¡Una noticia que no termina de aliviar!

En abril, la inflación mostró un leve freno, con un aumento del 2,6%, menos que en meses anteriores. Pero ojo, eso no significa que las cosas mejoren para la mayoría de las familias. La realidad es que el gasto sigue siendo alto y los ingresos, cada vez más bajos, obligan a muchos a apelar a créditos, ayudas del Estado y a hacer malabares para poder cubrir lo básico.

¿Qué nos dice la inflación?

El Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE) señala que, aunque la inflación bajó 0,7 puntos respecto a marzo, la causa principal fue una menor presión en algunos rubros, como educación, tarifas de servicios y alimentos. Pero esto no significa una mejora estructural en la economía. En realidad, la caída en el consumo está haciendo que menos gente compre alimentos y productos esenciales, lo que a largo plazo puede empeorar aún más la situación social.

En lo que va del año, la inflación acumulada ya está en 12,1%, una cifra que supera lo previsto en el presupuesto oficial. La Canasta Básica Total, que mide cuánto necesita un hogar para no caer en la pobreza, se ubicó en casi 1.9 millones de pesos para una familia de cuatro. La Canasta Básica Alimentaria, que marca la línea de indigencia, alcanzó más de un millón de pesos. Ambas cifras subieron en abril, en un 2,1% y un 13,9% en lo que va del año, respectivamente.

La crisis golpea fuerte en los hogares 🏚️

Según una encuesta del IETSE, más de la mitad de las familias argentinas no pudo cubrir sus necesidades alimentarias en abril. Es decir, más del 56% no logró comprar toda la comida que necesita para un mes. Para quienes sí lograron comprar, la mayoría, el 71,4%, tuvo que recibir ayuda del Estado, a través de programas como la Asignación Universal por Hijo o ayudas alimentarias.

La situación se pone más dura aún: uno de cada diez hogares redujo su alimentación a una sola comida al día o atravesó momentos de hambre. Además, el 21,5% se quedó sin alimentos en algún momento del mes, y un 32,1% sintió hambre pero no pudo satisfacer esa necesidad. La mayoría de las familias, el 52,8%, empezó a recortar las comidas, eliminando principalmente la cena para poder estirar la plata.

El préstamo como refugio 💳

Para mantener el consumo básico, casi la mitad de los hogares tuvieron que endeudarse. El 88% recurrió a créditos, compras a plazo o préstamos para comprar alimentos y otros gastos esenciales. Pero ojo, esta estrategia empieza a saturarse: las tarjetas están llegando a su límite, aumentan los pagos mínimos y crecen los casos de morosidad.

Por otro lado, el comercio minorista de alimentos también muestra signos de debilidad: en abril, las ventas cayeron un 8,5% en volumen comparado con el mismo mes del año pasado. Esto indica que, aunque los precios suben, las familias están comprando menos cantidad de productos, lo que afecta a los pequeños comercios y a las unidades productivas más vulnerables.

Los salarios en caída libre 📉

El panorama se complica aún más si tenemos en cuenta que los salarios formales —tanto en el sector público como en el privado— perdieron casi un 9% de su poder adquisitivo entre noviembre de 2023 y febrero de 2024. Se espera que en marzo esa cifra siga bajando, debido a la inflación y a que los aumentos salariales todavía no alcanzan a cubrir la subida de precios.

Todo esto crea un círculo vicioso: la inflación persistente y los salarios bajos empobrecen a la población y reducen aún más el consumo, lo que golpea a los comercios y a la economía en general. La sensación que deja el informe del IETSE es clara: la idea de que la economía se está estabilizando no cuadra con la realidad social. La desaceleración inflacionaria no trae alivio, sino que convive con una recesión, un aumento en el endeudamiento y una fragilidad social que sigue creciendo.

En definitiva, la crisis social y económica en Argentina sigue siendo un desafío gigante. La inflación, que parecía estar bajando, no logra traducirse en mejoras reales para quienes más necesitan. La lucha por mantener la dignidad y el acceso a lo básico sigue en marcha, con un panorama que aún parece complejo y difícil de revertir en el corto plazo.