Un golpe que estremeció a la Argentina en los años más oscuros
Hace exactamente medio siglo, el 2 de julio de 1976, la Argentina vivió uno de sus momentos más brutales y polémicos: la bomba en la Superintendencia de Seguridad Federal, ubicada en pleno barrio de Congreso. Este atentado, llevado a cabo por la organización guerrillera Montoneros, dejó un saldo de 23 muertos y más de 100 heridos en una de las acciones más impactantes de la historia del país.
Contexto de un país en crisis y represión brutal
En ese entonces, el país estaba atravesando un momento muy complicado. Un golpe militar había derrocado a la presidenta María Estela Martínez de Perón en marzo de ese mismo año, dando inicio a lo que llamaron el Proceso de Reorganización Nacional. La dictadura recién comenzaba, y con ella, una represión que no conocía límites. Las fuerzas militares y de seguridad salían cada noche en operativos violentos, deteniendo y desapareciendo personas sin proceso judicial ni presunción de inocencia. La persecución alcanzaba a militantes, guerrilleros, simpatizantes y hasta personas inocentes, que terminaban en las cárceles del régimen en lo que sería uno de los genocidios más oscuros de la historia argentina.
Montoneros y su estrategia de ataques
A pesar del avance imparable de la represión, la organización guerrillera Montoneros intentaba seguir luchando, incluso preparando ataques que sorprendieran a las fuerzas del Estado. Uno de los más recordados fue el atentado en la Superintendencia de Seguridad Federal, en el corazón del barrio de Congreso. Este ataque no solo fue un golpe a la estructura policial, sino también un mensaje de resistencia en medio de un escenario de creciente violencia y miedo.
El crimen y sus consecuencias 💣
El atentado fue planeado con precisión. La bomba, que contenía entre 5 y 7 kilos de TNT, fue colocada en un comedor del edificio, donde además de policías, civiles y empleados de la federal, asistían personas comunes que buscaban un plato barato y buena comida. La explosión dejó en el lugar un escenario de horror: cuerpos mutilados, paredes ensangrentadas y restos humanos por todos lados. La cifra oficial reportó 23 muertos y más de 100 heridos. Entre las víctimas, solo dos oficiales de bajo rango murieron en el acto, mientras que otros civiles y empleados resultaron gravemente afectados.
¿Quién estuvo detrás del ataque?
El autor intelectual y operativo fue Rodolfo Walsh, un periodista y escritor que, en ese momento, también tenía un pasado vinculado a la guerrilla. En el operativo, un joven ex policía llamado José María Salgado, que había renunciado a la fuerza días antes, colocó la bomba en un maletín negro y salió corriendo. Salgado fue quien activó la explosión, y su traición a la institución policial fue vista como una de las mayores humillaciones para las fuerzas del Estado en ese entonces.
La reacción social y política
El ataque generó una profunda conmoción en la sociedad argentina. La mayoría lo calificó como un acto de barbarie, una acción que solo lograba profundizar la violencia y el caos que ya se vivía en el país. Los medios difundieron imágenes impactantes de cuerpos mutilados y restos humanos, mientras que desde sectores militares y policiales, la reacción fue de rechazo y condena a la masacre.
¿Qué pasó con los responsables?
Décadas después, en 2006, la causa judicial fue cerrada por la jueza María Romilda Servini, argumentando que había pasado demasiado tiempo y que las responsabilidades estaban prescritas. Sin embargo, el debate sobre la justicia y la memoria sigue vigente. En 2012, la Corte Suprema ratificó esa decisión, sobreseyendo a algunos de los involucrados, incluido Mario Firmenich, uno de los líderes de Montoneros. Otros responsables, en cambio, sufrieron destinos trágicos, algunos asesinados en torturas o en vuelos de la muerte.
Un legado de violencia y memoria
El atentado en la Federal no solo fue un acto de violencia extrema, sino también un símbolo de los años de lucha y represión que marcaron a Argentina en los 70. La historia de esa masacre sigue siendo un recordatorio de los peligros de la intolerancia y la violencia política, y de la importancia de mantener viva la memoria para no repetir los errores del pasado.




