¿Superávit en los papeles, problemas en la calle?
El Gobierno argentino muestra en sus números oficiales que tiene superávit fiscal cada mes, cumpliendo con los compromisos con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Pero la realidad podría estar contando otra historia. Detrás de esas cifras, expertos y funcionarios advierten que los ingresos del Estado están cayendo y, al mismo tiempo, los gastos siguen aumentando. ¿Qué significa esto? Que las cuentas no cierran tan fácilmente como parecen.
¿Qué se dice oficialmente?
Desde el Gobierno aseguran que, en términos de números, las cuentas públicas muestran un superávit. Sin embargo, algunos datos internos revelan que esto puede ser más una ilusión que una realidad sólida. Por ejemplo, en junio, el gasto del Estado aumentó un 4,1% en términos de lo que se autorizó (lo que llaman el gasto devengado), pero en la práctica, el dinero realmente pagado solo creció un 0,4%. Esto indica que, aunque se autoriza gastar más, en realidad se desembolsa mucho menos en ese mismo período.
¿Y qué es eso de deuda flotante?
Cuando el Estado autoriza gastos pero no los paga inmediatamente, ese dinero en realidad aún no salió del bolsillo público. Pero si la diferencia entre lo autorizado y lo pagado crece, eso puede estar generando una deuda llamada deuda flotante. Es decir, que en junio, el Estado estaría contrayendo más deuda para poder pagar esas obligaciones pendientes.
¿Cómo afecta esto a las cuentas?
El mismo informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF) explica que en junio, el gasto primario (lo que el Estado gasta en cosas básicas como sueldos, obras y programas) fue de unos 16,2 billones de pesos. En comparación con el mismo mes del año pasado, eso representa un aumento real del 3,6%. Pero si se miran los primeros seis meses del año, el gasto total en realidad bajó un 2,3% respecto a 2025, lo que parece positivo. Sin embargo, el aumento en los intereses de la deuda fue bastante fuerte: un 8,3% en junio y un 38,3% en el año.
¿Qué pasa con la deuda flotante?
La deuda flotante, que es esa deuda que el Estado va acumulando por atrasos en pagos o gastos que aún no se cancelaron, parece estar creciendo otra vez. Según estimaciones del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), en junio podría haber llegado a niveles similares a los de marzo, cuando esa deuda se duplicó, pasando de 2 a 4 billones de pesos. Esto es importante porque, si bien el Gobierno puede mostrar un superávit, en realidad, está pagando menos de lo que debería y acumulando deuda en el proceso.
¿Qué significa esto para el futuro?
El Gobierno de Javier Milei anunció que enviará un proyecto de ley de shutdown (corte automático de gastos) al Congreso, para frenar gastos en caso de que no haya más dinero disponible. Esto parece más una medida de emergencia que una solución a un problema profundo. La idea es que si los fondos se agotan, ciertos gastos se detengan automáticamente, pero en realidad, con las leyes actuales, el Estado puede redireccionar partidas y seguir gastando en otras áreas.
Además, el compromiso con el FMI es que para diciembre, Argentina debe tener un superávit primario de unos 16 billones de pesos. Sin embargo, los números de junio muestran que en realidad, el Estado está en déficit: en esa fecha, el déficit primario fue de 2,3 billones de pesos y el resultado financiero negativo llegó a 4,8 billones.
¿Qué se espera en los próximos meses?
Desde el Ministerio de Economía anticipan que en junio se dará a conocer el resultado base caja del Sector Público Nacional, y que, probablemente, mantendrán ese superávit. Pero también es probable que hayan postergado algunos pagos para cumplir con las metas del FMI, lo que genera dudas sobre la sostenibilidad real de las cuentas públicas.
En definitiva, aunque las cifras oficiales muestran un panorama relativamente positivo, las señales internas indican que la situación fiscal del país está más frágil de lo que parece. La combinación de ingresos en caída y gastos en aumento, sumada a la acumulación de deuda flotante, pone en jaque la estabilidad económica y la confianza de los inversores.
¿Por qué importa esto?
Porque si la deuda sigue creciendo y los ingresos no alcanzan, en cualquier momento el Estado puede encontrarse sin dinero para pagar sus obligaciones. La estrategia del Gobierno y las decisiones que tome en los próximos meses serán clave para definir si Argentina logra cumplir con sus metas fiscales sin recurrir a medidas drásticas o si, por el contrario, la situación se complica aún más.




