alimentos, como hacía habitualmente. La noticia de su fallecimiento los sorprendió en la madrugada, cuando uno de sus amigos más cercanos, Diego, le informó por teléfono.
Un legado que trasciende el deporte 🥊✨
El impacto de Jorge Castro trasciende las historias de boxeo. En su barrio y en todos los lugares donde ayudó, quedó la imagen de un hombre que, en vez de centrarse en los laureles y trofeos, eligió dedicar su tiempo y recursos a quienes más lo necesitaban. La comunidad lo recuerda como alguien que, a pesar de su fama, nunca perdió la sencillez ni el corazón solidario.
Los carteles en la puerta de su gimnasio y los mensajes en las calles reflejan el profundo cariño que le tienen. La tristeza por su partida se mezcla con el orgullo de haber conocido a alguien que, más allá de los golpes en el ring, peleó por un mundo más justo y solidario. La historia de Jorge Castro deja una enseñanza: que el verdadero campeón es aquel que sabe dar sin esperar nada a cambio.




