El consumo de yerba mate cae por segundo año consecutivo 🚶♂️☕
La yerba mate, uno de los símbolos más tradicionales y populares del país, mostró una baja en sus ventas durante el primer trimestre de 2026. Según los datos, las salidas desde los molinos hacia supermercados, hipermercados y centros de distribución disminuyeron un 2,1% en comparación con el mismo período del año pasado. Esto significa que, aunque la cosecha fue mayor, menos gente compró yerba en los últimos meses.
En números, entre enero y marzo, se procesaron aproximadamente 80.8 millones de kilogramos de yerba verde, frente a los más de 65 millones del año anterior. La oferta creció, pero la demanda se contrajo, lo que refleja un cambio en cómo y cuánto consume la población. La tradición que atraviesa clases sociales, regiones y generaciones parece estar enfrentando un momento de ajuste en sus hábitos.
El vino logra mantenerse, aunque con cambios 🥂
Mientras que la yerba y la carne mostraron retroceso en sus ventas, el vino logró cerrar el trimestre con números positivos. Desde enero hasta marzo, se vendieron más de 166 millones de litros, con un crecimiento leve del 1,5% respecto al año pasado. Lo interesante es que en marzo las ventas aumentaron un 8,4%, alcanzando los 60.3 millones de litros, lo que ayudó a compensar un comienzo de año más flojo.
El consumo de vino también mostró cambios en las preferencias. La mayoría de las ventas fueron de vino sin mención varietal, que representó casi el 73% del total, y que además tuvo un aumento del 5,8%. En contraste, los varietales bajaron un 10%. Además, la forma en que se consume vino también cambió: las botellas siguen siendo el envase preferido, pero los formatos más económicos como el tetra brik y el bag in box ganaron terreno, mientras que las damajuanas cayeron casi un 28%. Todo esto indica que las personas están buscando opciones más accesibles y racionalizando sus gastos.
El asado, la carne que más sufrió 🥩🔥
El golpe más duro fue para la carne vacuna. El consumo interno de carne con hueso bajó un 10% en el primer trimestre, con unas 56.600 toneladas menos en comparación con el año pasado. La cantidad de carne consumida pasó de unas 569 mil toneladas a 512 mil, un descenso importante que refleja tanto la menor producción como el aumento de precios.
¿Qué causó esto? La combinación de sequías, inundaciones y menor oferta de hacienda llevó a una reducción en la cantidad de animales disponibles para faena. Como resultado, el precio de la carne en pie alcanzó niveles récord en los últimos quince años, impactando en los precios finales en carnicerías y supermercados. Los cortes más populares, como el asado, subieron casi un 69% en un año, y otros como la paleta y el cuadril también tuvieron incrementos significativos.
¿Qué significa todo esto? 💡
Estos números muestran una realidad que va más allá de las cifras. La caída en las ventas de yerba y carne, y la estabilidad relativa del vino, reflejan cambios en los hábitos y prioridades de consumo. La gente, ante los costos y la situación económica, está siendo más cuidadosa con lo que compra y, en algunos casos, opta por alternativas más económicas.
Lo que está en juego no solo son productos, sino también tradiciones que forman parte de la cultura argentina. El mate, el vino y el asado representan mucho más que un simple consumo: son símbolos de identidad y reuniones sociales. Cuando estos pilares muestran signos de debilidad, es posible que estemos frente a una transformación más profunda en cómo vivimos y compartimos en comunidad.
¿Qué nos dice esto del futuro?
Los datos del primer trimestre dejan claro que la economía y la cultura están en movimiento. La yerba mate, con su caída moderada, y el vino, que logró mantenerse, reflejan diferentes formas de adaptarse. Pero el asado, que suele ser un símbolo de celebración y encuentro, muestra cómo los cambios económicos pueden afectar incluso las tradiciones más arraigadas.
En definitiva, estos números no solo hablan de consumo, sino también de una Argentina que está en proceso de redefinir sus hábitos y su identidad en un contexto de desafíos económicos y climáticos.




