¿Un amistoso peligroso o solo política? La historia detrás de la suspensión
Todo parecía listo para que Argentina jugara un amistoso en Jerusalén, pero finalmente, ese partido no se llevó a cabo. La razón principal: cuestiones de seguridad y el reclamo de la comunidad palestina que generaron un clima tenso y polémico.
En junio de 2018, la Selección argentina, que en ese momento estaba concentrada en Barcelona, tenía planificado viajar a Jerusalén para enfrentarse con Israel en un amistoso. Sin embargo, en los días previos, las cosas empezaron a complicarse. Un grupo de 30 manifestantes pro palestinos se reunió en las afueras del complejo deportivo Joan Gamper, en Barcelona. Desde allí, lanzaron mensajes y exhibieron banderas y camisetas de Argentina y Messi, todas manchadas con pintura roja que simulaba sangre. Además, usaron un megáfono para expresar su rechazo: «¡No laven la imagen de Israel! ¡Como dijo Maradona, la pelota no se mancha!».
Messi en medio de la tensión ⚽✡️
Lo que parecía un simple evento deportivo se convirtió en una escena cargada de política. La presencia de Messi, uno de los ídolos argentinos, en el centro de la protesta, le dio aún más relevancia. La comunidad palestina y sus representantes pedían que la AFA (Asociación del Fútbol Argentino) no viajara a Jerusalén. La razón: temían que el partido sirviera para blanquear la ocupación israelí en Palestina y, además, amenazaron con quemar camisetas del jugador si el encuentro se realizaba.
El pedido vino del presidente de la Federación Palestina de Fútbol, Jibril Rajoub, quien incluso advirtió que, si Argentina jugaba, habría actos de repudio, como quemar camisetas de Messi. Y no fue solo una advertencia. En 2018, las negociaciones para que el partido se suspendiera se aceleraron, en medio de un contexto internacional complicado. Recordemos que ese mismo año, Estados Unidos, bajo la administración de Donald Trump, había trasladado su embajada a Jerusalén, una decisión que generó rechazo en varias partes del mundo.
¿Qué pasó con Argentina? 🤔
Finalmente, el 5 de junio de 2018, la decisión fue clara: Argentina no viajaría a Jerusalén. La Federación Argentina de Fútbol y los dirigentes del país optaron por suspender el amistoso. La causa principal: la seguridad de los jugadores y el respeto por la situación política en el territorio. Gonzalo Higuaín, uno de los jugadores, expresó que estaban de acuerdo con la decisión, asegurando que lo prioritario era cuidarse y mantener la paz.
El presidente de la AFA, Claudio Tapia, explicó en ese momento que la decisión fue tomada por las amenazas y las acciones de rechazo que se estaban viviendo en Barcelona. En un breve mensaje, pidió disculpas a la comunidad israelí y a los argentinos que tenían entradas para el partido, y explicó que la prioridad era la integridad de todos los involucrados.
Un toque de humor en medio del caos 😂
Mientras tanto, en las redes sociales, un club de fútbol llamado Sacachispas, conocido por su humor, hizo una broma sobre la cancelación del amistoso. En su cuenta de Twitter, publicaron: “¿Se cayó el amistoso con Israel? @Argentina #Sacachispas está disponible. Tenemos el pasaporte listo, por las dudas”. La publicación causó buena onda entre los seguidores, que entendieron el tono divertido del comentario.
¿Y después qué pasó? La vuelta a los campos
Luego de la suspensión, las negociaciones continuaron. Argentina y Israel intentaron reprogramar el amistoso, pero las tensiones y el clima hostil hicieron que todo se retrasara. Finalmente, en noviembre de 2019, Argentina y Uruguay jugaron un amistoso en Tel Aviv, que terminó en un empate 2-2 con goles de Messi, Agüero, Cavani y Suárez. En esa ocasión, ya con Lionel Scaloni como nuevo entrenador, la selección argentina pudo volver a jugar en Israel, pero sin la presencia de Sampaoli y con un contexto diferente.
La política y el deporte, una mezcla que no siempre funciona
Este episodio muestra cómo los temas políticos y de derechos humanos pueden complicar incluso un simple partido de fútbol. La tensión entre las naciones, las protestas y las decisiones de los dirigentes deportivos ponen en jaque la idea de que los deportes son solo un juego. A veces, la política se cuela en la cancha, generando debates y decisiones que trascienden el deporte mismo.




