El pesimismo crece y la confianza se desploma

Una reciente encuesta global de Ipsos revela que la esperanza en el futuro del mundo y del país está en baja. Solo el 24% de las personas en 37 países confía en que las cosas mejorarán, una caída comparada con el 28% del año pasado. La percepción general es que vamos en la dirección equivocada, tanto a nivel mundial como en Argentina, donde casi la misma proporción comparte esa visión. La mayoría siente que el país no va por buen camino y no parecen haber grandes causas que puedan cambiar esa tendencia.

Los problemas cotidianos que preocupan

¿Qué les preocupa realmente a los jóvenes y a la población en general? La inseguridad encabeza la lista, con un 32% en el reporte mensual de Ipsos. Le siguen de cerca temas como el desempleo, la inflación y la pobreza/desigualdad, que preocupan al 29%. Pero en Argentina, el desempleo tiene un peso aún mayor: el 61% de los argentinos lo mencionan como uno de sus principales problemas, seis puntos más que hace un mes. Es un dato que refleja una situación difícil en el mercado laboral, donde la creación de nuevos puestos de trabajo está en declive.

¿Qué pasa con los trabajos en el país?

El trabajo en Argentina muestra una tendencia negativa. En julio, por 14 meses consecutivos, se perdieron empleos privados, sumando más de 136.500 en un año, según datos oficiales. La industria manufacturera y el comercio son los sectores más afectados. Aunque aparece un aumento en el monotributo, esto genera dudas sobre la calidad de esos trabajos y la sostenibilidad de las jubilaciones. Mientras tanto, el Gobierno intenta relativizar el impacto, sugiriendo que muchas personas prefieren no trabajar en relación de dependencia para tener mayor libertad. Sin embargo, en la práctica, la realidad muestra una fuerte demanda por empleos formales, como se vio en una fila de más de 10 cuadras en Moreno, donde más de 2000 personas buscaban un trabajo con un salario de unos 1.200.000 pesos.

¿Qué dicen los números oficiales?

Desde el gobierno aseguran que la tasa de desempleo está en torno al 7,9%, mucho menor que en los años 90 o en 2001, cuando alcanzó el 21,5%. Sin embargo, la percepción social sigue siendo negativa y el descontento crece. El propio Javier Milei, una de las figuras más polémicas en la política argentina, desde Washington minimizó el problema, diciendo que los cambios en el empleo son casi transitorios y que los argentinos decidirán en las urnas si aceptan su modelo económico.

¿Qué pasa en la política internacional y en la región?

El presidente argentino viajó por 19ª vez a Estados Unidos desde que asumió en diciembre de 2023. Allí, recibió un reconocimiento como «Campeón Global de la Libre Empresa» y fue destacado por su liderazgo en la comunidad hispana. En paralelo, Milei se prepara para visitar Madrid, donde tiene previsto reunirse con aliados políticos y dar una conferencia junto a economistas de inspiración libertaria. Su agenda en Europa coincide con un escenario electoral en España, con Pedro Sánchez anticipando elecciones para el 29 de noviembre. La influencia de las campañas internacionales y las redes sociales en la política moderna es cada vez más fuerte, con campañas que trascienden fronteras y utilizan tecnologías para movilizar a la gente.

El ciclo de descontento y las expectativas rotas

Hoy, hay un fuerte malestar con los gobernantes. Antes, tener el control del gobierno era casi invencible, pero ahora esa ventaja se está perdiendo. La revolución tecnológica y la velocidad con la que cambian las expectativas sociales hacen que las instituciones democráticas no puedan responder a tiempo. Por eso, un 69% de la población siente que sus gobiernos no representan sus intereses adecuados. La impaciencia crece, y los líderes que prometieron cambios rápidos enfrentan serios desafíos. Ejemplos claros son figuras como Trump, Bolsonaro y Milei, que llegaron con discursos anti sistema y promesas de soluciones inmediatas. Pero si la tecnología puede resolver tareas en segundos, ¿por qué los políticos no logran responder igual de rápido a los problemas?

¿Qué busca Milei y qué pasa con la política local?

El discurso de Javier Milei apunta a un 2027 en el que la elección se divide entre seguir con su «modelo de prosperidad» o volver a un pasado que él califica de decadente. La estrategia parece centrarse en movilizar emociones y activar sentimientos, en lugar de ampliar su base de apoyo a través de propuestas concretas. En las redes sociales, se nota un enfoque en movilizar y activar a sus seguidores, en especial usando temas polémicos que generan rechazo y división.

El desafío del gobierno y la economía

Mientras tanto, en los despachos oficiales, la preocupación principal sigue siendo la economía. La recuperación aún no llega y los pronósticos son ajustados. La administración actual busca mantener cierta estabilidad, aunque enfrenta conflictos internos y un escenario político cada vez más polarizado. La oposición no se queda atrás y busca aprovechar la situación para movilizar a sus bases, incluso usando temas marginales para generar rechazo y movilizar sentimientos.

En definitiva, Argentina atraviesa un momento de gran incertidumbre y malestar, donde las expectativas parecen cada vez más lejanas y la confianza en los políticos, en baja. La historia reciente muestra que la paciencia tiene un límite, y que los cambios rápidos o las promesas de soluciones mágicas no siempre logran resolver los problemas de fondo.