Una vida marcada por la música y las historias de resiliencia 🎶

Desde hace unos años, en la avenida Corrientes, hay una figura que empezó a convertirse en parte del paisaje nocturno, pero que pocos conocían en profundidad: Cecilia Encina, una mujer de 53 años que cada fin de semana sube a un tren en Guernica, viaja cerca de una hora y media y llega a su rincón favorito frente al Paseo La Plaza, justo frente al Teatro Alvear.

Su escenario no es un teatro ni un estudio de grabación, sino una pequeña banqueta blanca en la vereda. Ahí, con su guitarra en mano y un atril delante, canta folclore, chamamé y zambas, mezclando sonidos que parecen transportarnos a otra época, a otra Argentina. Pero su historia no empezó en la calle, sino en una familia artística, y con una vida llena de obstáculos que logró convertir en fuerza.

De la pobreza a los escenarios: su historia de lucha 💪

Cecilia nació en Guernica, el 22 de noviembre, un día que tiene un significado especial para los músicos, ya que coincide con Santa Cecilia, patrona de los artistas. Hija de Coco Encina, un acordeonista chamamecero, y de una madre que también participaba del mundo artístico, su infancia estuvo lejos de ser sencilla. La familia era numerosa: eran doce hermanos, y el único sostén económico era su papá, que trabajaba en el puerto de Buenos Aires como sereno de barcos, intentando mantener viva su pasión por la música.

A los pocos meses de nacida, Cecilia fue entregada a su tía Sarita, porque su mamá debía cuidar de otro de sus hijos con problemas de salud. La tía fue quien le regaló su primera guitarra y quien le transmitió la confianza que necesitaba para seguir adelante. Desde pequeña, Cecilia aprendió a tocarla y a cantar, copiando letras y practicando en secreto, sin clases ni apoyos formales.

La pérdida de sus padres fue un golpe duro. A los 14 años, quedó huérfana de ambos, y su hermana mayor tuvo que hacerse cargo de los hermanos menores. Cecilia empezó a trabajar en diferentes oficios: fue cadeta, recepcionista, cajera y hasta jugó al fútbol en la primera de Racing hasta los 28 años, cuando una lesión en los ligamentos la obligó a dejar esa pasión deportiva.

Su espacio en el subte y la transformación 🚇🎸

Pero donde realmente encontró su lugar fue en la estación Pasteur de la línea B del subte. Durante 17 años, esa estación fue mucho más que un punto de paso: fue su refugio, su escenario y su familia. La música la acompañaba en sus momentos más difíciles y le permitió conocer a muchas personas que hoy todavía la acompañan.

Su rutina cambió en 2019, cuando las autoridades decidieron sacarla del interior del subte. Aunque esa fue una pérdida, Cecilia no dejó de cantar. Desde entonces, su escenario ahora es la calle, en Corrientes, donde recibe a quienes pasan por su lado, algunos con sus propias banquetas o simplemente parando unos minutos para escucharla.

Su estilo, siempre cercano y auténtico, y su voz, que ya era conocida en el barrio, lograron que en 2023 su historia diera un giro inesperado. Todo empezó con un video que la muestra cantando en la calle, y que se viralizó rápidamente en redes sociales. Carmen Barbieri, una reconocida conductora, fue quien la descubrió y la invitó a participar en su programa en vivo, el 25 de mayo.

En esa oportunidad, Cecilia interpretó una zamba llamada Merceditas, y su talento fue tan genuino que todos en el estudio la acompañaron con palmas. La repercusión fue inmediata. Mensajes, llamadas, y miles de personas que por primera vez le pusieron nombre a esa voz que escuchaban en la calle. Sin dudas, su vida cambió en un abrir y cerrar de ojos.

De la calle a la tele y el reconocimiento 🌟

Después del programa, Cecilia no solo fue noticia en las redes, sino que también comenzó a ser vista por más medios y a recibir entrevistas. Ella misma reconoce que no se lo esperaba: “Del viernes, el día del video, hasta el lunes mi vida cambió. No lo puedo creer”, cuenta con una sonrisa llena de sorpresa. Pero, a pesar del impacto, ella sigue con su rutina, tocando en la calle, en Corrientes, donde ya muchas personas la reconocen y la saludan.

Su historia no es solo la de una artista callejera, sino la de alguien que enfrentó duelos, pobreza y obstáculos, y que encontró en la música un refugio y una forma de seguir luchando. Cecilia siempre dice que su música es su terapia, y que cada canción que canta la ayuda a seguir adelante.

Su guitarra, que lleva más de 20 años, tiene un dije de la Virgen de Guadalupe, símbolo de su fe y protección en momentos difíciles. Ella misma confiesa que la fe ha sido un pilar en su vida, y que en su nombre, Cecilia del Carmen, lleva esa protección que le dio su historia y su destino.

¿Qué sigue para Cecilia? 🎯

Con las entrevistas, la televisión y el reconocimiento, Cecilia sigue soñando con algo simple: tener una casa propia junto a su pareja, Mariana, sus cinco perros y, por supuesto, su guitarra. Para ella, la música nunca fue una carrera desde la ambición, sino una necesidad emocional que la salva en cada paso del camino.

Su historia es un ejemplo de cómo la música puede ser un refugio y una forma de resistencia, y cómo, a veces, las historias más poderosas nacen en las calles y en los corazones de quienes nunca dejan de luchar por sus sueños.