El dilema de las estrellas: ¿Jugar por la camiseta o no?
En el mundo del tenis, representar a tu país suele ser uno de los mayores sueños. Sin embargo, en Argentina, cada vez más jugadores prefieren decir que no cuando llega la hora de ponerse la camiseta para competencias importantes. ¿Qué está pasando?
La historia se repite: un equipo sin top 100 y sin historia
Este año, en los qualifiers de la Copa Davis, Argentina enfrentó un escenario inédito. Por primera vez en casi 30 años, ningún jugador argentino en el top 100 del ranking mundial formó parte del equipo. La última vez había sido en 1998, cuando todavía no había ningún argentino entre los mejores del mundo. La diferencia: en aquel entonces, Argentina no tenía tenistas top 100. Ahora, la realidad es otra, y el resultado fue una derrota que dejó al país sin chances de avanzar a las finales en Bolonia.
¿Qué pasó? El capitán llamó a seis de los siete mejores singlistas argentinos, pero todos dijeron que no. Entre ellos estaban Francisco Cerúndolo, Camilo Ugo Carabelli, Tomás Etcheverry, Francisco Comesaña, Mariano Navone y Juan Manuel Cerúndolo. Además, Román Burruchaga y Horacio Zeballos también rechazaron la convocatoria. La decisión de estos jugadores, por distintas razones, dejó a la selección con un equipo muy limitado: solo cinco jugadores que, en su mayoría, no tenían experiencia en estas competencias y que terminaron perdiendo ante Corea del Sur.
El mismo escenario, en las mujeres: ¿por qué no jugar?
El rechazo no solo se vio en el masculino. La selección femenina también enfrentó una situación similar. Para los playoffs de la Copa Billie Jean King, que se jugará en Tokio en noviembre, la capitana Paola Suárez tuvo que convocar a varias debutantes porque muchas de las mejores jugadoras argentinas dijeron que no. Entre ellas, Solana Sierra, Julia Riera, Jazmín Ortenzi, Nadia Podoroska y María Lourdes Carlé, entre otras. La razón oficial fue que estaban en una gira en Sudamérica y que esa competencia no les convenía en ese momento, ya que preferían sumar puntos en otros torneos y no viajar tan lejos.
Suárez explicó que la convocatoria se hizo por ranking y que, ante tantas negativas, decidió apostar por las más jóvenes para que ganaran experiencia. Pero la realidad es que las jugadoras que finalmente viajaron probablemente no cobrarán nada, ya que los premios no alcanzan para cubrir los gastos de viaje y alojamiento. Además, algunas sponsors también pusieron objeciones a que se fueran al otro lado del mundo.
¿Qué hay detrás de las decisiones?
Por un lado, hay motivos económicos y logísticos. Viajar a Japón cuesta mucho dinero y, en muchos casos, los premios no alcanzan para cubrir esos gastos. Por otro lado, algunas jugadoras prefieren aprovechar la oportunidad de jugar en torneos en Sudamérica, donde pueden sumar puntos y mantener su ranking sin tener que hacer un viaje tan largo y costoso.
Pero más allá de las razones, muchos consideran que estos rechazos reflejan una tendencia en la actualidad. La Billie Jean King y la Davis son torneos que dan visibilidad, prestigio y oportunidades de brillar. Sin embargo, algunos jóvenes talentos no ven en ello una prioridad o un compromiso que valga mucho frente a otras consideraciones.
¿Qué significa esto para el futuro del tenis argentino?
El problema no es solo que no jueguen algunos jugadores, sino que esto puede afectar la historia y el prestigio del deporte en el país. La historia de jugadores como Frana y Suárez demuestra que poner la camiseta y representarla con orgullo puede dejar huella. Pero en tiempos modernos, muchos parecen olvidar ese valor y optan por priorizar otras cosas.
Argentina buscará subir en la Copa Billie Jean King por sexta temporada consecutiva, en un torneo donde la selección tiene una oportunidad clara, ya que Japón no contará con Naomi Osaka, su ex número uno. Sin embargo, sin el compromiso de sus mejores jugadoras, esa meta parece cada vez más difícil de alcanzar.
¿Es solo una cuestión de prioridades?
Quizá sí. La decisión de no jugar puede estar relacionada con motivos económicos, personales o estratégicos. Pero lo que queda claro es que, en un país donde el tenis tiene historia y tradición, estos rechazos generan una sensación de vacío y preocupación. La pregunta es si en el futuro los jóvenes volverán a entender que vestir la camiseta argentina no es solo un acto, sino un honor que deja huella en la historia.




