¿Qué pasa en el mundo del kirchnerismo? 💥

Lo que parecía una unión sólida en el kirchnerismo, esa corriente que siempre responde ciegamente a Cristina Kirchner y a La Cámpora, se transformó en una pelea interna que no deja de sumar capítulos. Antes, Axel Kicillof era visto como un referente y un aliado clave. Ahora, en algunos sectores del oficialismo, su figura pasó de ser admirada a ser criticada y, en ciertos casos, calificada de traidor.

De la admiración al rechazo 🎭

En el pasado, Axel Kicillof generaba entusiasmo en ese universo que respeta las decisiones de Cristina y el núcleo duro del kirchnerismo. Sin embargo, en poco más de dos años, esa percepción cambió radicalmente. Ahora, algunos de sus antiguos aliados lo señalan con dureza, y las críticas se multiplican desde diferentes frentes. La principal razón: su decisión de no alinearse con las exigencias del sector más duro del kirchnerismo, liderado por Máximo Kirchner y La Cámpora.

En el ámbito interno, Facundo Tignanelli, un referente de La Cámpora y mano derecha de Máximo Kirchner en la Cámara de Diputados provincial, expresó que desde que Kicillof tomó distancia de Cristina, las cosas le fueron peor a la gente. Además, remató con una referencia fuerte a la historia del peronismo, diciendo que sus abuelos lucharon por un regreso de Perón, no por un peronismo sin Perón, en alusión a las diferencias internas dentro del movimiento.

Los ataques y las señales de tensión 🚧

El enfrentamiento no es solo en público. En las redes y en las conversaciones privadas, las palabras también son duras. Mayra Mendoza, otra camporista y diputada, disparó contra los que buscan ser candidatos en nombre del peronismo, diciendo que les falta lo que Cristina Kirchner sí tiene: coraje. Por su parte, Oscar Parrilli, otro referente cercano a Cristina, calificó a Kicillof de «ingrato» y Máximo Kirchner no se quedó atrás, criticando a quienes hablan de unidad pero no visitan a Cristina en su domicilio, donde cumple una condena por corrupción.

Lo más llamativo es que Kicillof lleva tiempo sin visitar a Cristina, lo que en el entorno del cristinismo se interpreta como una señal de distancia. La ex presidenta, además, ha advertido a los intendentes de la Provincia que, si lo traicionaron a ella, no deben esperar lealtad de otros. La tensión crece, y las diferencias parecen profundizarse en medio de la incertidumbre sobre los próximos pasos políticos.

¿Y las elecciones? ¿Qué papel juega Kicillof? 🔮

Uno de los puntos clave en esta disputa es la estrategia electoral. Cristina y sus aliados están convencidos de que la pelea se va a definir en 2024, y que la posible traición de Kicillof en las elecciones provinciales del año que viene sería parte de esa jugada. Sin embargo, desde La Plata aseguran que esa narrativa es solo una construcción y que, en realidad, no hay un plan explícito para que la elección bonaerense sea una trampa contra Kicillof o Cristina.

Lo cierto es que, en la práctica, el gobernador decidió no seguir el mismo camino que otros en el kirchnerismo y optó por una estrategia más centrada en la gestión. En lugar de devolver golpes, prefieren mantener la calma y seguir trabajando en la administración, dejando que las tensiones internas se expresen en privado.

El poder y la resistencia 💪

Desde el oficialismo provincial, resisten la idea de que su lucha sea solo interna. En La Plata, dicen que no mezclan gestión con peleas internas y que los ministros y funcionarios responden directamente a Kicillof, no a otros sectores del kirchnerismo. Además, rechazan la idea de que la elección del año pasado y la situación judicial de Cristina tengan alguna relación directa con la estrategia de la provincia.

Por ahora, en la provincia, la prioridad es mantener el foco en la gestión y en la construcción de una alternativa que pueda ganar en 2023. La disputa, en definitiva, se da en dos niveles: uno público, con declaraciones y cruces, y otro más estratégico, donde la resistencia y la administración son las piezas claves.

¿Qué sigue? La pelea en silencio y en público 🔍

Mientras en el kirchnerismo duro no dejan de disparar en público, en La Plata prefieren el silencio y las respuestas en off, como una forma de protegerse y de mantener la calma en medio de un escenario cada vez más complejo. La interna sigue latente, y el desafío para Kicillof y su equipo será navegar esta tormenta sin que la disputa afecte su gestión ni los planes electorales que tienen por delante.

¿Será que esta pelea interna terminará fortaleciendo a uno u otro? Lo que parece claro es que, en el mundo del kirchnerismo, la unidad no está garantizada, y las diferencias internas siguen marcando el ritmo de una política en constante cambio.