¡Alerta en el mundo de la moda y el ambiente!
En los primeros ocho meses de 2025, la importación de ropa usada en Argentina se multiplicó por más de 40 en comparación con todo 2024. ¿El motivo? Un fenómeno que despierta preocupación y que marca un cambio importante en cómo llega la ropa al país.
¿De dónde viene toda esa ropa?
La mayoría de las prendas llegan desde Estados Unidos, ya que allá está prohibido incinerarlas por regulaciones ambientales. Como no pueden quemarlas, los países limítrofes y otros lugares las envían en grandes fardos, que en Argentina se venden en las calles y ferias. Estos paquetes pueden tener entre 25 y 50 kilos de ropa y, en algunos casos, contienen prendas que otros países han descartado por su estado o porque simplemente no quieren tenerlas más.
¿Qué riesgos trae esta avalancha de ropa usada?
El crecimiento de estas importaciones no solo tiene que ver con economía y consumo, sino también con el medio ambiente. Los industriales argentinos advierten que esta práctica puede ser muy dañina. Un ejemplo claro es el desierto de Atacama, en Chile, conocido como «el basural del mundo». Allí, se acumulan toneladas de ropa desechada, en su mayoría provenientes de otros países, que termina contaminando y afectando la biodiversidad del lugar.
Un fenómeno que rompe con las leyes antiguas 🚫👗
Hace años, importar ropa usada estaba prohibido en Argentina desde 1999, y las regulaciones se endurecieron con decretos en 2017, que vencieron en 2022. Sin embargo, ahora no hay ninguna restricción vigente, y la importación de estas prendas se ha disparado. La razón principal es que en EE.UU. no dejan incinerar la ropa desechada, por lo que terminan enviándola a otros países, incluyendo Argentina.
El boom de las compras online y ferias
Mientras tanto, las compras por internet siguen creciendo a pasos agigantados. En octubre, las plataformas como Shein y Temu tuvieron un aumento cercano al 290% en las compras en Argentina, según datos de Analytica. La tendencia no solo se ve en las plataformas digitales, sino también en ferias como La Salada, donde productos chinos y de otras partes del mundo ingresan sin pagar impuestos y se venden en grandes cantidades.
¿Qué piden los empresarios del sector?
Los dueños de fábricas textiles nacionales están enojados y preocupados. Piden que el Gobierno tome medidas para que la competencia sea más justa. Quieren menos impuestos, infraestructura adecuada y un tipo de cambio más realista. Además, señalan que hay inconsistencias en las leyes arancelarias: por ejemplo, el poliéster, que se importa con un arancel del 6%, tiene una materia prima que paga el doble para ingresar al país.
¿Cómo afecta esto a las empresas argentinas?
Empresarios como Luciano Galfione, que tiene una fábrica con 140 empleados, están atravesando momentos complicados. Él cuenta que solo están usando el 20% de su capacidad instalada porque la caída en las ventas, tanto de productos nacionales como importados, los deja en una situación muy difícil. La industria textil local pide ayuda para poder competir en igualdad de condiciones y salvar sus empleos.
¿Qué se puede esperar para el futuro?
El aumento en las importaciones de ropa usada y el crecimiento de las compras online muestran que estas tendencias no van a desaparecer pronto. La problemática plantea un desafío para el Estado y la industria, que deben encontrar un equilibrio entre el consumo, el medio ambiente y la protección de las empresas nacionales.
Por ahora, lo que está claro es que la ropa que llega en estos fardos y que se comercializa en ferias y plataformas digitales refleja un cambio en los patrones de consumo y en las políticas que, en el pasado, estaban más reguladas. La pregunta sigue en el aire: ¿cómo se puede cuidar el ambiente y apoyar a la industria local al mismo tiempo?




